Saltar al contenido
▷ Descargar libros gratis en pdf y epub 【2019】 Una página libre de Virus!!

La muerte del comendador

Genero: Drama

Sinopsis del libro

En plena crisis de pareja, un retratista de cierto prestigio abandona Tokio en dirección al norte de Japón. Confuso, sumido en sus recuerdos, deambula por el país hasta que, finalmente, un amigo le ofrece instalarse en una pequeña casa aislada, rodeada de bosques, que pertenece a su padre, un pintor famoso.

En suma, un lugar donde retirarse durante un tiempo. En esa casa de paredes vacías, tras oír extraños ruidos, el protagonista descubre en un desván lo que parece un cuadro, envuelto y con una etiqueta en la que se lee: «La muerte del comendador». Cuando se decida a desenvolverlo se abrirá ante él un extraño mundo donde la ópera Don Giovanni de Mozart, el encargo de un retrato, una tímida adolescente y, por supuesto, un comendador, sembrarán de incógnitas su vida, hasta hace poco anodina y rutinaria.

Descarga aquí los libros originales y apoya a los autores.

Este primer volumen de la novela La muerte del comendador es un fascinante laberinto donde lo cotidiano se ve invadido de señales indescifrables, de preguntas cuya respuesta todavía está lejos de vislumbrarse. El lector, al igual que el protagonista, deberá permanecer muy atento


Ficha técnica

  • Título: La muerte del comendador (Libro 1)
    Genero: Drama

    Tamaño: 4.83MB
    Nº de páginas: 564
    Idioma: Español
    OS: iOs, Android, Windows
    Servidores: Google drive, 1Fichier, Zippyshare, y Onedrive


Descargar libro Gratis La muerte del comendador – Haruki Murakami

No podía olvidar las últimas palabras de mi mujer cuando me fui de casa:
«Aunque nos separemos de este modo, ¿podemos seguir siendo amigos?». En
aquel preciso instante (y aun bastante después) fui incapaz de entender qué
quería decir, qué pretendía en realidad. Sus palabras me dejaron atónito. Me
sentí como si hubiera comido algo totalmente insípido, y quizá por eso solo
pude contestar que no lo sabía. Fue lo último que le dije. Como despedida,
sin duda, resultó lamentable.

A pesar de habernos separado, yo sentía como si, en cierto modo, aún
siguiéramos conectados por un tubo a través de cual, aunque no se viera, aún
bombeaba algo de sangre caliente entre nuestros corazones. Al menos eso era
lo que yo sentía, aunque daba por hecho que el tubo no tardaría en romperse.
Por tanto, como esa delgada cuerda de salvamento que aún existía entre
nosotros se iba a cortar, más valía quitarle la vida cuanto antes, porque, de
esa manera, si el tubo se secaba antes como un cuerpo al momificarse, el
dolor que le produciría la hoja afilada del cuchillo al cortarlo sería más
soportable. Así que debía olvidarme de ella cuanto antes, y por eso intentaba
no mantener ningún contacto real. Solo sucedió en una ocasión después de mi
viaje, cuando quise pasar a recoger mis cosas.

Fue la única conversación que
mantuvimos después de separarnos. Algo muy breve.
No me cabía en la cabeza la idea de mantener una relación de amistad una
vez roto nuestro matrimonio. Durante los seis años que había durado,
habíamos compartido muchas cosas: nuestro tiempo, nuestros sentimientos,
palabras, silencios, dudas y decisiones, compromisos y resignación,
momentos de placer y de aburrimiento. Ambos teníamos nuestros propios
secretos, sin duda, pero incluso eso, la sensación de ocultarnos algo, lo
compartimos de algún modo. Habíamos encontrado el «peso de la rutina» que
solo puede surgir con el tiempo. Gracias a esa especie de fuerza de la
gravedad nuestros cuerpos se habían adaptado el uno al otro y habíamos
vivido en equilibrio. Habíamos creado nuestras propias reglas, y anularlas de
repente, eliminarlo todo, romper el equilibrio, solo para convertirnos en
simples buenos amigos, me parecía sencillamente imposible.

Era muy consciente de ello. Mejor dicho, había llegado a esa conclusión
después de pensarlo una y otra vez durante mi largo viaje por el norte de
Japón. Le había dado muchas vueltas, y la conclusión era siempre la misma.
Era mejor mantener la distancia, cortar todo contacto. Me parecía la forma
más adecuada y razonable de enfrentarme a ello, y actué en consecuencia.
Yuzu, por su parte, no se puso en contacto conmigo. No me llamó ni una
sola vez, no me envió ninguna carta, y eso a pesar de que había sido ella la
que propuso seguir siendo amigos. Por extraño que pueda parecer, su actitud
me dolía más de lo que me esperaba. No. A decir verdad, yo mismo me hacía
daño. Mis sentimientos no dejaban de oscilar como un péndulo cortante que,
de un extremo al otro, dibujaba un gran arco sumido en el silencio. Ese
vaivén de mis sentimientos dejó muchas heridas en mi piel, y para ahuyentar
el dolor solo tenía un recurso: pintar.
La luz del sol entraba por la ventana del estudio. Una suave brisa agitaba de
vez en cuando las cortinas blancas, y en la habitación olía como las mañanas
de otoño. Desde que vivía en aquella casa me había hecho muy sensible a los
cambios de aroma de las estaciones. En la ciudad, ni siquiera era consciente
de que existieran.
Estaba sentado en la banqueta y miraba fijamente el retrato de Menshiki
en el caballete. Era mi forma de abordar el trabajo. Recapitular por la mañana
con una mirada fresca el resultado del trabajo del día anterior. No tenía prisa
por preparar los pinceles.


Leer  en online dando clic abajo

 online


PDF


EPUB


libros del mismo autor

Descarga aquí los libros originales y apoya a los autores.

Si en verdad te gusta nuestros libros comparte con un botón de abajo nos ayudará a seguir creciendo muchas gracias por compartir!!!