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La silueta del olvido

 Sinopsis del libro 

La inspectora Claudia Carreras quiere ser una buena policía, y una buena persona. Por ese orden. Pero ambos objetivos le resultan inalcanzables por culpa de la desolación que siente tras el asesinato en Madrid de su compañero y amante, Tomás.Para olvidarlo se traslada a Valencia, donde debe investigar el extraño secuestro de Lara Valls, la hija de una adinerada familia. Pronto

descubre que nada en este caso es lo que parece, y poco a poco empatiza con Lara: ambas son adictas a la literatura, al pasado y al sufrimiento. Tres drogas que pueden llegar a ser mortales.Una trama intrigante, una prosa aparentemente ligera pero repleta de guiños y cargas de profundidad, junto con unos personajes que viven como si trepasen por una cascada, impedirán al lector dejar de pasar las páginas de La silueta del olvido pdf

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Ficha técnica del libro

  • Título: La silueta del olvido
    Autores: Joaquín Camps
    Tamaño: 1.44MB
    Nº de páginas: 412
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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Ahora es ella la que sonríe. ¿Cariñosa?
—Gracias.
«¿Gracias?» La jefa debe de estar muy mal…
—Quiero que tú y Bruno me averigüéis si el doctor tiene denuncias o
quejas de pacientes en los hospitales donde trabaja. Recientes o antiguas,
escarbad desde que tengan registros.
—Eso está hecho. ¿Le ha preguntado a él sobre la cuestión?
—Preguntarle a él es una tontería. No podemos creernos nada de lo que nos
cuente. Tenías razón, no es trigo limpio.
Y de nuevo, el retrato de Lara se mete en la conversación. Ramón sabe que
tiene que intervenir para cerrarle la boca.
—No entiendo cómo un padre puede ser tan frío. Usted ya sabe que mi

madre enviudó joven…
La inspectora lo mira dejando claro que, diga lo que diga a partir de ahora,
podrá ser utilizado en su contra.
—Pues le aseguro que los veinte años que pasamos juntos, los dos solos en
su piso que ahora es el mío, fueron los mejores de mi vida. Hace ya una
década que se me fue y aún la echo de menos. Todo me gustaba de ella:
cariñosa, limpia, generosa… Chocolatito con churros todas las mañanas,
sábanas almidonadas día sí día no, nunca me dejaba pagar en el súper… —
Tricota recuerdos como tricota manoplas, sin advertir el patetismo de ambas
aficiones—. ¿A usted qué es lo que más le gusta de sus padres?

—Que están muertos.
El trompazo deja a Ramón un poco sonado. Ni lo ha visto venir, y mira que
está acostumbrado…
—Si vieras la cara de panoli que has puesto… —La inspectora se ríe—. No
soy un bicho tan raro, mis padres eran buena gente, pero no me apetece hablar
de ellos.
A pesar del aturdimiento, observa los ojos de Claudia. Su jefa es una
persona extraña. Totalmente hermética, y totalmente transparente. Su mirada
trasluce cada uno de los sentimientos que tiene, pero por su boca él jamás ha
escuchado nada íntimo. Verdaderamente íntimo.

—¿Por qué no quiere hablar de sus padres?
—¿Tú sabes algo de psicoanálisis?
Pa qué pregunto…
—Hay una máxima de oro: si dudas sobre quién es el culpable de lo que te
pasa, utiliza el comodín. Los padres.
Sarcasmo. ¿Quién es ahora el panoli? Ramón, si se atreviese, le preguntaría
de dónde viene todo ese rencor. Sí, los padres tienen algo que ver. Siempre lo
tienen, no hay manera de evitarlo, sería como intentar que el agua de la
manguera no supiese a goma. También está lo de la cojera. Esas cosas marcan,
sobre todo si eres chica. Pero la inspectora es una jabata que ha conseguido
superar ese problema, y a pesar de él y de ser mujer, triunfar en una profesión
tan machista como la suya… Hay algo más, algo más duro y sangrante, algo que
a ella no le deja cicatrizar. No, Ramón se corrige: algo que ella no deja que
cicatrice. Porque hay relaciones románticas que se sustentan en la
imposibilidad de que se hagan realidad. Se sustentan en la distancia, en el
recuerdo, en la añoranza. Y a la vez que se sustentan, te sustentan. Como una
armadura sustenta a un guerrero muerto.
—¿Le apetece que nos marquemos un Burger King?
En los mentideros de jefatura se habla de un tipo en Madrid con el que tuvo
una historia que acabó mal. La silueta del olvido epub De hecho, acabó tan mal que acabó en el tanatorio.
¡Pero, jefa! ¡¿A quién se le ocurre encapricharse de un tío casado y con dos

hijos, que además es tu compañero?! Con lo lista que es para unas cosas, y
para otras parece una criatura. Yo no sabré


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