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Como el fuego

 Sinopsis del libro 

Nueva novela para fans de Jennifer Armentrout, con mucho romance y dosis del clásico humor irónico de la autora.

Una conmovedora historia sobre la vida, el amor y la amistad.

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Segunda y esperadísima entrega de la bilogía HIELO, una novela new adult, romántica y muy sexy, con toques de comedia, acción y suspense.

En ocasiones, la vida te quema en las manos. Andrea nunca sabe qué le apetece más, si besar a Tanner o atizarle un puñetazo. Tanner es un chico guapísimo, de mirada soñolienta y cuerpazo de bombero, pero también un ligón de marca mayor. Cuando están juntos, no pueden pasar más de cinco minutos sin discutir.

Hasta ahora. Tanner sabe que Andrea y él mantienen una tempestuosa relación de amor/odio desde el instante en que cruzaron las miradas, pero le gustaría dejar el odio a un lado para concentrarse en el amor. La desea.

Hoy. Mañana. Pero cuanto más la conoce, más se da cuenta de que Andrea tiene un problema. La chica se tambalea al borde del abismo, y cada vez que intenta aferrarla ella resbala entre sus dedos. Andrea ha perdido el control de su vida, y Tanner no puede hacer nada por rescatarla. Cuando todo se desmorone y ella se precipite a un pozo sin fondo, solo ella podrá rescatarse a sí misma. A veces la vida te obliga a trabajar duro para que la historia tenga un final feliz.


Ficha técnica del  libro

  • Título: Como el fuego

    Serie: II de Hielo
    Tamaño: 0.96MB
    Nº de páginas: 704
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive

  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

Descargar libro Gratis Como el fuego – Jennifer L. Armentrout

Advertí el cambio al instante. Los ojos azul cielo de Tanner mudaron en un
tono violento, más intenso, y yo me quedé paralizada, casi incapaz de respirar.
Una parte de mí quería sumergirse en el agua, pero era una parte mínima. El
resto prefería quedarse donde estaba.
Me dio un brinco el corazón cuando Tanner empezó a moverse, pero no se
acercó a mí. Se alejó del borde. Sin embargo, apenas me invadió la
decepción, se desplazó hasta colocarse detrás de mí, con los brazos apoyados
en el borde de la piscina, junto a los míos.
Inhalé a toda prisa, tensa, con el pecho pegado al resbaladizo lateral. ¿Qué
narices estaba haciendo? Mi imaginación dibujó a toda prisa un montón de
imágenes picantes mientras las nubes oscurecían el día nuevamente.
Noté su cálido aliento en el hombro cuando habló.
—¿Te puedo decir una cosa?
Cerrando los ojos, asentí.
—Claro.
—Me alegro de que no hayas ido a la excursión. Me gusta tenerte toda para
mí. Despegó una mano del borde y la posó en la piel desnuda de mi costado,
bajo el agua. Yo di un respingo hacia atrás y entré en contacto con su poderoso
cuerpo. No me moví. Ni siquiera cuando su pecho se elevó bruscamente contra
mi espalda.

—¿Quieres?
Todos mis pensamientos huyeron en desbandada cuando su mano se deslizó
hacia mi cadera. La pequeña tira de tela no me impidió notar los callos en la
palma de su mano.
—¿Andy?
Yo tenía el aliento entrecortado.
—Sí…, sí.
—Me alegro mucho de oírlo. —Desplazó la mano por mi cadera hasta el
vientre y se detuvo por debajo del ombligo. Yo no tuve ni tiempo para pensar
en esconder la barriga. Tenía la mente en blanco por el contacto y me
temblaban los brazos.
—¿Te parece bien? —me preguntó a la vez que desplegaba la mano.
Yo apenas si podía de articular palabra.
—¿Si me parece bien qué?
—Esto. —Se apoyó contra mí. Con la parte delantera del cuerpo pegada a
mi espalda, me aferraba por el estómago para mantenerme en el sitio. Notaba
su erección en el nacimiento del trasero y la sangre me ardía en las venas.
—¿Lo notas? ¿Te parece bien?
El deseo nublaba mis pensamientos, que se mezclaban confusos. Si bien mi
cuerpo estaba listo para el viaje —demonios, iba a bordo un tren que ya había
partido—, yo no entendía por qué Tanner quería estar conmigo, por qué me
deseaba ahora. Pero no estaba segura de que importase, de que el pasado
tuviera cabida en el momento presente.

¿Y cuándo me había parado a pensar
en las consecuencias de nada? Obviamente, casi nunca.
Ascendiendo por mi costado, su mano me arrancó escalofríos que se
proyectaron a todo mi cuerpo.
—¿Andy?
Por lo general odiaba que usara ese nombre, pero en ese momento habría
podido llamarme cualquier cosa y me habría parecido bien, sobre todo
teniendo su mano tan cerca del pecho.
—Lo noto —susurré—. Me parece bien.
Emitió un gruñido profundo, salvaje, y creí notar el roce de sus labios en el
hombro.
—Gracias. A. Dios. —Su mano se detuvo justo debajo del nacimiento de mi
pecho—. Porque, si hubieras dicho que no, me habría echado a llorar.
Una sonrisa bailó en mis labios.
—Qué exagerado.
—No tienes ni idea de lo mucho que deseaba acariciarte. En realidad, me
parece que ni yo lo sabía —murmuró, y posó la mano sobre mi pecho—. No lo
sabía.

Arqueé la espalda al mismo tiempo que soltaba un gemido.
—Oh, sí…
Me empujó con las caderas y yo temí por un momento hundirme al fondo de
la piscina. Una tempestad de sensaciones me inundó, como la tormenta de
verano que se preparaba en el cielo. Cerró la mano sobre mi pecho y me palpó
con suavidad.
—Daría cualquier cosa por verlas —dijo, al mismo tiempo que deslizaba el
pulgar por la cima de mi pecho cubierto—, pero eso tendrá que esperar.
Yo no quería esperar.
Y no tuve que hacerlo.
Con increíble destreza, deslizó los dedos por debajo de la tela del bikini.
Sentí un calor explosivo cuando mis pezones se tensaron hasta extremos
dolorosos y mi cuerpo chisporroteó, vivo y despierto. No sabía que tuviera los
pezones tan sensibles. Normalmente, me traía sin cuidado que me los
acariciaran, pero ahora…
Cuando un calambre de placer viajó de mi pecho a mi vientre, lo empujé con
la pelvis.
—Tanner.
—Joder. Me encanta que digas mi nombre con ese tono.
Posó los labios debajo de mi oreja mientras me apresaba el pezón entre los
dedos.
Yo lancé un gritito, perpleja ante la fuerza de las sensaciones que recorrían
mi cuerpo. Me dolía el pecho, lo notaba hinchado de ansia. Sin dejar de
palparme, deslizó los labios hacía mi hombro trazando un camino de besos
húmedos y calientes.
Agaché la barbilla y abrí los ojos. Aturdida de placer, le miré la mano. Él
desplazó las copas del bikini para dejar mis pechos a la vista, por encima del
agua pero protegidos tras el lateral de la piscina. En realidad, Syd y Kyler
podían regresar en cualquier momento, pero yo no quería que Tanner se
detuviese.
—Me moría por verlas. Son preciosas, maldita sea —dijo, besándome el
cuello, y yo fui consciente del momento en que levantó la cabeza y miró por
encima de mi hombro—. Por favor. Son perfectas.

En ocasiones me sentía insegura respecto al tamaño de mis pechos. Syd no
entendía por qué y me repetía una y otra vez que ojalá ella tuviera lo que yo
tenía, pero los pechos grandes implican mayores problemas. No son
respingones como los pequeños. Y unas venas azuladas se transparentan a los
lados. La piel se arruga y a veces hace cosas raras. Sin embargo, él me tocaba
con reverencia, y entre el contacto de sus dedos y el agua que jugaba con las
puntas, mis inseguridades se alejaron flotando a toda prisa.


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