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Caras ocultas

 Sinopsis del libro 

Luchando por sobreponerse a la tristeza causada por la muerte de su madre y completamente sola por primera vez en su vida, Felicia Bennington se asusta cuando descubre que han entrado a robar en su apartamento. Su único anhelo es que su vida vuelva a la normalidad. Pero el destino está en su contra. Felicia acusa a su nuevo vecino —Harry Pritchard, ex-policía y el tío más sexy que ha visto nunca—, del robo.

Cuando Harry parecía dispuesto a perdonarle la falsa acusación, el pasado de su madre se interpone, con una citación a juicio que ella no se atreve a ignorar. Harry puede ayudar a Felicia a encontrar a su hermano gemelo, del que no sabía nada, y también al ladrón que invadió su casa. Pero a cambio quiere a Felicia. Puede que el precio sea demasiado alto.

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Ficha técnica del  libro

  • Título: Caras Ocultas
    Autores: Jackie Weger
    Nº de páginas: 529
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

Descargar libro Gratis Caras ocultas – Jackie Weger

Harry, pero no se percibía ningún signo de actividad.
Regresó a la sala de estar y llamó a Zelda.
—No has ido a trabajar hoy.
—Tenía cosas qué hacer.
—¿Qué cosas? ¿Te salió el interludio romántico?
—Casi. Me han invitado a una boda… en Texas. Me ha llamado mi tía
Evelyn. Mi prima se casa. El padrino está soltero.
—¿Te vas a Texas? ¿Así, sin más?
—-No es ‘sin más’. Mi carta dice que voy a hacer un viaje. Lo sé desde
hace semanas. No me echarás de menos, ya tienes a Harry para ocuparse de
ti.
—¿Qué tiene qué ver él con esto?
—Todo. Cuando encuentre al hombre adecuado para mí, ¿crees que
seguiré desahogándome siempre contigo? Por supuesto que no.
—Harry no es adecuado para mí. No hacemos más que peleamos.
—Harry y tú podéis haber estado casados en otra vida. Vuestras
discusiones pueden ser el residuo espiritual de aquello.

—No te he llamado para hablar de Harry ni de vidas pasadas.
—¿Ah, no? ¿Para qué has llamado?
Felicia se mordió la lengua.
—¿Cuándo te marchas?
—Bueno… a las nueve cuarenta de esta noche me parece una buena hora.
Si no, la próxima fecha favorable para viajar es dentro de tres días.
—¿Y qué hay del trabajo?
—Nada. No tengo ningún trabajo extra por el momento. Grady está al
tanto de mis carrozas. Por cierto, llamé a Thea y le di tu dirección. Ella puede
explicarte todo lo que no entiendas de tu carta cuando te la lleve. Pregúntale a
ella por Harry.
—Tienes a Harry metido en la cabeza.
—Y tú también, aunque no quieras reconocerlo. Tengo que acabar de
hacer el equipaje. Te enviaré una postal. Adiós.
Felicia colgó y se acurrucó en el sofá, mirando al techo. Al cabo de un
momento, se levantó y se dirigió a la nevera. Miró el contenido, y no vio
nada que le apeteciera cocinar.

Finalmente, cogió una naranja y fue a sentarse a la escalera de incendios.
El cielo nocturno estaba nublado. Miró a la ventana de Harry. Sólidamente
cerrada.
Cuando se terminó la naranja, fue a lavarse las manos pegajosas.
Hundiéndose más en su ánimo reflexivo, fue a buscar en la guía el número
del cementerio. Cuando el encargado contestó, Felicia imaginó, por su tono
de voz, que había interrumpido su cena.
—Soy Felicia Bennington —le dijo.
—¿Quién?
—Mi madre fue enterrada hace unas semanas en los Wildwood Gardens…
Winifred Bennington.
—Usted ya ha llamado antes.
—Es cierto. Estaba comprobando si, por casualidad, no existe ningún
registro que indique que mi hermano está enterrado allí…
—Si mal no recuerdo, ya le dije que no.
—Err… ¿podría comprobarlo de nuevo? Un recién nacido, de nombre
Thomas Adam Bennington. Los registros tendrían que ser de hace treinta
años.

Treinta o sesenta, da igual. No hay ningún Thomas Adam Bennington,
recién nacido, enterrado en Wildwood, ni en la parcela de su familia… ni en
ningún otro sitio.
Felicia detestaba tener que renunciar a la esperanza, pero no le quedaba
más remedio.
—Siento haberle molestado otra vez. Sólo necesitaba estar segura.
El otro pareció suavizarse.
—Recibimos llamadas así continuamente. Siento lo de su madre, señorita.
Felicia colgó suavemente.
—Yo también —susurró.
Encendió la televisión y se tumbó en el sofá, mientras su mente vagaba y
fantaseaba en tomo al paradero de su misterioso hermano desaparecido. Fue
quedándose adormilada.


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