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Amnesia – Federico Axat

Amnesia pdf
Genero: Terror

Amnesia Sinopsis

“Me llamo John Brenner, tengo veintisiete años y soy exalcohólico. La noche del sábado 15 de mayo desperté en el suelo de mi casa sin poder recordar absolutamente nada de las últimas horas. A mi lado había una botella de vodka vacía, una pistola y el cadáver de una chica joven y hermosa que no había visto nunca antes en mi vida.

¿Soy el asesino o alguien llevó a cabo el montaje perfecto? No puedo probarlo, pero creo que me han tendido una trampa. Soy un hombre con una vida simple, divorciado, padre de una niña de cuatro años, y no puedo imaginar quién querría inculparme de un asesinato.
Sin embargo, sé que la respuesta está escondida en algún sitio recóndito de mi mente. Sueño de forma recurrente con esa chica, y en los sueños me guía por el bosque hasta un sitio que parece ser importante para ella.
Al llegar, la chica me repite una y otra vez la misma frase perturbadora: “Has olvidado algo”. Al principio pensé que los sueños no eran más que la expresión de mi subconsciente atormentado, hasta que encontré un extraño artículo en internet:
¿HAS SOÑADO CON LA CHICA DEL VESTIDO AZUL? NO ERES EL ÚNICO”


Ficha técnica

Título: Amnesia (Volumen independiente) (Spanish Edition)
Autores: Federico Axat
Nº de páginas: 573
Idioma: Español
OS: iOs, Android, Windows
Servidores: Google drive, 1Fichier, Zippyshare, y Onedrive

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Nos sentamos, yo en el sofá y Mark en uno de los sillones. La mesilla se
interponía entre nosotros. La botella había dejado en la madera un círculo
húmedo.
—Johnny, intentémoslo de nuevo. Cuéntame todo lo que recuerdas,
empezando por ayer noche, sin omitir nada.
—¿Desde ayer?
—No nos llevará mucho tiempo.
Me resigné.
—Ayer por la tarde fui a casa de Lila, estuvimos un rato allí y decidimos ir a
cenar a Matzuki. Luego vinimos aquí y pasamos la noche juntos.
Lila era la mujer con la que estaba saliendo desde hacía unos meses. Estaba
divorciada, como yo, y tenía un hijo pequeño, Donnie, de un año y medio. Yo
tenía a Jennie, que era un poco mayor que Donnie, pero no lo suficiente como
para no considerarme un padre en proceso de aprendizaje. Era básicamente lo
único que teníamos en común.

—Iba a cortar con ella —sentencié.
—¿Qué sucedió?
—Lo de siempre, durante la cena empezó a hablarme de Donnie, de
problemas con su ex, con su madre, y no quería ser el hijo de puta que corta con
alguien cuando su vida es un caos, así que me dije…, lo haré mañana temprano.
Al final resultó ser aún peor, porque se quedó a dormir aquí y no tenía forma de
irse, así que la llevé a su trabajo en un silencio incómodo. ¿Qué sentido tiene
hablar de esto ahora?
—Lo tiene —sentenció Mark—.

Tú mente necesita centrarse.
—Lila se lo tomó con bastante calma; me preguntó si era algo que tenía
completamente decidido y le dije que sí. Supongo que en el fondo lo imaginaba.
—¿Qué hiciste después de llevarla al trabajo?
—Estuve el resto de la mañana en el estudio, trabajando un poco en unas
ilustraciones.

Lo anterior no era del todo cierto. Sí había estado en mi estudio, y sí había
tenido la intención de trabajar en las ilustraciones de un proyecto que tenía entre
manos, pero nada bueno salía últimamente. Hice algunos bocetos que terminaron
en el cesto de la basura y finalmente desistí. Jugué un poco al póker online,
navegué por internet y así transité el resto de una mañana improductiva. Lo
cierto es que la mayor parte del tiempo había estado pensando en la botella que
tenía escondida en el sótano, pero eso no se lo dije a Mark.
—Comí algo rápido y fui a la tienda de Donovan. Regresé a eso de las tres y
fui al estudio un rato más, quizás una hora. Y a partir de aquí es que tengo la
memoria como un papel en blanco. Me quedé dormido y cuando desperté
encontré a la chica muerta.

Me drogaron, estoy seguro, Mark.
Los ojos penetrantes de mi hermano me atravesaban.

—¡No me mires como si fuera un mentiroso!
Era curioso. Durante años había sido precisamente eso, un jodido mentiroso,
y sin embargo seguía indignándome cada vez que me lo insinuaban.
—Oye, Johnny, sé que has cambiado. Sólo intento hacer las preguntas
incómodas. ¿Qué hay de la pistola de papá?
—Estaba en el suelo cuando desperté. Al regresar… —No pude evitar
ruborizarme—. Estaba guardada en el lugar de siempre.
Mark me miró con la compasión de un adulto que no quiere romperle la
ilusión a un hijo pequeño.

Me agarré la cabeza, la vista puesta en el suelo.
—¿Qué pudo haber pasado?
—Te diré lo que no ha pasado: tú no le has hecho daño a nadie. Mírame.
Levanté la vista. Mark me miraba con ojos penetrantes.
—¿Está claro?
Asentí.
—Tuviste un mal día, a veces la mente nos juega malas pasadas.
Abrí la boca para decir algo pero me contuve.
—No soy un experto, pero podría tratarse de un episodio de alucinaciones
oníricas.
Arrugué la frente.

—No ha sido un sueño.
—Lo sé. Las alucinaciones oníricas tienen lugar durante la vigilia,
básicamente tu mente no distingue entre un estado y otro. El cadáver y la
furgoneta pueden ser fruto de tu imaginación, pero en un contexto real. Conozco
un par de especialistas en Lindon Hill que podrían…
Reí amargamente.
—Joder, Mark…, si eso no ha sido real…, méteme en Juniper Hill.
—No es grave…, y se trata de un hecho aislado. Si vuelve a repetirse, ya
veremos qué hacer. Por el momento trata de no pensar en ello.
—Es más sencillo decirlo que hacerlo.
—Prométeme que me llamarás si sucede algo extraño, cualquier cosa.
—Lo haré.
Mark asintió, pero de repente su expresión cambió, como si se hubiera dado
cuenta de algo. Transcurrieron unos segundos en los que parecía debatirse entre
hablar o quedarse callado.

—¿Qué pasa?
—Cambiemos de tema. Tengo algo que contarte. Estaba esperando a que las
cosas avanzaran un poco, pero…
Mark y Darla no tenían hijos, así que lo primero que pensé fue en algo
relacionado con…
—No es eso —se adelantó Mark—. Es Meditek.
Mi hermano no hablaba mucho de su trabajo, al menos no conmigo, así que
sin duda me lo estaba contando para distraerme.
—Vamos a vender el laboratorio.
Me quedé de piedra.
Que Mark vendiera Meditek era más inverosímil que encontrarse un cadáver
en el salón de casa. Lo primero que se me ocurrió fue que mi hermano podía ser
víctima de una enfermedad terminal, porque de otro modo no se explicaba que
alguien como él se desprendiera de su empresa. Había fundado Meditek con su
amigo Ian Martins; vendieron una patente y ¡bum!, no pararon de crecer desde
entonces. Mark era un apasionado de su trabajo. Incluso demasiado apasionado.
—La realidad es que es algo que venimos analizando con Ian desde hace un
tiempo.

Yo lo observaba con una ceja en alto. A Mark y a Darla les gustaba vivir
bien, tener coches caros y una casa espaciosa, pero el dinero nunca había sido
una prioridad para Mark.
—Me sorprende la decisión. Tienes mi apoyo, por supuesto.
—Gracias, Johnny.
—Con Ian tenemos algunas diferencias respecto a quién es el comprador
ideal, pero llegaremos a buen puerto. Estoy seguro.


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