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Las flores y los tanques

Genero: Historia

Sinopsis del libro

Una revolución para crear un sistema hasta entonces inédito que uniera lo mejor del socialismo y la democracia, que alumbrase una fórmula de justicia en libertad; una contrarrevolución para restaurar el capitalismo y arrancar a Checoslovaquia de la ” comunidad socialista ” ; una reforma del régimen comunista para hacer más eficaces sus métodos y estructuras.

Todo eso fue —y a la vez no fue— lo que se conoció en el mundo como Primavera de Praga, dependiendo de quién la juzgase y de dónde pusiera el foco. Porque el proceso no tuvo una dirección y un sentido únicos. Este es el relato de aquella experiencia tan breve como apasionante, llena de esperanzas y contradicciones, de oportunidades y amenazas, tan peculiar como para que hace cincuenta años el mundo —lleno entonces de conflictos— mirase expectante a un pequeño país en el corazón de Europa. Una experiencia que los checos y eslovacos quisieron desarrollar de forma pacífica, incluso cuando la URSS y otros cuatro miembros del Pacto de Varsovia la interrumpieron por la fuerza. La resistencia inicial a la ocupación, con una unidad y un ingenio que nadie había previsto, volvió a asombrar al mundo y llegó a hacer pensar que el sueño, tal vez, pudiera ser posible, pese a todo.


Ficha técnica

  • Título: Las flores y los tanques
    Autores: Luis Zaragoza
    Tamaño: 5.23MB
    Nº de páginas: 678
    Idioma: Español
    OS: iOs, Android, Windows
    Servidores: Google drive, 1Fichier, Zippyshare, y Onedrive

Descargar libro Gratis Las flores y los tanques – Luis Zaragoza

Pero hay otra curiosidad de la historia moderna checoslovaca que nos
ofrece una visión menos idílica: de los nueve presidentes del país en sus
setenta y cinco años de existencia, cuatro estuvieron más de tres años en la
cárcel, uno pasó algo menos tiempo, otro murió en ella, y los tres restantes
escaparon de la cárcel o la ejecución solo porque huyeron del país (Klíma,
2010: 57).

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Y ya que andamos con curiosidades históricas, interesa señalar una última
que tiene mucho que ver con el tema que nos ocupa: la recurrencia del
número ocho en los acontecimientos cruciales de Checoslovaquia. Es algo
anecdótico —si se quiere—, basado en una selección parcial de hechos —
podría decirse—, y, sin embargo, los checos y eslovacos llegaron a atribuir a
ese número un carácter casi mágico, a sentir una fascinación casi
supersticiosa (una «verdadera obsesión», en palabras del filósofo Milan
Šimečka) ante estas coincidencias. Repasemos: 1618, tercera defenestración
de Praga que da origen a la Guerra de los Treinta Años; 1848, revueltas
nacionalistas en el marco de la llamada «Primavera de los Pueblos»; 1918,
nacimiento del país; 1938, tratado de Múnich con el que se inicia su
desintegración; 1948, implantación del régimen comunista; 1968, Primavera
de Praga. Cuando llegue 1988, en un entorno mundial de cambios, muchos
checos y eslovacos esperarán que vuelva a obrarse el milagro y que algo, lo
que sea, pase (Auer, 2008: 1678).
UNA «RARA AVIS»
«Checoslovaquia nació en 1918 y no solo como entidad política, sino
también como una palabra que antes […] nadie conocía ni intuía. […] A lo
largo de los siglos, los contactos entre checos y eslovacos fueron más bien
infrecuentes» y, aunque unidos ante todo por la proximidad de sus lenguas,
«la historia de cada uno de ellos discurrió de manera diferente» (Klíma, 2010:
131).

Por una parte estaban las Tierras Checas. Las formaban los territorios de
Bohemia (con un indudable protagonismo de Praga), una parte de la Silesia y
Moravia (con Brno como ciudad más importante), que de algún modo servía
de transición hacia el territorio de Eslovaquia, con Bratislava como capital. El
reino checo desempeñó un papel importante en la historia de Europa entre los
siglos XIII y XVII, bien como reino independiente, bien en los primeros años
del dominio Habsburgo, al que se incorporó en 1526 (fue la sede imperial
durante algunos años). Eslovaquia estuvo en poder de los húngaros casi un
milenio y durante mucho tiempo ni siquiera tuvo unas fronteras claras que la
definiesen. Cuando la monarquía se hizo dual, en 1867, las Tierras Checas
quedaron bajo la jurisdicción de Viena, y Eslovaquia, en la de Budapest. La
actuación de los húngaros ante las minorías fue mucho más intransigente que
la de los austríacos. Así, las Tierras Checas llegaron a acumular dos tercios
del potencial industrial del imperio y poseían algunas de sus regiones más
urbanizadas, lo que trajo como resultado un movimiento obrero cada vez más
desarrollado.


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