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Cuidaré de ti – Eva Mir

Genero: Historia

 Sinopsis del libro 

Tras un ataque en la oficina en la que trabaja, Lena Meyer deberá re plantearse su vida y el amor que siente por su jefe Percy Declart.
Abandonarlo nunca había sonado tan bien. Pero el destino se empeña en poner a prueba la paciencia y la fuerza de Lena enfrentándola a una seré de desgracias.
Percy siempre pensó que el dinero puede comparar todo, hasta que vio a Lena tirada en el piso de su oficina…


Ficha técnica del  libro

  • Título: Cuidaré de ti
    Autores: Eva Mir
    Tamaño: 0.75MB
    Nº de páginas: 310
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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Esa noche volvió a llegar muy tarde a su departamento.
Gaby había vuelto a acorralarlo en el despacho y él era incapaz de decirle
que no a las mamadas de esa chica.
Un escalofrió lo recorrió por completo cuando recordó como Gaby se
había puesto en la misma posición en la que había encontrado a Lena atada.
Así que sin decirle nada el tomo por las caderas la empujo contra una pared y
la folló de espaldas, con una sensación de mal estar que no podía contener.
Cuando entro en su casa vió sobre la mesa de la sala unos libros y una
carpeta de expedientes. Una manta, que le había tejido su madre, reposaba
sobre el sillón. Miró la sala y noto lo que todo el mundo le decía, era la
primera vez que entraba en su lujoso departamento y se notaba que alguien
vivía allí. Sin poder evitarlo sonrió. Fue al estudio esperando encontrar de
nuevo a Lena durmiendo en el sillón. Pero ella no estaba. Sintió una opresión
en el estómago bastante similar a la desilusión.
Llegó a la habitación verde y tras un suave golpe abrió la puerta. Ella
estaba durmiendo en su cama.

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Sin tener ganas de analizar porque le molestaba que ella se hubiera
dormido en su cama y no en el incómodo sillón del despacho se metió en su
cuarto.
A la mañana siguiente cuando Percy se levantó se encontró a Lena
sentada en la cocina tomando un café con leche.
—Buenos días. —Saludo hosco.
Ella lo miro y sonriéndole le extendió una taza de café que humeaba listo
sobre la encimera.
—¿Cómo estás? —Preguntó Percy cuando la cafeína ingreso en su
sistema.
—Me siento fantástica. Quería preguntarte algo.
—Si, dime.

—¿Vos ingresaste en mi cuenta cien mil dólares?
—Sí. Supuse que ibas a necesitar comprarte cosas.
—¿Por qué me compraste esa ropa?
—Eso fue un error. Le pedí a Gabriela que te comprara un guardarropa, y
no tengo ni idea de porque compro esas prendas.
—¿Por qué a Gabriela? El la miro había detectado dolor en las palabras y
eso lo confundió.
—Porque ella es más o menos de tu compleción y me pareció que iba a
comprar las prendas correctas. Pero no te preocupes ya hable con mi hermano
para que venga y se lleve esa ropa.

—¿Y no se te ocurrió que quizás a mí me gusta comprarme mi propia
ropa? ¿o que yo no necesito cien mil dólares?
—Creí que eso te iba a hacer sentir mejor…
—Ja, ja. —Rio sin humor—. ¡Claro! Porque el dinero me va a devolver
las fotos de mis padres. O las cartas que mi hermana me enviaba porque se
negaba a usar el correo electrónico. El resto de los objetos materiales no me
importan. Comprarlos hoy o en diez años, es igual…
—Bueno yo solo quería que te sientas mejor, quería volver a ver tu
sonrisa.
—¡No! Tu siempre estas tratando de solucionar las cosas con dinero. Y
hay cosas que no se pueden arreglar ni con todo el oro del mundo. —Grito
Lena enojada.
—¡No grites! —Grito Percy.
—¿Por qué? Porque no te gusta escuchar que tu estúpido dinero no me
puede comprar una sonrisa.

—Al parecer siempre todo es mi culpa… si te asaltan y golpean es mi
culpa… se te quema la casa y trato de ayudarte a reponer las cosas… es mi
culpa…
—No, del robo y del incendio no tienes culpa. Pero de no preocuparte
por nadie más que tu y por tratar de sobornarme, sí.
Percy la miro a los ojos. Se quedaron en silencio unos minutos que
parecieron eternos.
—Perdón. —Dijo de repente Lena—, soy una mal agradecida. Otro en tu
lugar se hubiera deshecho de mi apenas salir del hospital y quizás yo hubiera
estado haciendo reposo en mi departamento cuando comenzó el fuego.
Percy se estremeció al barajar esa posibilidad.

—No hay nada por lo que pedir perdón. Tienes razón cuando dices que
suelo querer arreglar todo con dinero. Mi madre me lo dice todo el tiempo.
Lena sonrió. Conocía a la señora Declart y a dos de los hermanos de
Percy, a Jack y a Leia. Jack, un abogado penalista muy inteligente y
agradable. Leia era una audaz chica que corre autos de manera profesional.
Habia dos hermanos más y ellos eran una familia muy unida y un poco loca.


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