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El susurro del Loco – Claudio Hernández

Genero: Acción

 Sinopsis del libro 

Un asesino en serie obsesionado por los trenes.

El Inspector Andrés López llega a Murcia en su primer día de vacaciones, pero el tren se detiene en un fortuito frenazo. Tras esto,  todos ven que hay un hombre delante de la maquina del tren al que le falta la cabeza. Los ojos de la víctima permanecen abiertos y esconden lo que sucedió en realidad.

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Todos hablan de un accidente o incluso un suicidio, pero el inspector cree que ha sido asesinado. Mientras tanto, en la estación de trenes hay alguien bastante extraño. Mientras el Inspector Andrés López sigue las pautas de una investigación que no le pertenece, se suceden nuevos accidentes en el que el tren es el verdugo. ¿Es él? Es el susurro del loco pdf


Ficha técnica del libro

  • Título: El susurro del Loco
    Autores: Claudio Hernández
    Tamaño: 0.60MB
    Nº de páginas: 578
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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Era un mediodía de verano, casualidad de la vida, pero del año 79. Él
vivía en la barriada conocida como «Las Cien Casas» y a escasos doscientos
metros, estaba la parada de tren El Labradorcico. Todos los jodidos días veía
pasar el tren, detenerse tras gritar sobre las vías y observaba como la gente
bajaba del mismo, como si fueran siluetas oscuras en mitad del día. A un lado
había un bar conocido con el simple nombre de, DOMINGO. Recordaba de su
padre, que decía que allí estaban los más trabajadores del pueblo, haciendo
grandes esfuerzos con el codo empinándose las copas. Andrés soltaba una
carcajada y seguía observando el tren como arrancaba de nuevo, chirriando sobre
los raíles y avanzando a un paso de tortuga gigante. Como si toda esa maquinaria
pesara más que la misma tierra. Y así fue hasta que un día, observó cómo alguien
estaba dando bandazos desde la puerta del bar hasta las vías del tren.

Está
borracho, dijo. Eso lo recordaba siempre y su padre respondía; no hijo, está
cansado de trabajar. Soltó una carcajada y escuchó el pito del tren que se
acercaba a gran velocidad. Hasta ahí, era todo normal. Pero las cosas se torcieron
cuando aquella silueta entró en las vías y se detuvo. Andrés abrió sus pequeños
ojos y se puso tenso. El hombre había avanzado un poco más hacia adelante,
siempre dentro de las vías y el tren se acercaba peligrosamente hacia él.
Recordaba cómo se escuchaba el corazón latir en las sienes y entonces la risa se
borraba de su cara.

Lejos de engullirse a aquel hombre, el tren lo partió en dos pedazos, que
salieron volando por el aire como dos proyectiles. Por un lado las dos piernas
atadas a la cintura y por otro, el tronco con sus brazos, su cabeza y las tripas
colgando. Aquello se le había quedado grabado en sus retinas y en su memoria a
fuego. Incluso llegó a escuchar el ruido seco al seccionarse en dos. Un chasquido
y como un chapoteo a la vez. Durante casi una eternidad aquellos dos trozos se
mantuvieron suspendidos en el aire, hasta que la máquina del tren avanzó hacia
el bar y frenó a escasos metros de la parada, y solo entonces vio la parte del torso
caer a un lado del primer vagón con un choque de huesos sobre las piedras.

Se
imaginó lo mismo con las piernas. Recordaba que tenía unos pantalones negros y
que la camisa era azul. También recordaba aquellas tripas flotando como globos
y como la sangre y las heces manchaban la puerta del tren. Y cuando sucedió
eso, su corazón se detuvo un instante, mientras que su sonrisa se había detenido
para siempre.
El ascensor tocó fondo con un suave salto y las puertas de cristal se
abrieron dentro del pasillo subterráneo que le permitía cruzar los andenes, para ir
hacia la maquina expendedora de tabaco. Salió sin titubear y recordó algo más.
Aquel tipo cortado en dos trozos había estado expuesto al sol casi dos
horas, tiempo en el cual no había dejado de mirar. Sus vecinos sí que se habían
acercado al lugar y el maquinista estaba todo el tiempo llorando, gimoteando,
estirándose de los pelos hasta llevarse por delante la tensa piel de su cara. Los
agentes de la Guardia Civil habían llegado y custodiaban aquellas piernas como
si fueran un tesoro. Finalmente, el maquinista subió a la cabina y desplazó el tren
hasta dejar libre la zona del impacto y entonces Andrés vio ambos trozos laxos
sobre las piedras, muy distantes entre sí. Aquello le impactó, sobre todo cuando
un perro hambriento le dio un lametazo al torso seccionado del hombre.

Un
agente levantó su bota y asustó al can. Y entonces vio como un coche fúnebre
tan negro como un cuervo avanzaba inquietantemente despacio hacia las vías del
tren. Un hombre ataviado de negro salía de otro coche, también, negro, y tras
escribir sobre un bloc de notas había movido sus largas manos. Entonces Andrés
que estaba sudando copiosamente y mantenía los escalofríos en su cuerpo
helado, vio como los agentes de la Guardia Civil alzaban las piernas y lo
introducían en el ataúd que El susurro del Loco epub se mostraba como un diván blanco. Después hacían
lo mismo con el torso y vio algo que se desprendía de su interior.


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