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Besos de calavera

Genero: Terror

 Sinopsis del libro 

El reino de los calavera ya está en marcha. Dasan Kumar está decidido a exprimirlo al máximo. Y para ello nunca ha creído necesitar el amor. Pero Shia está a punto de poner su mundo patas arriba. La abogada quiere pasar en Nevada una temporada para alejar a sus fantasmas y ayudar a sus amigos. Sin embargo, juntos aprenderán que los fantasmas siempre vuelven y que el deseo y la pasión no tienen por qué ser justos. El thriller erótico más romántico continúa…


Ficha técnica del  libro

  • Título: Besos de calavera  AMOS Y MAZMORRAS XI
    Genero: Terror

    Tamaño: 0.96MB
    Nº de páginas: 250
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive

  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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Dasan hizo un mohín de incomprensión. Sabía la respuesta perfectamente.
—Porque la dominación y la sumisión es un trabajo de confianza absoluta.
Y yo me he decepcionado alguna vez.
El rostro de Shia se relajó. Parecía que podía ver a Dasan un poco mejor.
—Puedes confiar en mí. Sé lo que quiero.
—¿Y prometes que nada de lo que pase en la mazmorra cambiará la
naturaleza de nuestra relación fuera de ella?
—No tiene que cambiar nada —contestó—. Tú lo has dicho. Somos adultos.
Sabemos lo que hay —Shia tragó saliva y se sintió mal por mentir.
—Entonces ¿aceptas mis disculpas? ¿Y me dejas que sea yo quien te
introduzca en ese mundo? ¿Me dejas el honor de ser yo quien te ayude a
encontrarte a ti misma?
Dasan era el hombre que ella quería. El que siempre la atrajo y por el que
siempre sintió fascinación. Por él se interesó por el BDsM. Y gracias a ello
descubrió lo que le sucedía y atendió a su deseo personal que todavía no había
sido cumplido.

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Ahora Dasan se ofrecía para ello. No Derek. Ni Koda. Ni nadie más.
Dasan.
¿Cómo iba a decir que no? No podía perder esa oportunidad. Se quejaba de que él no la veía. Ahora
tenía la posibilidad de que la viera perfectamente, en la intimidad de una mazmorra, con
toda su atención centrada en ella.
Shia no era de esas mujeres que dejaban pasar su momento. No lo hacía
nunca en un juicio. No lo iba a hacer tampoco en su vida real.
Quería aquello. Quería probarlo y ansiaba que fuera él, Dasan, quien le
mostrara su mundo. Aunque, al final, le hiciera daño. Prefería vivir con el
recuerdo de esa aflicción que con la ausencia de ella, porque eso significaría
que nunca estuvo con él.
—Sí. Te perdono. Y sí, hay trato.
La comisura del labio de Dasan se alzó orgullosa. Se sentía victorioso por
aquello y no hacía falta más que verle la cara.
—Maravilloso —asintió—. Gracias.
—De nada —contestó con naturalidad. Era cómico el modo en que
pretendían aceptar con normalidad algo tan surrealista.
—Bien —miró a su alrededor—.

Empezaremos mañana. Pero será bajo mis
reglas —bajó la cabeza de nuevo y la dejó petrificada con el ardor y la dureza
de sus ojos—. Tienes que ponerte en mis manos y confiar en mí.
—¿Mañana? ¿Ya? ¿Tan pronto?
—Sí. ¿Tienes que prepararte mentalmente?
—Eh… bueno, no es lo mismo Derek que tú.
—Conmigo será más fácil —se acercó sonriente, como si fuera su mejor
amigo de toda la vida—. Ya nos conocemos. Aprenderás a obedecerme.
—¿Tú crees?
—No tengo ninguna duda. Hoy estabas lista para entrar en una mazmorra.
Mañana estarás preparada para entrar en la mía.
—Pero… ¿a qué hora? ¿Quieres que lleve algo especial? ¿Hay alguna
sugerencia que deba saber?
La penetrante mirada de Dasan se detuvo en sus labios y los miró con
curiosidad.

—Te enviaré un correo ahora a tu email con algunas instrucciones. Deberás
seguirlas al pie de la letra. Y una vez estemos en la intimidad de la mazmorra,
procederemos.
Shia se ponía nerviosa al oírle hablar así. Parecía un mero trámite para él.
Y a ella, seguramente, la iba a consumir. Pero le daba igual. Seguro que
merecía la pena la experiencia.
—Está bien —dijo convencida.
—Bien —dijo resuelto—. Ahora, me tengo que ir.
Shia desvió la mirada a las bolsas de comida.
—Ahora se me ha abierto el apetito. ¿No quieres cenar aquí? —preguntó.
Esperaba poder hablar algunas cosas más—. ¿Me has traído la cena para que
coma sola?
Él sonrió una disculpa.
—No. Pero mañana va a ser un día importante para ti, y quiero que salga
todo bien. Tienes que descansar.
Vaya. Esa preocupación sí la sorprendió.

—Y yo tengo que prepararme. Tú come bien y no te vayas a dormir muy
tarde —le pidió—. Tienes que estar fuerte para mañana.
Shia frunció el ceño. ¿Se lo parecía o estaba nervioso?
—Eh… de acuerdo —cedió. No le iba a insistir.
—Espera a recibir mi correo. Léelo con atención y mañana nos vemos.
—Sí, señor —dijo con sorna.
El reflejo de Dasan fue lanzarle una mirada reprobatoria.
—Solo soy señor en la mazmorra —remarcó prudentemente—. No fuera de
ella. Fuera de ella solo soy Dasan.
Shia asintió con educación recibiendo la información con agrado.
—Entendido, Dasan.
—Muy bien —la miró atentamente, pensando en cosas que solo él sabía—.
Saldrá bien, Shia. No tienes nada que temer.
—No temo a nada. Te puedo meter entre rejas en un abrir y cerrar de ojos
—soltó sabiendo muy bien lo que decía.


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