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Cuando gritan los muertos

Genero: Acción

 Sinopsis del libro 

El Cuqui, el Tente y unos amigos dieron un atraco por encargo hace mucho tiempo, pero algo salió mal. Al Tente le amputaron una pierna y el Cuqui recibió una bala en la cabeza que le mantuvo en coma durante años. Los demás murieron y ellos pagaron sus deudas con la sociedad en la cárcel. Ahora, el Cuqui ha cumplido su pena y vuelve al barrio para encontrarse con su pasado, con su presente, y con su viejo amigo el Tente.

Psicópata de manual, sin nada que hacer, sin familia, con un buen montón de problemas y con amnesia, volverá a cometer pequeños delitos para sobrevivir en compañía del Elena y el Mochuelo, dos personajes marginales propios de un barrio de las afueras de Madrid y antiguos conocidos. A pesar de estas desgraciadas eventualidades, consigue iniciar una vida más o menos rutinaria.

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La Reme Schiffer, enamorada de él desde niña, consigue seducirle e iniciar una relación un tanto peculiar: cuida de él y le da el cariño que le ha faltado desde siempre. Pero, invariablemente, todo vuelve, y cuando el Dandy, jefe de la mafia corrupta que encargó el atraco, regresa de un pasado lleno de fantasmas, el Cuqui y el Tente deciden plantarle cara.

Ya no son los críos que eran entonces. En la guerra que se va a desatar no habrá ni vencedores ni vencidos.


Ficha técnica del libro

  • Título: Cuando gritan los muertos
    Autores: Paco Gómez Escribano
    Tamaño: 1.35MB
    Nº de páginas: 645
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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Mientras estaba meando, el Cuqui fijo que rezó para que el Elena lo dejara en paz,
fijo que pensó que le iba a estampar la cara contra la barra.
Ahora me está pegando la brasa a mí, y si no lo paro es porque sé que el día
anterior se estaba preocupando por mí, pero de repente el nota para de hablar y se va.
Lo veo acariciando la cabeza de Pirri y echando un chorro de cerveza en el suelo para
que el perro lo chupe. Incluso parece que le está tarareando una canción. No puede
ser, estoy flipando.

Al cabo de un rato, el Elena charla con el Chinao y otros dos prendas que el Cuqui
no conoce, porque lo veo poner cara entre chunga y rara. Resopla y finalmente logra
relajarse. Hasta que la Reme Schiffer se escabulle del grupo en que está y se acerca.
El Cuqui se teme lo peor, por el careto que lo veo poner. La piba lleva varios días
dándole conversación y regalándole sonrisas.
«¿Cuánto llevo sin estar con una mujer?», parece preguntarse el Cuqui. «¡Joder,
media vida», parece contestarse.

La piba lo atrae, pero no siente nada especial por ella, no siente nada especial por
nadie, ni siquiera por él mismo. Lleva quitándosela de en medio… ¿una semana?
La Reme le sonríe a menos de medio metro de su cara. Y a él se le descuelga la
mandíbula inferior, pero sus mejillas permanecen estiradas, tersas, como si fueran de
cuero curtido.
—¿Me invitas a una birra?
—Vale. —Y el Cuqui llama al Litri y le pide dos cervezas.
El futbolín echa humo y los pierdepagas van uno detrás de otro. Un chaval de unos
dieciséis años golpea la máquina del millón como si quisiera despedazarla.
—¡A ver, tú, hijoputa! —grita el Litri mientras abre los dos tercios que ha pedido el
Cuqui—. ¡Como vuelvas a dar golpes a la máquina rompo el cristal con tu cabeza! ¡Y
me suda la polla, que me lo paga el seguro!
El Rata está allí también y sonríe con cara de hiena mientras hace un turulo con un
billete y se lo pasa junto con la bolsita de perico a una colega de la Reme Schiffer, que
le guiña un ojo y se pira al servicio. Él la sigue.
—¡Eh! —dice el Litri—. Rapidito, os pegáis los tiros y pafuera. Si vais a follar, al
almacén, y eso vale pasta, ya lo sabes.
—Joder, tío…

—Ni joder ni jodamos, es lo que hay.
La amiga de la Reme Schiffer y el Rata salen del tigre muy contentos. Ella, que
estaba dispuesta a dejarse follar, se extraña de que el Rata no se lo pida. Él, ya fuera,
apoyado en la barra, le dice que lo acompañe al almacén. Pero ella, con los efectos de
la coca ya en su cerebro, le recita un «¡que te pires!» seco y bastante poco amistoso. Y
pone cara de que a la próxima raya ya verá, si es que la hay, y que, si no, se lo hará
con otro. Total, todos los hombres son iguales.


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