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El sueño de Tánato – José Antonio Ortega

Genero: Policial

 Sinopsis del libro 

La aparición de un cadavér que podria ser Michael Jackson en el hotel Ritz de Madrid, es el arranque de una trama que tiene como protagonistas a un periodista y un funcionario del Cuerpo Nacional de Policía.


Ficha técnica del  libro

  • Título: El sueño de Tánato
    Autores: José Antonio Ortega
    Tamaño: 3.46MB
    Nº de páginas: 341
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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Arte y para ello había debido remontarse a la historia del cine desde sus
comienzos, aparte de prestar especial atención a las producciones de la
Universum Film AG de los años 20 del pasado siglo.
Mittler zwischen hirn und händen muss das herz sein[25]! era una de los
textos reflejados en los subtítulos de la cinta que se le había quedado
especialmente grabado: Si hoy fuéramos todos vestidos con un mismo
uniforme y nos moviéramos en fila con orden casi militar del trabajo a la casa
y de la casa al trabajo, la alegoría de Thea Von Harbu, ¿o de Lang?, sería
bastante certera, se le ocurrió pensar para sí, dejándose sumergir en uno de
esos estados de filosófica meditación a los que era bastante aficionado y con
los que se deleitaba a menudo, sustrayéndose de todo lo que le rodeaba.
¡Cuánto de anticipación había en aquel largometraje! ¡Qué profecía,
codificada entre los fotogramas y disimulada con un argumento de lo más
folletinesco, sobre el destino del hombre, comprensible solo para los
iniciados, de la que ni el realizador ni la guionista ni los actores ni los
productores podían ser ni eran conscientes! Thea Von Harbu tal vez se
propusiera arremeter contra el comunismo de la Unión Soviética en su obra, y
quizá también Lang al trasladarla a la gran pantalla, pero, sabiéndolo o sin
saberlo, advirtieron de una amenaza más grave que se cernía sobre la
Humanidad: la del nazismo. Aunque nadie dentro del mundo del celuloide lo
haya hecho notar.

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Y es que Metrópolis ejercía sobre su espíritu una fascinación parecida a
la que le producía todo cuanto de realidad y de mito hay en torno al
advenimiento, dominio y caída del Tercer Reich. Era capaz de suscitar en su
alma esa misma solemne pero a la vez desazonadora curiosidad que provoca
lo delirante, lo terrible, lo horrendo, lo apocalíptico, lo escatológico, lo sacro,
lo intangible, lo trascendente. Infundía dentro de sí las mismas lúgubres y
aciagas emociones. Nadie medianamente interesado por la historia, la
antropología, la sociología, la psicología, en definitiva, por los seres humanos
y su deambular por este planeta llamado Tierra, puede ser indiferente a lo que
ocurrió tras el ascenso de Adolf Hitler a la cancillería de la República de
Weimar. Nunca hasta entonces la maldad había llegado a convertirse en un fin
en sí mismo. No es que antes de la irrupción y subida al poder de los
malvados del brazo en alto y la cruz gamada no hubiera existido la crueldad,
sino simplemente que nunca antes había sido ejercida de forma tan absurda,
tan sistemática y tan a conciencia.

Nunca antes el terror se había erigido en el
eje de una ideología política o de una creencia religiosa. Si acaso, tan solo
alcanzó a ser un instrumento o un aderezo. Ni siquiera en las manifestaciones
del más diabólico de los satanismos se le veneró o se le venera como tal.
Nunca antes había sido elevado a los altares cual divinidad suprema. Ni
siquiera en la noche oscura de aquellos tiempos durante los cuales para rendir
culto a los dioses se sacrificaban personas.
No era la primera vez que visitaba Berlín, ni muchísimo menos, pero sí
era la primera vez que lo hacía por motivos de trabajo, como testigo directo y
privilegiado de una investigación policial en la que nada más y nada menos un
antiguo nazi, que llevaba huyendo de sus perseguidores más de cincuenta años,
estaba en el punto de mira. El eco figurado del nombre de Hans Fritz Von
Hügel, uno de los criminales de guerra más buscados por la justicia
internacional a lo largo de las dos últimas décadas, del que había estado
hablando con la teniente Baumann mientras desayunaban, retumbaba en el
interior de su cerebro.
—Llegaremos a eso de las siete de la tarde —la voz suave y grata de la
agente de la BKA, que conversaba con Sánchez, atrajo la atención de Alex y le
interrumpió en sus pensamientos. El tren reducía su velocidad y se detenía en
la segunda parada de su trayecto, Dresden Hbf.

Eran las 11:08. Ni un minuto más, ni un minuto menos, de la hora prevista
para la primera escala del viaje. Eso de que a los alemanes en orden,
organización y puntualidad no hay quien les gane puede tener mucho de mito,
pero, desde luego, mito basado en hechos. Pensó el redactor jefe de Crónica
Zero para sí, mientras contemplaba a los nuevos viajeros que subían a bordo y
se acomodaban en sus asientos, después de consultar la hora en su Lotus
Festina de pulsera. La teniente Baumann seguía manteniendo una interesante
discusión con el subinspector sobre la eficacia de determinadas prácticas
policiales en materia de lucha antiterrorista como consecuencia del incremento
de la amenaza del Daesh[26] en Europa. O eso le pareció a él al menos, por lo
que pudo oír de la conversación entre ambos sin proponérselo.

En el exterior,
bajo la cubierta abovedada de fibra de vidrio del recinto dentro del cual el
Eurocity había efectuado el alto, dos jóvenes, un chico, que no tendría más de
20 años, y una chica, que rondaría esa misma edad, se despedían con un
apasionado beso de tornillo en los morros, protagonizando una escena digna
de una comedia romántica de la que, a través del cristal de la ventana más
próxima a la plaza de segunda clase que ocupaba, no perdió detalle. Y que
tampoco pasó desapercibida para la agente de la BKA, a pesar de su animada
charla con Sánchez, según pudo constatar con una rápida y clandestina mirada
hacia ella de reojo. Alex sonrió cuando finalizó la función y vio correr a la
joven veinteañera, mochila al hombro, hacia el interior del vagón a toda prisa
para no quedarse en tierra, dado que por megafonía ya se había anunciado por
tercera y última vez, tanto en la lengua local como en inglés, que el EC173
estaba a punto de reanudar la marcha. La teniente Baumann también hizo lo
propio.


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