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El guardaespaldas

Genero: Aventura

 Sinopsis del libro 

¿Qué pasa cuando la chica de tus sueños es una especie de pesadilla?

Como jefe de seguridad de Stage Dive, una de las bandas de rock más famosas del mundo, Sam Knowles tiene sobrada experiencia en lidiar con problemas. Pero Martha Nicholson, una mocosa malcriada, quizá sea el peor con el que jamás haya tenido que enfrentarse. Bonita y alborotadora, dice haberse reformado. Él sabe que tiene que pensar con la cabeza y no con lo que hay bajo sus pantalones. Por desgracia, eso es más fácil de decir que de hacer….

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Martha lleva años con la vista puesta en el ceñudo guardaespaldas. Tranquilo y conservador, no es su tipo, ni mucho menos. Y, sin embargo, ¿por qué no puede quitárselo de la cabeza? Hace tiempo que dejó de ser la chica que iba de fiesta en fiesta y calzaba Louboutin. Quizá sea hora de dejar que él se dé cuenta y lidiar con sus propios sentimientos, ¿no?


Ficha técnica del  libro

  • Título: El Guardaespaldas.
    Autores: Kylie Scott
    Serie: 4.50 de Stage Dive
    Tamaño: 1.65MB
    Nº de páginas: 379
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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Después, sus brazos me rodearon con fuerza antes de que pudiera hacer algún
intento de escapar. Aquel hombre sabía exactamente lo que estaba haciendo.
Pero si alguna vez un hombre tenía que tener un plan, ese era él.
—Bebe un poco más. Te hará sentir mejor.
—Estoy bien. O estaba bien donde estaba. ¿Qué estoy haciendo sentada
sobre tu regazo?
—Nunca te gustó no tener control de una situación.
—Deja de actuar como si supieras lo que se me pasa por la cabeza todo el
tiempo. ¡No lo sabes!
Él se rio entre dientes, y el sonido y la vibración de su fuerte pecho contra
mi costado fueron demasiado agradables.
—Teniendo en cuenta que te estoy esperando desde hace casi un decenio,
creo que tengo una idea bastante buena de lo que pasa dentro de esa preciosa
cabeza tuya.
—¿Casi un decenio?
—Ajá. —Tomó un sorbo de mi boca y arrugó la nariz ante el sabor—. No,
desde luego no creo que el champán vaya a gustarme de momento. En fin,
¿por dónde íbamos?
—Casi un decenio.
—Cierto. Pues…
—Eso no es posible.
—Pues claro que sí.

Negué con la cabeza. Nadie me había querido durante tanto tiempo, ni por
asomo. David y yo apenas habíamos durado la mitad de ese tiempo antes de
superarnos el uno al otro y romper de una forma particularmente desastrosa.
Aunque, a grandes rasgos, había sido él quien me había superado a mí. Me
había dejado muy atrás y básicamente olvidado. O, al menos, eso era lo que
me había parecido en ese momento. Desde entonces había salido con
hombres durante un mes o dos como mucho. Después los dejaba antes de que
pudieran dejarme ellos a mí, porque más vale prevenir que lamentar y sufrir.
Sin embargo, con Sam tenía una extraña sensación de seguridad. Me
proporcionaba exactamente la clase de refugio por cuya búsqueda había
huido de Nueva York, si era totalmente sincera. La comodidad de los seres
queridos, la familia y tal vez incluso los amigos. Cosas que no había tenido
durante mucho tiempo. Cosas que no había sido capaz de conseguir por mí
misma, lo cual era bastante irritante. Pero el hecho de tal vez necesitar a
alguien, de dejarme ser vulnerable…
—Eso no tiene sentido —dije en voz baja.
—¿No?
Negué con la cabeza y di un sorbo a mi champán. No me hacía sentir
mejor. Así que, vaya, pues Sam no lo sabía todo.
—Entonces, si esto tiene un decenio de antigüedad, ¿por qué estamos aquí
ahora? Después de todo este tiempo.
—Tú siempre has sido solitaria. Independiente.

—Cierto.
—Pero, no sé. Parece que hay algo diferente en ti desde que has vuelto —
dijo—. Nunca se me había ocurrido que no eras feliz con tu vida y con cómo
iba…
—Sí, pero… ¿diez años?
—No te sacas eso de la cabeza, ¿verdad? Deja que te lo explique —dijo,
respirando hondo—. Verás, cuando comencé a trabajar con los chicos, para
mí todo era cuestión de trabajo. Mucha gente piensa que esa es la única forma
de hacer lo que hago. Dedicación total. Veinticuatro horas al día los siete días
de la semana. No piensas siquiera en tener una vida propia, y mucho menos
una relación. Lo cual estaba bien a los treinta. Tú todavía estabas herida por
lo de Davie, y necesitabas tiempo para recuperarte. Así que lo postergué. Me
dije que era lo correcto.
—¿Relacionarte conmigo mientras yo también estaba trabajando para ellos
no habría creado un conflicto de intereses o algo?
Levantó uno de sus grandes hombros.
—Posiblemente. Pero estoy seguro de que podríamos haberlo arreglado.
—Ah.
—Entonces te marchaste, te mudaste a Nueva York. Eso fue una golpe
para mí, sinceramente.
—¿De verdad?
—Sí. Aunque seguías viniendo de vez en cuando. Además, había
conciertos en la costa este, y tú normalmente ibas —dijo—. La cosa es que,
cuando estabas por aquí, seguías furiosa. Toda cabreada porque David y Ev
estaban juntos, tan felices y enamorados. Así que, evidentemente, seguía sin
ser el momento adecuado. Pero no pasa nada. En lo que respecta a ti, ya
estaba acostumbrado a tener paciencia.

Me bebí el champán. David me había escrito un álbum entero dedicado al
asco que daba. Aunque los dos habíamos tenido nuestros fallos, no podía
decir que estuviera equivocado precisamente. Así que, cuanto menos
mencionara a mi ex, mejor.
Sam sonrió.
—Sin embargo, ahora las cosas parecen diferentes.
—¿En qué sentido?
—Pues ahora, cuando ves a Dave, solo pareces incómoda y un poco
avergonzada por todo este asunto.
Me puse derecha de golpe.
—No, de eso nada.
—¿No? De acuerdo. Entonces, me he equivocado.
—En realidad no piensas eso. Tan solo estás tratando de apaciguarme.
—Esto es lo que yo creo… —Dio otro sorbo a mi copa—. Martha,
querida, no voy a discutir contigo sobre mierdas que no importan. —Yo solo
pestañeé—. Si me dices que no te preocupa estar cerca de Dave, pues
estupendo. Estaré encantado de oírlo —dijo—. Lo único que me importa es
que es evidente que ya no sigues colgada de ese tipo.
—Pues claro que no lo estoy.
—Y después está lo otro.


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