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Al resguardo de la noche

Genero: Historia

 Sinopsis del libro 

Para los amantes de la ficción histórica, la acción, el suspense, las aventuras y el misterio.

Unos hombres sufridos y abnegados; unos héroes Al resguardo de la noche pdf olvidados por prácticamente todos: los carabineros españoles.

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Año 1929.
El carabinero Guerrero y su compañero Hermida son integrantes de la Compañía de Carabineros de Celanova, bajo las órdenes del capitán Ferreiro, en la provincia de Ourense (España). Se dedican a combatir el tráfico de tabaco y otros productos que entran ilegalmente desde Portugal.

Pero algo considerablemente más grave los tendrá ocupados a lo largo de un tiempo: Cabanillas, un viejo contrabandista capturado por Guerrero dieciséis años ya antes y liberado últimamente de cárcel, con la ayuda Acevedo, capitán de un navío mercante portugués, se dispone a traer un alijo de opio desde la India y también introducirlo en España por Ourense. Una forma de lucrarse y al tiempo procurar vengarse de su raptor.
¿Lo conseguirá


Ficha técnica del libro

  • Title: Al resguardo de la noche
    Authors: Antonio Orozco Guerrero
    Size: 0.78MB
    Nº de páginas: 253
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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—Le confieso que me dejé llevar por la ira. Cuando desperté después de
haber sido atacado y robado, solo pensé en venir acá y vengarme. Después,
durante el viaje, me lo pensé mejor.
—¿Y sus superiores? No me ha respondido a el interrogante sobre si les
comunicó sus pretensiones.

—No. Ya le digo que fue un rapto. Deseaba llegar ya antes que el navío con
el opio y creí que no tenía tiempo que perder. Eso sí, pienso presentarme ante
ellos en España y darles todo género de explicaciones.
—Eso está bien. No obstante, todo esto me…, ¿de qué forma afirman , los
españoles?, me chirría un tanto.
—Solo le he dicho la verdad.
—Por otro lado, no me ha explicado de qué forma sabe que Cabanillas usó
su dinero para adquirir opio ni de qué forma se ha enterado de que viene
en O bien Terror 2 Mares. Ni en qué momento se enteró de que el capitán del navío era
cómplice de Cabanillas. Lo que le decía: que existen muchas cosas que no me
cuadran en esta historia.

Páez se queda un rato sin saber qué responder. Estaba preparado minutos
antes a decir toda la verdad y ahora ve que su cambio de pretensiones no le está
saliendo demasiado bien. Por no decir que le sale bastante mal.
—Es una larga historia. La cuestión es que la navajada, si bien está casi
curada, no me tiene muy centrado. Me dan mareos y…
—Ya, ya. Bien. Lo esencial es que el caso se marcha a solucionar gracias a
usted. No hay nada más que aguardar a que llegue el navío y que nos acompañe
para reconocer a los 2 maleantes.

—¡Mas no puedo hacer eso! Cabanillas piensa que estoy muerto; si me
ve ahora, después o bien más temprano se vengará de mi delación y terminará
definitivamente con mi vida.
—Vamos a hacer una cosa. Usted asegura que Oporto es solo una escala y
que el delito se consumará en España, específicamente en la provincia de Ourense,
¿no es de esta manera?
—Sí. Seguro.

—Pues pediré a mis superiores que se pongan en contacto con las
autoridades españolas. Mientras que llega O bien Terror 2 Mares y la contestación desde
España, se va a quedar en nuestras dependencias.
—¡De qué forma! ¿Estoy detenido?
—Nada de eso, padre. Por lo menos por el momento. Afirmemos que está tan
solo retenido. Como es natural, va a ser tratado como merece su condición de sacerdote.
Aunque debo advertirle que a la República Portuguesa le importan bien poco los
fueros eclesiásticos. Quizás tenga suerte por su condición de de España.
—Está hablando tal y como si fuera culpable de algo.
—En absoluto. Mas tengo el deber de explicarle su situación con la mayor
franqueza posible.
LA CORUÑA
El viejo vehículo Graham-Paige, llega al puerto de A Coruña a las seis
de la tarde. Delante, al lado del capitán Ferreiro, va sentado Guerrero.
La Comandancia de Carabineros de A Coruña tiene un despacho dentro
del puerto y otro en la urbe. Mas el comandante Fernández prefiere estar en el
puerto «a pie de obra», como acostumbra a decir.
Junto a la entrada al puerto, en una casilla de madera, un carabinero de
servicio, con su guerrera de 4 bolsillos, sus pantalones planchados con
cierto esfuerzo, su correaje limpio y su visera de plato, semeja pertenecer a otro
mundo diferente al de los barrizales, brumas, lluvias y sobresaltos nocturnos que
frecuenta Guerrero. El carabinero de guarda se aproxima a la ventana.
—Soy el capitán Ferreiro, de Celanova.
—A sus órdenes, mi capitán. Aparquen entrando a la derecha y aguarden un
momentito.
El carabinero hace virar la manivela de su teléfono de campaña y habla
con alguien. Un comandante, con su uniforme inmaculado y su capa, aparece a
los pocos minutos y saluda a los recién llegados. Es Fernández, el jefe de la
Comandancia de A Coruña.
—¡Hombre, Ferreiro, me alegro de verte! ¿De qué forma andas?
—Peor que , mi comandante, que seguro que vive como un rey acá,
rodeado de papelotes.
—No te creas. No sabes la cantidad de inconvenientes que tenemos acá. Los
cien hombres que tenemos en el puerto, viviendo en un barracón de mala muerte,
no paran de comprobar navíos. Y después están las patrullas por esta costa del
demonio. Y todo para nada. O bien prácticamente nada.
—Pues, cuando desee nos cambiamos. Se viene para Celanova y ya me
dirá de qué forma se apaña con mi Compañía, que no llega ni a los sesenta hombres,
para atajar todo el contrabando que viene desde Portugal. Y si no, acá está
Guerrero para desmentirme.
—Bueno, mejor nos quedamos cada uno de ellos en nuestro lugar, que bastante me
costó ascender para regresar otra vez a capitán. Cuando asciendas ya me contarás
si todo es manejar papelotes o bien hay más cosas.
—No se va a haber molestado. Tampoco quería yo llegar a tanto.
—No te preocupes, que nos conocemos de hace cierto tiempo. Veremos al
subinspector, que nos está aguardando.
El coronel Pazos se halla en el despacho del comandante Fernández
acompañado por un joven Al resguardo de la noche epub vestido de paisano.
—Buenas tardes, señores —comienza el coronel Pazos, subinspector de
Carabineros de Galicia y jefe de la Comandancia de Pontevedra, sede de la
Subinspección—. Primeramente, agradecer al


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