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Los moteros del MidWay

 Sinopsis del libro 

¡Las historias de la serie Moteros que siempre has querido leer!

Amor, enredos y muchas sorpresas es lo que encontrarás en este esperado extra que da voz a tus secundarios favoritos, acompañados, por supuesto, de los protagonistas “estrella” de la serie: Dakota, Evel y Dylan.

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Con un formato similar al de una serie televisiva y una narración ágil, te enganchará desde la primera página y no podrás parar de leer.

Los Moteros del MidWay 1 es la primera temporada de las tres que componen este extra tan especial de la Serie Moteros.


Ficha técnica del  libro

  • Título: Los moteros del MidWay, 1 (Extras Serie Moteros) (Spanish Edition)
    Autores: Patricia Sutherland
    Tamaño: 0.97MB
    Nº de páginas: 365
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

Descargar libro de Los moteros del MidWay – Patricia Sutherland
en pdf o epub Gratis

Los pensamientos de Tina resultaron evidentes para el menorquín, que volvió
a obsequiarle una de sus sonrisas marca de la casa.
—No son tantos como crees. En cualquier caso, da igual si les caigo bien o
no. Son empresarios, lo que les importa es la cuenta de resultados.
Tina movió la cabeza a un lado y a otro, pensativa, haciendo que él no
pudiera apartar los ojos de aquella preciosa cabellera negra y sus sutiles
movimientos ondulantes.
—Hay que tener talento para soportar eso. Tú lo tienes —dijo al fin,
volviendo la cabeza para mirarlo—. Se te da de fábula eso de ser el hombre en la
cresta de la ola ante quien todos se prosternan para seguir recibiendo tus favores.
Yo no podría.
Pau la miró con una expresión divertida. No acababa de ver claro si aquello
había sido un cumplido… o todo lo contrario.
—Sé que se me da de fábula. Si no fuera así, no estaría donde estoy. Que mi
apellido sea Estellés es suficiente para formar parte del consejo, no para
presidirlo. Además, todos le hacemos la pelota a alguien en algún momento de la
vida. Tina le dedicó una mirada irónica que Pau se tomó con humor.
—Todos —afirmó él—. Es simple, mira… Si tú me interesas, haré lo
imposible para convencerte de que soy tu mejor opción. Y esto vale en todos los
ámbitos de la vida, no solo en los negocios.

¿En serio?, pensó Tina. La idea del “todos” ya le resultaba bastante
surrealista antes de que la sacara del ámbito de los negocios. ¿Qué había sido
eso? ¿Un intento de hacerle la pelota a ella?
Los dos se sostuvieron la mirada. En la de él había la misma seguridad que
había teñido sus palabras, en la de Tina, desafío.
—Cuestión de opiniones, supongo —repuso ella. Su mirada se tornó aún más
desafiante cuando añadió—: Yo desconfío de los que se esfuerzan por
convencerme de algo. No puedo evitar preguntarme qué ocultan, que intentan
que yo no vea.
Pau sonrió, sacudió la cabeza. Le encantaban las personas de carácter. Había
crecido rodeada de ellas y en su compañía sentía como pez en el agua. Y porque
sabía cómo manejarse con ellas, decidió que era hora de contraatacar.
— ¿Te parece bien si volvemos a la fiesta?
Tina frunció el ceño. Ahora lo que tenía frente a sí era un caballero
señalándole gentilmente el camino hacia la escalera mientras esperaba su
respuesta con una sonrisa. Aquello no le cuadraba. ¿A qué venía aquel salto tan
drástico?
La respuesta no tardó en llegar.
—Lo digo porque aquí arriba hace frío y no quisiera ponerte en pie de guerra
ofreciéndote mi chaqueta… Ya sabes, por lo de que no te gustan los alfas y todo
eso… Durante un instante, la entrenadora permaneció estudiándolo. Que lo hubiera
llamado macho alfa, como era de esperar, no le había gustado al menorquín, pero
dudaba de que él buscara continuar con la conversación.

Volvería a sacar el
tema, eso seguro, pero cuando a él le conviniera. Era de los que entendían la vida
en términos de conveniencias y sabían esperar el momento propicio. Así que si
no la estaba picando para sacar el tema, ¿por qué lo había dicho? Era galante,
seductor, seguro de sí mismo y de la clase de hombre que ofrecía su chaqueta a
la dama en cuestión. Era lo que se esperaba de él, y lo que la clase de mujeres
con las que se relacionaba, esperarían de él. Pero a ella, en realidad, no se la
estaba ofreciendo. ¿Por qué?
Al fin, una sonrisa incrédula se abrió paso en el rostro de Tina.
—¡¿Lo dices en serio?! —exclamó, genuinamente divertida mientras se
alejaba—.¿Crees que me quedaría a esperar que me la ofrezcas? ¡Si tuviera frío
te la habría pedido yo misma, hombre! ¡Qué poco me conoces!
Pau se apresuró a seguirla. No sabía cuánto le dudaría a Tina el efecto del
cava, pero pensaba aprovecharlo hasta el último segundo. Ella le parecía todo un
descubrimiento.
—Eh, eh, no tan rápido… A ver si al final va a ser cierto que sentías frío…
—Que no. ¿A eso le llamas tú frío? Frío es lo que hace en mi tierra, no esto.
—¿Ah, no? —Pau se hizo a un lado para ceder el paso a un grupo que subía
la escalera. Se limitó a saludarles gentilmente con un movimiento de cabeza y a
seguir camino abajo, detrás de Tina—. ¿Y esto qué es en tu experta opinión?
Estamos a nueve grados, señorita.

—Pues no lo sé… ¿Fresquito a secas? —repuso ella, tronchándose.
Entre risas y comentarios, llegaron al salón principal. Pau no perdió ni un
instante; la tomó de la mano y la condujo hacia la pista de baile.
—¿Quieres bailar? — Y, para sorpresa de Tina, cuando acabó de decirlo, ya
estaba moviéndose al son de la música.
Por lo visto, Pau Estellés no sólo tomaba la iniciativa cuando se trataba de
negocios. Increíble. Debía reconocer que aquella noche encontraba divertidas
sus salidas, pero teniendo en cuenta que solía suceder justamente al contrario, o
él estaba desplegando todos sus encantos, o ella había bebido demasiado cava.
O ambas.
—¿Pero cómo, sabes bailar? —Sus ojos negros se posaron desafiantes sobre
el menorquín que respondió con una de esas sonrisas que aceleraban el
calentamiento global.
—¿Que si sé? —rió de buena gana—. Soy el único varón de cuatro hermanos
bastante mayores que yo, así que seguro que te puedes imaginar cómo fue mi
adolescencia… ¡Era su príncipe, tenía que ser el mejor en todo! — Y el DJ, con
toda su fama, iba a salir volando por la ventana como no empezara a poner
música bailable, pensó el menorquín al tiempo que echaba una mirada al
escenario donde él, con unos cascos color amarillo limón, también se movía al
son de la música, completamente metido en su trabajo. Tendría que ir a decírselo
personalmente, ya que el tipo parecía ajeno a todo.

Tina observaba a Pau cada vez más sorprendida. Lo de ella se debía
(seguramente) al cava, ¿pero y lo de él? Este Pau le recordaba al muchacho
guapo y divertido que conociera años ha, pero a ese hacía tanto que lo había
perdido de vista, que le resultaba increíble que hubiera reaparecido, que
estuviera allí con sus ocurrencias y su sonrisa imposible. Hacía mucho tiempo
que en su mirada ya no quedaba rastro de inocencia, que se había convertido en
alguien poderoso ―para ella, un imbécil― acostumbrado a decidir y a dirigir.
Alguien que se metía tan bien en el papel, que incluso lo hacía extensible a su
familia y, seguramente, a las mujeres de su vida.
¿Quién eres, realmente?
Hubo un cruce de miradas en la que Pau creyó percibir un súbito cambio en
el talante de Tina, pero no tuvo la ocasión de confirmarlo porque en ese
momento alguien lo tomó del brazo.


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