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Firmado con un klinex

Genero: Terror

Firmado con un klinex Sinopsis

Los lectores que busquen una metáfora fija y estable de la realidad pueden empezar a buscar en otra parte. Lo que impera en estos trece cuentos es el movimiento: historias breves y rápidas, imágenes vibrantes y violentas, personajes que van y vienen entre la realidad y el delirio. Un detective -el zurdo mendieta- investiga una epidemia de suicidios femeninos; dos europeos -un italiano y un francés- discuten una noche antes de que sus selecciones nacionales de futbol se disputen la copa del mundo; cuatro motociclistas se pelean el privilegio de seducir a una asesina; un mundo es dominado por los no lectores y en otro los escritores mexicanos contemporáneos departen vivamente; desfilan también traileros, arquitectos, actrices y hasta una dudosa miss sinaloa.


Ficha técnica

Título: Firmado con un klínex
Autores: Élmer Mendoza
Nº de páginas: 123
Idioma: Español
OS: iOs, Android, Windows
Servidores: Google drive, 1Fichier, Zippyshare, y Onedrive


Descargar libro Gratis Firmado con un klinex – Elmer Mendoza

Fuego esgrimió un cúter. Claro que no pienso seguir, imbécil, pero contigo;
jamás debí vivir contigo y voy a ponerle remedio: no me volverás a ver en tu
perra vida, y aparta tus leprosas manos de mí si no quieres que te las corte. Lo
amenazó, luego cercenó un par de piezas que quedaban en pie, entre ellas el
magnífico jardín colgante. Me largo, ¿oíste, bestia inhumana? Me largo. Está
bien, no hay por qué ser melodramáticos, separémonos; sin embargo, el que se
marcha soy yo. ¿Tú? Amenazándolo con el cúter.

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Claro, vas con tus suripantas,
que te deben estar extrañando, como si el tamaño no importara; pero nada,
chiquito, dije que la que se va soy yo y no intentes manipularme con tu
heroísmo pendejo. Diciendo esto, dio un tajo más a la base de la maqueta,
descolgó y estrelló en el piso una litografía de Carl Andre y se largó.

Tierra quedó paralizado. Le gustaba Fuego pero no era para tanto.
Fuego salió a la calle, alcanzó la esquina y siguió por la gran avenida. El
aire fresco incrementó su rabia. He perdido mi tiempo miserablemente; no es
atractivo, no es interesante, no es mujeriego, no es nada. Y yo carezco del
sentido maternal con el que la mayoría de las mujeres se las arregla. Lejos
estaré mejor. Poco tráfico. Buena luz. Mente en blanco. A los doscientos
metros sintió que la seguían. Una sombra. Apresuró el paso y el otro se le
emparejó. Por favor, mujer, no seas terca, quédate en el depa hasta que
amanezca. ¿Y a ti quién te llamó, Hombre Araña? Como quiera que sea no
quiero que te pase algo. Tú y la campana me tienen hasta la madre, ¿lo sabías?
Señaló adelante con el índice. Está bien, no te merezco, pero es tarde y es
mejor que te quedes en casa, por favor reflexiona. ¿Para que no olvide
nuestras trascendentales épocas de comida china e italiana? A la mierda con tu
pinche espíritu responsable; déjame en paz, idiota.

Metros adelante un auto se colocó a su lado: ¿Por qué tanta prisa, muñeca, a
dónde vas? Aire se hallaba alegre y, pródigo como era, pidió a Agua que se
acercara a esa chica alta, de nalgas redondas, que caminaba tan resuelta.
Fuego se enfadó, sintió sus labios secos, como si moverlos rompiera una
película de plástico, sin embargo. Aire tenía ese aspecto de suficiencia y
seducción. Tierra se acercaba contrito. Decidió disimularlo, Gracias
muchachos, intento zafarme de ese imbécil que quiere aprovecharse. ¿Oíste,
boy? Mujer en peligro. Más superhéroes, pensó, qué hueva. Pero se dispuso a
valerse de ello.

Ayúdenme, por favor, no dejen que ese abusador me haga
daño. En efecto, los chicos simpáticos se bajaron y encararon a Tierra, que era
de baja estatura y algo grueso.

Ni creas que te vas a salir con la tuya,
pendejete, lo recibió Agua con tremenda patada en el muslo. Ey, tranquilos, la
señora es mi esposa y está un poco tomada. Ellos se volvieron a Fuego que
rápido respondió: Es un truco, no le crean, en mi vida lo he visto y quiso
abusar de mí. ¿Cómo la ves? Nos quiere ver la cara de pendejos. Pendeja será
tu madre, Aire que era el más osado, se encendió. No miento, es mi mujer.
Imposible exponer más razones. Aire le plantó un derechazo en la cara que
lo tambaleó y Agua le pateó hasta el fondo la entrepierna. Con la muchacha no
te metas, malparido. Hincado. Sangre en nariz y boca. Sofocado. Fuego
observaba sin placer. Aire accionó su cero siete y le cortó una oreja.

Oh,
exclamó Fuego anonadada, llevando su mano a la boca, porque se visualizaba
en la escena y sentía el peso del cúter en un bolsillo del pantalón. Tierra
intentó parar la hemorragia con sus manos pero cayó desmayado. Los chicos
se volvieron a la joven. Nalgas redondas. Bueno, mi amor, no te puedes quejar
de falta de protección, ahora, estamos para mejores cosas. Claro, son tan
guapos, tan caballeros, que lo merecen todo; pero yo soy una mujer decente y
no aceptaría nada que no lo pareciera, así que quiero sus teléfonos. Los
muchachos se miraron con sorna, ¿Cómo ves, boy? ¿Qué nos pasa esta noche?
Todo mundo cree que somos estúpidos.


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