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Como el agua y el fuego

Genero: Ciencias

 Sinopsis del libro 

Después de mucho tiempo sin volver a casa de su internado, el joven Scott regresa a Gillespie, la imponente mansión familiar, situada en un rincón remoto de Escocia, y descubre que su padre, Angus, ha vuelto a casarse con una mujer francesa, Amélie, que ha traído con ella a sus cuatro hijos.

Dispuesta a marcar su territorio como nueva matriarca, la tensión empieza a crecer en Gillespie, pues el futuro de la empresa familiar, una emblemática y próspera destilería de whisky, está en juego… Solo la llegada inesperada del amor logrará apaciguar los ánimos. ¿O quizá avivarlos aún más?

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Ficha técnica del  libro

  • Título: Como el agua y el fuego (Grandes Novelas) (Spanish Edition)
    Genero: Ciencias

    Tamaño: 1.21MB
    Nº de páginas: 793
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive

  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

Descargar libro Gratis Como el agua y el fuego – Françoise Bourdin

La ráfaga de preguntas pilló desprevenido a John. En ningún momento se
había imaginado dormir en otro sitio que no fuera la casa de su padre. De
hecho, ni siquiera lo había pensado, porque era algo que caía por su propio
peso. Disponía del poco dinero que le había dado Amélie antes de que se
fuera, pero si tenía que correr con los gastos de una habitación de hotel, y los
de todas las comidas, se quedaría muy corto. Había pensado que, con todo lo
que su padre tenía que hacerse perdonar, la reconciliación sería generosa,
pero, para su desgracia, estaba muy equivocado.
—No he hecho ninguna reserva —acabó por confesar con tono lastimero
—. Creía que…
Dejó la frase a medias, demasiado humillado para terminarla.
—Pues me apena mucho, grandullón —murmuró Michael.
Los distrajo el camarero, que les dejó los platos sobre la mesa.
—Pero que no se te pase el hambre por eso. Algo encontraremos. Está
claro que en esta época del año hay mucho turismo, y está todo abarrotado…
Echó mano de una tostada y atacó el foie gras.

—¿No tenías ningún plan? ¿Ninguno en absoluto? —añadió con la boca
llena—. ¿Te has plantado aquí tan pancho?
John clavó en él una mirada dura, sin ninguna indulgencia.
—¡Eres mi padre! Tus mensajes por Facebook eran bastante amables, y el
viaje me has animado a hacerlo tú.
—Hombre, pues claro… Me alegro de verte, y me habría gustado que
vinieras con tus dos hermanos y con Kate, pero es que ahora tengo otra vida.
A veces se tiene que elegir, ya lo irás viendo. Para poder estar con Evelyne,
que por cierto es como se llama mi mujer, tuve que hacer tabla rasa. He
empezado de cero. ¿Lo entiendes?
John no tenía ningunas ganas de entenderlo. Lo que estaba era asqueado.
Ni siquiera Angus, a quien no tenía en la menor consideración, le habría
hecho una jugada así a Scott. Al casarse con Amélie en segundas nupcias no
había renegado de su hijo ni lo había borrado de su vida, sino todo lo
contrario, lo ponía en valor. ¿Era mejor persona Angus que Michael? La idea
resultaba odiosa, inaceptable. Lo peor de todo, sin embargo, era tener que
regresar a Gillespie sin que su propio padre hubiera movido un dedo para
ayudarle. ¿De verdad que no le quedaba ninguna otra solución que seguir
aburriéndose como una ostra en la maldita destilería?
—Evelyne es francesa, como tu madre —siguió explicando Michael como
si tal cosa—. ¡Parece mentira que sean las únicas que me gustan! Es que las
parisinas tienen una clase, un no sé qué, que no se lo encuentras a ninguna
otra mujer. Las inglesas se visten de cualquier manera, y supongo que las
escocesas no serán mejores. ¿Sales con alguien?
—¿A quién quieres que conozca, si aquello es el culo del mundo? —
replicó con rabia John.

—Ah, pues… Dicen que ahora en Glasgow hay mucha vida, mucha
juventud, y que ya no tiene nada de ciudad industrial siniestra. ¿No la
eligieron capital europea de la cultura muy por delante de Edimburgo,
Cambridge o Bath, que partían como favoritas?
—¡Sí, la cultura del whisky y de la cerveza! —soltó John.
—Ahora que hablas de whisky, ¿de verdad que no piensas buscarte un
hueco en las destilerías de tu padrastro? Si tan desastrosos han sido tus
estudios, quizá por ahí se te presente una salida.
—Hablas como mamá.
—Seguro que no se equivoca. Ya sabes que la crisis ha afectado a todo el
mundo.
—¿O sea, que me aconsejas que le haga la pelota a Angus, que me humille
ante su hijo y que me monte la vida en el último rincón de Escocia?
—No, toda la vida no, solo al principio. Por algo hay que empezar. Los
licores destilados se hacen en todas partes. Si aprendes el oficio, tendrás
cartas que jugar y podrás…
John se levantó tan deprisa que su silla se cayó ruidosamente al suelo.
Recogió su bolsa de viaje, lanzó una mirada de desprecio a su padre, que se
quedó sentado, y se alejó dando zancadas hacia una boca de metro.
–¡Su proyecto es ambicioso, pero estoy tan contenta…! —repitió Amélie.
Por una vez que podía elogiar a uno de sus hijos, lo hacía sin reservas.
George había tomado la increíble decisión de matricularse en la Universidad
de Edimburgo, nada menos que en la Business School, la escuela de negocios
más prestigiosa de Escocia. Lo más curioso de todo era que seguía los pasos
de Scott, a quien de hecho había consultado. Después de años de
mediocridad, sus notas habían mejorado de repente. Ahora se desmarcaba de
sus hermanos optando por continuar los estudios.

—Prefiere quedarse en Escocia. ¡Al final le ha tomado el gusto a tu país! Y
te aseguro que no es casualidad que haya pedido plaza en la Business School.
Le interesan mucho tus destilerías, no como a John. Le he visto hacer
preguntas a Scott, leer libros sobre el tema…
—Y probar unas cuantas botellas —dijo irónicamente Angus.
Menos entusiasta que Amélie con el viraje de uno de sus tres hijastros, se
preguntaba cuánto tendría que gastarse en aquella nueva fantasía. De
momento su segunda familia le había salido bastante cara: escuela para
cuatro, cinco bocas más que alimentar, los gastos médicos de Kate —en los
que no había sido nada cicatero—, las locuras decorativas de Amélie, el
coche de John…, y otras mil cosas.

—Pues entonces tendrá que dormir en Edimburgo —concluyó.
Su actitud reservada hizo que Amélie fuera a sentarse en sus rodillas.
—Angus, soy muy consciente de todo lo que haces por mis hijos, pero ya
sabes lo importantes que son para mí. Pronto se independizarán y dejarás de
tenerlos a tu cargo. De hecho es posible que John se quede en Francia. Creo
que le apetece mucho. No le gusta nada el mundo del los negocios, y no se le
puede reprochar. Tampoco le gusta…
—Di mejor lo que le gusta, que tardaremos menos.
—¡Pues, mira, no le gusta mucho Scott! Es lo que insinuabas, ¿no? Claro,
como a tu hijo lo consideras un ángel, y al mío un demonio…
—Ni una cosa ni la otra, pero tampoco se puede negar la evidencia: Scott
lleva muy bien mis negocios.


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