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El último baile

Genero: Ciencias

 Sinopsis del libro 

Una fiesta.
Un asesinato.
Sin testigos.

El cadáver de Kerry Dowling, de dieciocho años, aparece en el fondo de la piscina. Ninguno de los invitados a la fiesta que dio, aprovechando la ausencia de sus padres, ha visto absolutamente nada.

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Sin embargo, la ausencia de testigos no significa que falten sospechosos, y la policía no tarda en centrarse en el novio de Kerry, con el que discutió en mitad de la celebración; o en su vecino, que se enfadó por no ser invitado (y todos saben lo difícil que es para Jamie relacionarse con los demás y contener las emociones). Se trata de una comunidad en la que todo el mundo se conoce y conocía a Kerry muy bien: su ex, sus amigos, sus profesores, sus vecinos… e incluso su asesino.

Mientras la policía sigue investigando, aparentemente dando vueltas en círculos, la familia y los amigos de la víctima esperan a que se haga justicia. Todos salvo la hermana mayor de Kerry, que decide tomar cartas en el asunto y ayudar a los investigadores. Pero lo que la intrépida Aline no sabe es que resolver el asesinato de su hermana pondrá su propia vida en peligro…


Ficha técnica del  libro

  • Título: El Último Baile
    Autores: Mary Higgins Clark
    Tamaño: 2.85MB
    Nº de páginas: 794
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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Kerry iba a limpiar el jardín y luego a acostarse. El mensaje de texto que le
mandó a él dice lo mismo. Estuve en la finca. Le habrían bastado diez
minutos para terminar de limpiar el jardín trasero.
—Entonces ¿no hay indicios de que ella se fuera a la cama y luego
Crowley la obligara a salir otra vez?
—No, ni uno. En cambio, sí que hay indicios de que no se acostó esa
noche. Hemos echado un vistazo a su habitación. La cama estaba hecha.
—Eso no nos dice mucho. Por lo que sabemos, podría haberse ido a dormir
al sofá.
—De acuerdo. Pero la autopsia reveló que en el momento de la muerte aún
llevaba puestas las lentes de contacto.
—Hay gente a la que se le olvida quitárselas, sobre todo si ha bebido.
—He hablado con la hermana de la víctima. Según ella, Kerry nunca se
habría olvidado. En una ocasión, se las dejó puestas durante toda la noche y
pilló una infección grave. Desde entonces, se las quitaba religiosamente antes
de irse a dormir.

—Entonces ¿a qué hora crees que tuvo lugar el asesinato?
—Entre las once y diez, momento en que envió su último mensaje, y unos
diez minutos después, cuando habría terminado de limpiar el jardín.
—Justo a la hora en la que Crowley regresó a la casa.
—Artie, creo que si interrogas a los amigos de Crowley que estuvieron en
Nellie’s y ellos confirman que mintieron, tendremos motivos más que
suficientes para detener a Alan Crowley. Estuvo en la fiesta. Se puso celoso.
Le escribió a Kerry mensajes llenos de rabia. Los registros telefónicos
muestran que regresó a casa de ella para verla de nuevo después de la fiesta y
luego mintió sobre eso. Les pidió a sus amigos que mintieran. Sus huellas han
aparecido en el arma homicida. Él negó haberla tocado la noche de la fiesta.
—¿Cómo van las averiguaciones sobre el buen samaritano que le cambió
el neumático?
—Según la amiga de Kerry, ella le dijo que, después de venderle la
cerveza, el tipo se puso agresivo e intentó besarla. Pero un par de amigas
suyas aseguran que era muy coqueta. A lo mejor exageró al narrar el
incidente. Era una joven muy bonita. Por el momento, nuestros intentos de
localizarlo prácticamente no han dado fruto.

—Ojalá tuviéramos ese cabo atado, aunque en realidad todo apunta a que
Crowley es el culpable.
—Pero no podemos volver a hablar con Crowley porque Lester Parker no
nos deja.
—Está bien. Infórmame una vez que hayas interrogado a sus tres amigos.
¿Cuándo podrás entrevistarte con ellos?
Wilson echó un vistazo a la tercera pizarra blanca.
—Uno de ellos va a tomarse un trimestre libre. Dos van a universidades
locales y han accedido a volver. Vendrán a verme esta tarde.
31
Bobby, Stan y Rich recibieron la llamada telefónica que tanto temían. El
detective Mike Wilson les explicó que la información que le habían
proporcionado durante la primera conversación con él era de vital
importancia para la investigación. Quería que acudieran a Hackensack a
prestar declaración. Los tres habían aceptado ir juntos a la fiscalía esa tarde, a
las cuatro y media.
Mike los llevó a la sala de interrogatorios. Por lo general, se entrevistaba
con los testigos por separado, pero pensó que sería más eficaz cuestionar el
testimonio de los tres a la vez. A todos les sudaban las manos cuando se
sentaron en unas sillas a un lado de la mesa de conferencias. Encendió la
cámara de vídeo. Comenzó con delicadeza.
—Alan es vuestro amigo, ¿verdad? Todos jugabais al béisbol con él.
Los tres asintieron.

—Es muy lógico querer ayudar a un amigo que está en apuros —prosiguió
Mike—. Yo mismo lo he hecho. Estoy convencido de que es lo que hicisteis
todos la última vez que hablé con vosotros. Pues bien, la situación ha
cambiado. Sé mucho más sobre lo que ocurrió esa noche y sobre dónde
estaba cada uno. Así que voy a formularos unas preguntas. Es vuestra
oportunidad de rectificar. Si me mentís hoy, seréis acusados de perjurio y
obstrucción a la justicia. —Mike hizo una pausa—. Y tal vez también de
encubrimiento de asesinato. Bien, empecemos.
Las palabras salieron a borbotones de las bocas de los tres chicos.
—Alan se fue de Nellie’s antes que nosotros. No sabíamos que nos
meteríamos en un lío. Cuando Alan nos llamó, parecía muy asustado. En
cuanto mentimos por él, supimos que estábamos cometiendo un error.
—De acuerdo. Vamos por partes —dijo Mike—. ¿A qué hora se marchó
Alan de Nellie’s?
Desesperados por ser lo más precisos posible, los tres convinieron en que
había sido hacia las once y cuarto.

—¿Os comentó adónde iba? —preguntó Mike.
—Kerry le había enviado un mensaje en el que le pedía que no fuera a
verla hasta el día siguiente —contestó Stan—. Pero él dijo que quería arreglar
las cosas esa noche.


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