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Valeria al Desnudo – Elísabet Benavent

 Sinopsis del libro 

Valeria está con Bruno  Valeria al Desnudo pdf pero ¿por qué no deja de pensar en Víctor? Valeria ha elegido no sufrir y Víctor ser sincero, ¿podrán ser amigos? Valeria titubea, calla, respira, siente… Valeria no sabe que su vida dará un giro en su próximo cumpleaños… Y desconoce que Lola, Nerea y Carmen buscan su propio final de cuento, ¿o no? Elísabet Benavent ha revolucionado las redes sociales con la publicación de En los zapatos de Valeria, Valeria en el espejo y Valeria en blanco y negro, que se han convertido en imprescindibles para miles de lectores.

Las aventuras de Valeria y de sus amigas atrapan y envuelven, y su lectura se convierte en una experiencia ágil, llena de humor. Divertida, contemporánea, sensual, Valeria vuelve de nuevo con más dudas que nunca, escéptica, desconfiada… Pero el destino le tiene reservadas muchas sorpresas.

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Ficha técnica del  libro

  • Título: Valeria al desnudo
    Autores: Elísabet Benavent
    Serie: IV de Valeria
    Tamaño: 1.29MB
    Nº de páginas: 690
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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El jueves Carmen se despertó con un molesto dolor intermitente en la zona
lumbar, lo que solemos denominar dolor de riñones. Borja se fue a trabajar a las
ocho de la mañana y ella se quedó sentada en la cocina notando cómo, poco a
poco, una especie de rampas le azotaban la parte baja del vientre. Vale, estaba de
parto, estaba claro.
Pasó de la ilusión al pánico unas doscientas veces hasta que decidió que era
mejor callarse por el momento, hasta que los síntomas avanzaran un poco más.
No quería ir al hospital y pasarse en dilatación día y medio, como su cuñada. Fue
a su habitación, revisó que en la maleta que tenía preparada lo llevaba todo y
después la dejó junto a la puerta respirando hondo. No. No estaba preparada.

A las cuatro de la tarde los dolores empezaron a ser más y más fuertes hasta
que una contracción la dobló en dos. Cogió el teléfono y llamó a Borja.
—Dime, cariño —contestó Borja con el sonido inconfundible de las teclas del
ordenador de fondo.
—Borja, estoy de parto.
—¿Ya? —dijo, exaltado de pronto.
—Sí.
—¿Han empezado ahora los dolores?
—No. Los tengo desde esta mañana. Creo que ya está muy avanzado.
Borja ni le contestó. Colgó el teléfono, se puso en pie y, mientras cogía la
chaqueta, les dijo a sus compañeros:
—Me voy. Tengo que ser padre.
Unos aplausos lo acompañaron hasta la salida, donde se encontró con Dani, su
jefe y exnovio de Nerea.
—¿Adónde vas tan deprisa?

—A por Carmen. Parece que Gonzalo está empujando para salir.
—¡Enhorabuena! —dijo palmeándole la espalda—. Anda que no habéis
corrido vosotros ni nada. Ale, ale.
Borja bajó a la calle y se encendió un cigarrillo. Le dio dos caladas y lo tiró a
la vez que se subía en el primer taxi libre que vio.
Cuando llegaron al hospital, a las cinco menos cuarto, Carmen ya había
dilatado solita la friolera de siete centímetros. Ella, que es muy apañada, llevaba
hecho de casa la mayor parte del trabajo. La metieron en la sala de dilatación y
antes de que pudiera acostarse, rompió aguas.
El parto fue natural y limpio, muy corto. A las seis y media Carmen ya
estaba dando los empujones finales, cogida de la mano de Borja, que estaba
callado, mirándola resoplar, sudorosa y roja. Gonzalo tomó su primera bocanada
de aire a las seis y treinta y dos minutos, estallando en un llanto histérico. Cuando

lo dejaron algo más limpio sobre el pecho de Carmen ella se quedó mirándolo,
sorprendida, anonadada. Gonzalo ya no lloraba. Solo abría y cerraba los deditos
de sus minúsculas manos, mirando con esos ojos ciegos de los bebés. Borja se
mordió el labio inferior, emocionado, y Carmen no pudo más que susurrar:
—Hola, cariño…, soy mamá.
De pronto, daba igual que tuviera miedo y que hasta pensase que habían
cometido una locura teniendo un hijo tan pronto. Daba igual que no estuviera
preparada porque, de repente, era madre.
Después de que Borja me llamara para decirme que ya eran padres, lo
primero que hice fue marcar el número de Bruno, que me sorprendió al
anunciarme que vendría esa misma semana. En un primer momento de
ingenuidad pensé que venía solamente porque para mí era importante que ambos
conociéramos al primer bebé de la pandilla. Pero en realidad, como más tarde
me aclaró él, tenía que acudir a una reunión. Lo habían llamado porque parecía
que la idea de hacer de Valeria al Desnudo epub su primera novela una serie de televisión había mutado
hasta convertirse en el proyecto de una película. Y por fin llegaba a buen puerto.
Además, querían que supervisara las labores de guion.
—Es genial. Enhorabuena —le dije muy emocionada por él.


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