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Fariña

Genero: Drama

Sinopsis

ca, farlopa, perico, compra, Fariña epub . Jamás Galicia comercializó un producto con tanto éxito.

Aunque ahora parezca una pesadilla lejana, en los años 90 el 80 por ciento de la coca desembarcar en Europa por las costas gallegas.

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Aparte de su privilegiada situación geográfica, Galicia disponía de libro fariña pdf  todos y cada uno de los ingredientes precisos para transformarse en una «nueva Sicilia»: atraso económico, una centenaria tradición de contrabando por tierra, mar y ría, y un tiempo de admiración y tolerancia cara una cultura delictiva heredada de la temporada de los «inofensivos» y «benefactores» capos del tabaco. Los clanes, poderosos y herméticos, medraron en un tiempo de impunidad consolidada merced a la desidia (cuando no complicidad) de la clase política y de las fuerzas de seguridad.

A través de testimonios directos de capos, pilotos de planeadoras, arrepentidos, jueces, policías, cronistas y madres de toxicómanos, Nacho Carretero retrata con meticulosidad un paisaje delincuente frecuentemente infravalorado. En el imaginario popular, ese costumbrismo kitsch de capos con zuecos y relojes de oro ha oscurecido el potencial destructor de un fenómeno que asoló el tejido social, económico y político de Galicia.

Fariña incluye, además de esto, un repaso nuevo por los clanes que prosiguen operando en la actualidad. Pues contra la creencia mediática y popular —tal y como prueba este libro—, el narcotráfico prosigue vivo en Galicia.
No se debe olvidar lo que aún no ha terminado


Ficha técnica

  • Título: Fariña
    Genero: Drama

    Tamaño: 1.59MB
    Nº de páginas: 578
    Idioma: Español
    OS: iOs, Android, Windows
    Servidores: Google drive, 1Fichier, Zippyshare, y Onedrive


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Fue en esta década, los 60, cuando los contrabandistas percibieron con
claridad que el auténtico negocio estaba en el tabaco proveniente de Portugal.
Comparado con el de cigarros, el estraperlo del resto de mercaderías (a
excepción de la gasolina) carecía de rentabilidad. Se generó un cambio en la
estructura delictiva: los pequeños y medianos estraperlistas se hicieron a un lado
para dejar que los mayoristas monopolizasen el mercado de las cajetas. Del
minifundio al latifundio. Del contrabandista autónomo a las organizaciones
jerarquizadas encabezadas por un mafioso.

Celso Lorenzo Villa fue uno de los primeros grandes capos gallegos del
contrabando de tabaco. Era un hombre respetado en el Baixo Miño: rico, popular
y con contactos. Era, como ya hemos señalado, presidente del Real Club Celta
de Vigo. Tomó las bridas del equipo en 1959, recién descendido a Segunda
División, con el propósito de reflotarlo y volver a la elite.

Él no acostumbraba a asistir al
palco de Balaídos, mas sí su junta directiva, formada entre otros muchos por Vicente
Otero «Terito», Pepe Vallina, Antonio Bar Boo, Manuel Tomé o bien Venancio
González «Capitán Veneno». Este último había sido jugador en los años 40,
cuando se ganó cierto renombre por los mortales ataques que producía, tanto a
rivales como a compañeros, por la banda derecha. Cuentan que en un partido en
Vigo le quitó el paraguas a un espectador que lo reprendía y lo utilizó para un
posterior intercambio de pareceres a pie de campo. Tras 20 años,
«Capitán Veneno»

formaba una parte de aquella directiva del llamado «Celta del Marlboro».
El equipo de Celso Lorenzo Villa hacía sus desplazamientos en un moderno
autobús Dodge regalo del Centro Gallego de La Habana que lucía el nombre y el
escudo del club pintados. En el autobús, aparte de los jugadores y técnicos,
viajaban siempre y en toda circunstancia varias cajas de Marlboro que se vendían entre el público Un contrato tentador
mientras se jugaba el partido.
Celso Lorenzo estaba casado, atención, con la hija de un sargento de la
Guardia Civil. En familia asistían todos los domingos a misa en un Jaguar de color
beige.
Los capos de la década de los 60 tenían a su cargo a cientos de
trabajadores; entre todas y cada una de las organizaciones daban empleo a miles y miles de vecinos de
la zona del Baixo Miño y Vigo (y más tarde a los de las Rías Baixas y la
Costa da Morte). Vestían con trajes comprados en la capital de España y Barna, iban al
volante de vehículos de gama alta, eran los protagonistas de grandes banquetes,
filántropos de parroquias y fiestas populares, estaban siempre y en toda circunstancia rodeados de
mujeres bellas…

Y, lo más importante: los jefes del tabaco  flotaban en exactamente la misma charca que
políticos, alcaldes, banqueros y empresarios.
Había un tiempo de tolerancia por la parte de autoridades y políticos cara el
contrabando. Lejos de ser considerados criminales, los contrabandistas
gozaban del respaldo social y vecinal sin grietas. Era una profesión por la que
suspiraban muchos gallegos, y quien accedía a ella, sacaba pecho. Recuerdan en
Tui, localidad ubicada entre Vigo y la frontera con Portugal, la historia de la
mujer de un contrabandista que fue a registrar al hijo que terminaba de nacer. En la
ventanilla, el funcionario le hizo las preguntas de rigor. En la pertinente a
«profesión del padre del niño», la señora no titubeó: «contrabandista».


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