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El caso Hartung

Genero: Ciencias

 Sinopsis del libro 

El primer martes de octubre, Rosa Hartung vuelve a su trabajo como ministra de Asuntos Sociales después de un año de ausencia, al haber vivido una situación dramática: la desaparición de su hija de doce años. Linus Berger, un joven que sufre de una enfermedad mental, confesó baer matado a la chica, pero es incapaz de recordar donde quemó las varias partes del cadáver, que fue desmenbrado. Hay una correlación entre el caso de la hija de la ministra y esta serie de asesinatos. El mismo día que Rosa vuelve al parlamento, se encuentra el cadáver de una joven madre soltera, que ha sido brutalmente asesinada en su casa, en un suburbio de Copenhague – ha sido torturada y le han cortado una mano.

La joven investigadora Naia Thulin es informada al respecto, y junto con Mark Hess, que acaba de ser expulsado de la sede de la Europol en La Haya, son enviados a investigar el caso. Al llegar al lugar del crimen, encuentran una figura de un hombrecito hecha con castañas. Parece que el muñeco está ocultando un secreto, aunque esto se atribuye a una coincidencia. Cuando otra mujer es asesinada – y en este caso, el cadáver de la víctima se encuentra con ambas manos cortadas- y se encuentra en el lugar del crimen otro muñeco hecho con castañas, Thulin y Hess empiezan a sospechar que hay una conexión entre el caso Hartung, las mujeres asesinadas y un asesino que está extendiendo el miedo a lo largo del país.

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Empieza entonces una carrera contra el reloj, ya que todo apunta a que el asesino cumple una misión que está lejos de terminar.


Ficha técnica del  libro

  • Título: El caso Hartung
    Autores: Søren Sveistrup
    Tamaño: 1.95MB
    Nº de páginas: 905
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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El silencio es lo primero que Hess registra al cerrar la puerta principal de la
casa tras él. Sus ojos se adaptan poco a poco a la oscuridad. En vano, trata de
encender la luz pulsando tres interruptores diferentes, hasta que se da cuenta
de que la compañía eléctrica debe de haber dado de baja el suministro. La
casa está a nombre de Laura Kjær y los suministros, bancos y resto de
entidades que conforman el sistema han sido notificados de su fallecimiento
y, en consecuencia, han comenzado las actuaciones pertinentes por el cese de
la vida de un ser humano. Para empezar, ya han cortado el suministro
eléctrico.
Hess saca su linterna y se abre camino por la casa gracias al haz de luz.
Todavía recuerda cada palabra de la conversación telefónica mantenida con el
trabajador social. La verdad es que no sabe qué está buscando ni qué
significado tiene la denuncia. Ni siquiera tiene claro que haya ningún
significado. Lo único que sabe es que tiene que ver la casa otra vez. La
conversación con el médico del Rigshospitalet había ido bien, en principio.

Al cabo de poco rato de estar ante él, Hess había tenido la certeza de que
estaban en el lugar correcto y ante la persona correcta. Ambas víctimas
habían estado en contacto con el jefe de servicio y Hess tenía claro que los
niños eran el denominador común. Hasta que había mencionado lo de la
denuncia.
Obviamente volver a la casa era dar palos de ciego. Ante todo porque la
propiedad ya había sido examinada en profundidad por varios equipos de la
policía científica e investigadores. Y luego porque la denuncia se había
puesto tres meses atrás, así que si hubiera habido algo que encontrar como
una pista, rastro, evidencia o lo que fuera, a estas alturas seguramente ya
habría desaparecido. El caso es que alguien había denunciado a Laura Kjær.
Alguien se había interesado por ella y había escrito un e-mail que destilaba
odio profundo y en el que se exigía que le retiraran la custodia
inmediatamente. Hess no puede dejar de pensar que la casa puede ofrecerles
algún tipo de pista.
Sigue habiendo rastros del trabajo de la policía científica y se percata de
ello cuando cruza el pasillo. Hay restos de polvo blanco revelador de huellas
sobre pomos y marcos de puertas y también siguen allí las notas numeradas
sobre algunas cosas. Hess entra en una y otra estancia hasta llegar a la
pequeña habitación de invitados, que seguramente ha servido de despacho
pero que ahora se ve francamente desprovista de sentido, ya que la policía
científica se ha llevado el ordenador de sobremesa, que sigue bajo su
custodia.

Abre cajones y armarios, lee algunas notas y papeles sin
importancia y procede a examinar el cuarto de baño. Tampoco encuentra
nada de interés. La lluvia embiste contra el tejado y suena como un tambor.
Hess vuelve a la entrada y continúa hasta la habitación principal, donde la
cama está deshecha y la lámpara sigue tirada sobre la alfombra. Ha llegado al
cajón donde Laura Kjær guardaba la ropa interior cuando oye que se abre la
puerta principal y aparece Thulin.
—Los vecinos no saben nada. Tampoco sabían lo de la denuncia. E insisten
en que ambos, el padrastro y la madre, cuidaban bien al niño. —Hess abre
otro armario y sigue inspeccionando—. Yo me vuelvo. Hay que comprobar la
coartada del jefe de servicio y también los líos de faldas que ha comentado
Sejer-Lassen. Recuerda llevarte las llaves cuando termines.
—De acuerdo. Nos vemos.

54
Thulin cierra la puerta de Cedervænget 7 con demasiada fuerza. Corre bajo
la lluvia y tiene que dar un salto hacia atrás para no chocar contra un ciclista,
antes de llegar al coche y sentarse dentro. Su ropa está empapada a causa de
la ronda de visitas a los vecinos, pero se contenta pensando que Hess tendrá
que hacer todo el camino hasta la estación de tren a pie cuando por fin decida
volver al centro. No han conseguido absolutamente nada en todo el día.
Siguen sin la menor pista que seguir y es como si la lluvia cayera a raudales
con el único propósito de llevarse por delante cualquier evidencia, mientras
ellos dan vueltas en círculo sin éxito.

Thulin gira la llave de contacto, mete la marcha y se desplaza velozmente
por la calle. Todavía le queda revisar todas las entradas con los resultados
obtenidos durante el día de hoy por parte del resto del equipo, aunque lo que
más le apetece es encerrarse en su despacho en comisaría para releer todos
los atestados del caso. Empezar de nuevo, revisarlo todo y encontrar una
conexión. Quizá llamar a Hans Henrik Hauge y a Erik Sejer-Lassen para
saber si saben algo de Hussein Majid, que parece ser el único que conocía a
ambas víctimas. Thulin gira para dejar atrás Cedervænget y llegar a la
carretera principal, cuando algo le llama la atención por el espejo retrovisor y
la obliga a pisar el freno.


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