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El silencio de la ciudad blanca

 Sinopsis del libro 

El espléndido arqueólogo, Tasio Ortiz de Zárate, ha recibido una condena por los extraños asesinos que intranquilizaron a la urbe de Vitoria hace 20 años. Ya está por cumplir la pena de cárcel y en El silencio de la urbe blanca pdf  su primer permiso los crímienes empiezan a aparecer de nuevo.

En la icónica Catedral Vieja de Vitoria, 2 personas de 20 años, supuestamente una pareja, aparecen sin ropa y fallecidas. La causa de su muerte ha sido por picaduras de abeja en la garganta. Al poco tiempo, aparece otra pareja de unos 25 años en la Casa del Cordón, un edificio medieval muy popular.

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El joven inspector Unai López de Ayala ( Kraken), especialista en perfiles delincuentes, está ofuscado con prevenir los crímenes antes que ocurran, una desgracia personal todavía fresca no le deja enfrentar el caso como uno más. Sus métodos poco ortodoxos enervan a su jefe, Alba, la subcomisaria con la que sostiene una equívoca relación marcada por los crímenes… El tiempo corre en contra suya y la amenaza avizora en cualquier rincón de la urbe. ¿Quién va a ser el próximo?

Una novela negra escrita por Eva García Sáenz de Urturi llamada El silencio de la urbe blanca que te va a hacer ser participante de la historia en todos y cada línea que leas.


Ficha técnica del  libro

  • Título: El silencio de la urbe blanca
    Autores: Eva García Sáenz
    Tamaño: 0.54MB
    Nº de páginas: 675
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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Todos los presentes se viraron hacia nosotros, los técnicos me lanzaron una mirada de reprobación por caer tan
cerca del centro de la escena.

Estíbaliz reaccionó bastante veloz y también procuró cogerla, mas el insecto salió volando sobre nuestras
cabezas y dejó de estar a nuestro alcance en cuestión de segundos, apartándose cara las ruinas cubiertas de la antigua
aldea de Gasteiz.
—Deberíamos apresarla —dijo mi compañera, buscándola con la mirada por el foso—. Puede ser determinante
para la investigación si es el arma del crimen.
—¿Capturarla, en una iglesia de 96 metros desde el ábside a la puerta? No pongas esa cara —me
justifiqué, al ver de qué manera me miraba—, toda vez que viene un amigo de fuera de Vitoria, lo traigo a las visitas guiadas
de la catedral.

Estíbaliz suspiró y volvió a acercarse a los cuerpos.
—De pacto, olvidémonos de la abeja por el momento. Dime, ¿ves móvil sexual? —me preguntó.
—No —me acerqué—, a simple vista la vagina de la muchacha semeja íntegra, preguntaremos a la forense, creo
que ha terminado con el juez.
—Señoría… —dijo Estíbaliz, recogiéndose el pelo que sobresalía bajo el casco en una coleta.
—Buenas tardes, por decir algo —contestó el juez Olano—. Mi secretario les deja el acta de la inspección ocular
para que la firmen. Por mi parte, ya he tenido bastante para un día festivo como el día de hoy.
—Ni que lo afirme —murmuré.

El juez desapareció de manera rápida de la cripta y nos dejó con la forense.
—¿Han encontrado restos biológicos, doctora? —quise saber.
—Hemos examinado tanto los cuerpos como el escenario con el CrimeScope —dijo, señalando la lámpara de luz
forense—. Ni indicio de sangre. Asimismo hemos buscado semen con la lámpara de Wood, mas no semeja que haya.
De todos modos, esperaremos a los resultados de la necropsia, van a ser más precisos. Esto será muy complicado, me
temo. ¿Precisan algo más, inspectores?
—No, doctora. Por el momento, no —se despidió Estíbaliz con una sonrisa. Cuando la forense desapareció, se
giró cara mí—. Entonces, Unai, ¿qué afirmas de la escenificación?
—Digo que están desnudos, es cierto, y hay un marcado aspecto sexual en ello y en establecerlos como pareja al
colocar sus manos con ese ademán tan extraño, si bien creo que fue blog post mortem, cuando el asesino los trajo hasta aquí
y orientó los cuerpos hacia…
Me saqué el móvil del bolsillo y abrí una aplicación que hacía las veces de brújula. Me incliné y me tomé mi
tiempo hasta estar seguro.

—Están orientados al sitio por donde sale el sol en el solsticio hiemal —le notifiqué.
—Traduce, no soy un ánima salvaje que se fusiona con la Madre Tierra los fines de semana como .
—No me fusiono con ninguna fuerza telúrica los fines de semana, sencillamente voy al pueblo a asistir a mi
abuelo con el campo. Si tuvieses un abuelo de 94 años empeñado en no jubilarse, estoy seguro de que
harías lo mismo. Y respondiendo a tu pregunta, los cuerpos están orientados en el eje nordoeste.
«Como el primer doble crimen del dolmen», pensé, preocupado. Eso sí que trascendió.
Pero callé.
No deseaba contradecirme y que Estíbaliz notara que, a pesar de mis intentos por aislar aquel caso en mi cabeza,
seguía comparándolo con nuestros terrores adolescentes. Seguramente, igual que .
Lo es cierto que algo me tremía por la parte interior. No podía parar de pensar que respirabas exactamente el mismo oxígeno
que el del asesino. Que pocas horas ya antes, un capullo con un trastorno psicopático no tratado había ocupado el
mismo sitio en el espacio que , y miré al aire encapsulado de la catedral tal y como si tuviese que dejar huellas visibles
en la nada. Sabía sus movimientos, los El silencio de la urbe blanca epub  veía a cámara veloz en mi cabeza. De qué forma debió trasladar los cuerpos,

cómo los puso en la cripta, sin dejar huellas. Lo sabía ya, era minucioso y lo había hecho ya antes.
Aquel alarde no era el primero.
Solo me faltaba verle el semblante, por el hecho de que me negaba a pensar que la solución fuera tan fácil y tan imposible como
para tenerla allá delante: un acertijo resuelto ya antes siquiera de terminar de vocalizar el enunciado.
Estíbaliz me observaba, aguardando que el silencio de la urbe blanca epub  saliera de las espirales mentales en las que en ocasiones me perdía. Me
conocía bien, respetaba mis silencios y mis ritos.


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