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Fuimos destino – Veronica BlackSmith

Genero: Aventura

 Sinopsis del libro 

La vida de la joven Sara es perfecta: buena estudiante, aunque de familia humilde, quiere ir a estudiar magisterio a la universidad junto a su primer amor Javier, con quien planea casarse… Sin embargo, un grave accidente familiar provocará que todos sus planes de futuro al lado de Javier queden truncados. Su familia acaba arruinada, así que Sara se ve empujada a casarse con un hombre algo mayor que ella, pero muy rico, cuyo matrimonio serviría para salvar la maltrecha economía de su familia, para ello deberá abandonarlo todo: sus sueños, su carrera, su amor… y marcharse a vivir a Inglaterra.

No obstante, el transcurrir de los años, y el caprichoso destino, conseguirán que, tras la muerte de su marido, Sara se encuentre de nuevo con Javier en España. A su vez, Sara se verá envuelta en una telaraña de intrigas políticas y financieras que le harán tomar conciencia del mundo en el que se había estado moviendo su acaudalado esposo.

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Ficha técnica del  libro

  • Título: Fuimos Destino
    Autores: Veronica BlackSmith
    Tamaño: 0.86MB
    Nº de páginas: 479
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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Abandonamos la notaría hacia mi apartamento en la city. Había demasiadas
cosas que poner en orden y tenía ganas de relajarme y tomar una copa para
olvidar. Eché la cabeza hacia atrás y cerré los ojos. El primer pensamiento
que se coló en mi mente fue el de Javier y los maravillosos días que había
vuelto a vivir a su lado, aunque fuese como vecina. ¿Cómo andaría? ¿Habría
elegido ya el traje de novio, ese azulón que resaltaba sus ojos? Quise
tranquilizarme y disfrutar del recuerdo de esos días junto a él. Ahora que
definitivamente sería de otra, era lo único que me quedaba, recuerdos.
Pero entonces, algo en el bolsillo me quemó, me atrapó con su urgencia
haciendo que los pensamientos de alegría y sosiego junto a Javier
desapareciesen de golpe. La carta que me había entregado el notario ardía en
mi mano derecha. Tenía que abrirla antes de llegar a casa. Si Robert se la
había dado con tanto misterio, a pesar de lo previsible y normal que hasta
ahora había sido mi marido, significaba que había algo que solo yo debía
saber.

Rasgué con disimulo el sobre y me incliné sobre la ventana, así tendría más
intimidad.
Querida Sara,
Te estarás preguntando qué significa esta carta con tanto secretismo y
misterio. Te la escribo porque cuando la enfermedad me abordó, yo estaba
envuelto en un asunto un tanto delicado. No creas que mi trabajo ha sido tan
legal y transparente como aparentábamos…
Resulta que hace unos meses llegó a mí una cuenta por error que
pertenecía al gobierno británico. Ese cliente trabajaba con ventaja en bolsa
pues sabía de antemano los movimientos de empresas públicas y privadas y
se anticipaba ilegalmente a los movimientos del mercado especulando con
dinero público. Solo pude tener acceso a ella unas horas, puesto que alguien
se equivocó y me dio acceso a mí. Descubrí entonces que dentro de I&B
Stockbrokers había un topo, alguien que trabajaba para el gobierno de
manera encubierta, consiguiendo beneficios ilícitos para los peces gordos
gubernamentales.

Mi investigación me llevó a descubrir muchas más cuentas en paraísos
fiscales: Bahamas, Suiza, Caimán, etc., movimientos irregulares e ilegales
que tumbarían el actual gobierno británico. Cuando me acerqué demasiado,
me acordé de vosotras y decidí dejarlo. Mi jefe sospechó algo y nos dijo a
todos que quien tuviese algo que ver con el asunto que lo abandonase
inmediatamente.
Dentro del círculo más íntimo de mis compañeros, los que trabajábamos
en la misma planta, dije que yo había recibido cierta información pero que
la tenía guardada en un pendrive como salvavidas por si alguien iba contra
mí o mi familia. Ese día llevaba la preciosa americana azul en velveton y
cachemir que me regalaste. A todos les dije que lo llevaba encima. Fue el
último día que pude ir a trabajar, después tuve que ingresar en el hospital.
De modo que si alguien pregunta por esa chaqueta sabrás quién era el topo
y con quién deberías tener cuidado.
Siento muchísimo ponerte en peligro, mi vida. Por el pendrive no te
preocupes, está a buen recaudo, escondido donde nadie lo encontraría. Solo
te diré por si necesitases recuperarlo que está bien custodiado en una tierra
bastante más soleada que Inglaterra y a la que tú amas con todo el corazón.
Siempre estaré cerca de ti, te quiere: ROBERT
Me quedé perpleja. Mi vida acababa de dar otro giro más.

¿Cómo se
llamaba el ángulo que supera los 360º?
Parecía como si Robert me hubiese contado una película de espías. Jamás
había sospechado que su trabajo fuese tan peligroso, estresante sí, pero no
peligroso. El gobierno británico estaba involucrado… Por lo que había escrito,
imaginé dónde habría escondido ese peligroso pendrive.
—¿Te encuentras bien? —Preguntó Paul mirando por el retrovisor— estás
muy pálida.
—Estoy bien —mentí.
—¿Qué dice la carta? ¿Malas noticias?
La sangre se me heló. ¿No podría confiarles este secreto ni a mis mejores
amigos?
—Son cosas nuestras… Demasiados recuerdos para un solo día.
Robert me había vuelto a dejar sola con el marrón. Estaba deseando llegar
a casa y quemar esa maldita carta que complicaba aun más mi existencia.
Llegamos al portal y no había nadie para recibirnos o abrir la puerta. Era
extraño, el señor Jennings siempre estaba dispuesto, plantado como un adorno
más del recibidor, solícito a cualquier requerimiento. Tal vez estaría ayudando
a algún inquilino en otra planta.

Busqué las llaves y tardé en encontrarlas entre pañuelos, chicles y
gominolas de Carmen. Era increíble todo lo que podía albergar un espacio tan
reducido como era el bolso de una mujer. Patricia y Paul me acompañaron a
casa. Patty dijo que prepararía algo de comer con lo que encontrase.
Cuando el ascensor se abrió, me quedé paralizada ante lo que vi. La puerta
de mi apartamento estaba abierta de par en par. Algunos CDs y papeles
descansaban en el pasillo de la entreplanta, fuera del domicilio. No había
duda, habían entrado a robar.


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