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33 Razones para volver a verte

 Sinopsis del libro 

Rachel, Jason y Luke se conocieron a los 7 anos y, desde ese instante, fueron inseparables. No había nada que pudiera romper su amistad, ni tan siquiera el violento padrastro de Mike. No obstante, en el momento en que un día el aparece en la casa de Rachel en

plena madrugada con 33 Razones para volver a verte pdf  el semblante contusionado, los dos se dejan llevar por esa atraccion que siempre y en todo momento ha estado ahí. Mas después de esa noche, lo impensable sucedera y la realidad golpeara fuertemente a Rachel en el momento en que un tragico acontencimiento sacuda su vida y, además, descubra que Mike la ha traicionado.

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A partir de entonces, los 4 tomaran caminos separados. Anos pero tarde, Rachel vive con su gato Mantequilla y ha alterado mucho. Ya no existe ningún semejante entre la chavala inocente que un día fue y la joven hosca y desconfiada en la que se ha transformado. Mike, la persona que pero deseó, le enseno una leccion que no piensa olvidar.

Por eso, cuando esta a punto de ser desahuciada de su piso de alquiler y se tropieza nuevamente con esos 3 chicos que marcaron su niñez y su adolescencia, lo último que quiere es dejarse persuadir para irse a vivir con ellos. Es verdad que no ha dejado de echar de menos a Jason y Luke, mas que ocurrira con Mike? Podria llegar a disculparle? Existe la posibilidad de recobrar su amistad? Y lo pero esencial, es capaz de no volver a enamorarse de ese muchacho de ojos grises que le rompio el corazon una vez?.


Ficha técnica del  libro

  • Título: 33 Razones para volver a verte
    Autores: Alice Kellen
    Tamaño: 1.29MB
    Nº de páginas: 378
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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Apoyó un codo sobre la mesa—. ¿Piensas que soy medio tonta o bien algo de esta manera? Cuando creo que ya no puedes
sorprenderme más…
—Lo único que creo es que no conoces bien la zona. Eso es todo. —La miró con curiosidad—. ¿Cuántos quilómetros corres?, ¿2?, ¿3? ¿Y si
te distancias demasiado y después no sabes volver?
—Diez. Mínimo diez.
—¿Diez?
—Eso he dicho.
—Hum… —Mike la miró de arriba abajo, repasando las curvas de su cuerpo y logrando que se encogiera un tanto sobre sí misma—. Suena
interesante. Eso explica muchas cosas… —aprobó tras el escrutinio.
Rachel dejó escapar un bufido. No comprendía que tras todo prosiguiese comportándose de una manera tan audaz, tal y como si aún tuviese
derecho a mirarla de esa manera, de esa manera tan intenso y tan… tan desconcertante. Ya no eran ni tan siquiera amigos. Ahora no eran nada.
Por su culpa. Él lo había roto todo.

Se levantó de la silla y dejó el plato en la pila. Se inclinó para buscar el jabón y, de paso, procuró recuperar la calma. Para mayor escarnio, en
ese instante Mantequilla entró en la cocina con una calma asombrosa, tal y como si se hubiera criado en aquella enorme casa, y fue directo hacia
Mike. Levantó sus patitas y las puso en el borde de su silla ya antes de producir un agudo maullido.
—Eh, ¡buenos días, colega!
Mike le dio un pedazo de comida y Rachel se viró cabreada, con las manos enjabonadas.
—¡No le des nada!
—¿Por qué razón no?
—¿Es que no lo ves? ¡Está gordito!
Enjuagó el plato con agua y lo dejó escurriéndose. Se secó las manos con un harapo.
—¿Y eso te sorprende? —Mike se levantó—. Lleva por nombre Mantequilla, ¿qué aguardabas? No sé de qué forma se te ocurrió ponerle ese nombre. Pobre
animal.
—Es mi gato. Mío. Llevo tiempo procurando que coma solo pienso light y deseo que prosiga siendo de esta manera. Y ahora, como te he dicho, tengo muchas
cosas que…

—¿Tu gato? —interrumpió—. Puesto que deberías observarlo más. Que sepas que el día de hoy se ha escapado para dormir conmigo.
Rachel fingió no alterarse, si bien le dirigió al felino una mirada dolida. 3 años cuidándolo, mudando su caja de arena y dejándose el
sueldo en gominolas de marca para terminar retribuida con dos raspones toda vez que pisaban el veterinario y prefiriendo dormir con su
archienemigo ya antes que con ella. Bien. Su próxima mascota sería un cánido. Un cánido leal y obediente.

—Lo que afirmes —gruñó.
Salió de la cocina cabreada con los dos y se encerró en su habitación. Mientras que el computador se encendía, sacó la ropa que acostumbraba a emplear para
hacer deporte y la dejó sobre la cama; unas mallas negras y una camiseta de un color naranja fluorescente, a juego con las zapatillas.
En una de las varias libretas que acostumbraba a coleccionar escribió las labores pendientes que debía efectuar con el computador. Se centró en ello e
intentó de esta manera olvidar que, apenas a unos metros de distancia, se hallaba la persona que más conseguía desconcertarla y echar por tierra todas y cada una sus
defensas. Debía salir pronto de aquella casa si pretendía preservar íntegro su corazón (y la cordura). Por el hecho de que pese a todo, pese a que pudiese
llegar a mostrarse afable o bien respetuosa con él, tenía claro que no dejaría que volviera a hacerle daño.

Dudó, pensando en que tal vez lo más lógico sería llamar, mas como no deseaba incordiarlo en el caso de que estuviera enseñando una
casa, por último se puso a teclear.
Para Jason Brown, de Rachel Makencie, a las 10:03 a.m.
Siento incorporar más labores a tu lista de trabajo, mas deseaba recordarte que prometiste asistirme a localizar piso. Tal vez podrías
enseñarme algo la semana próxima.

Y, a propósito, hablando de localizar cosas, ayer por la noche estuve buscando qué películas podríamos ver y
me pareció interesante la última de Hirokazu Koreeda, mas entonces caí en la cuenta de que no sabía si l33 Razones para volver a verte epub a habrías visto, ¡ya no llevamos el
mismo recuento!
Hasta esta noche.
Besos, Rachel.


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