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Los peces de la amargura

 Sinopsis del libro 

Un padre se aferra a sus rutinas y aficiones, como cuidar los peces, para soportar el trastorno de una hija hospitalizada y también inválida; un matrimonio termina fastidiado por el hostigamiento de los entusiastas contra un vecino y aguardan que este se resuelva a marcharse; un hombre hace todo lo que resulta posible a fin de que no lo señalen, y vive aterrorizado por el hecho de que todos le dan la espalda; una mujer decide irse con sus hijos sin comprender por qué razón la hostigan.

A forma de crónicas o bien documentales, de testimonios en primera persona, de cartas o bien relatos contados a los hijos, Los peces de la amargura recoge fragmentos de vidas en las que, sin dramatismo aparente, solo asoma la emoción –a la par que el homenaje o bien la denuncia– de forma indirecta o bien inopinada, esto es de la forma más eficiente. Es bastante difícil comenzar a leer las historias de entrada modestas, de una falsa sencillez de Los peces de la amargura, y no sentirse conmovido, sacudido –

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a veces, indignado– por la verdad humana con que están hechas, una materia exageradamente dolorosa para tantas víctimas del crimen basado en la disculpa política, mas que solo un narrador inusual como Aramburu consigue contar de forma auténtica y admisible. La pluralidad y originalidad de los narradores y de los enfoques, la riqueza de los personajes y sus diferentes experiencias consiguen componer, como novela coral, un cuadro indeleble de los años de plomo y sangre que se han vivido en Euskadi.


Ficha técnica del  libro

  • Título: Los peces de la amargura
    Autores: Fernando Aramburu
    Nº de páginas: 742
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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Que se ande cuidadosamente si no desea perderlo. Triste.
Una noche, la hija nos despertó. Faltaba semana y media a fin de que los
periódicos la describieran como una mujer de 29 años que pasaba
casualmente por el sitio de la explosión. Serían las 3 o bien las 4, no estoy
seguro. Realmente, me despertó Juani de un codazo. Yo ni sentí a la hija
llegar ni oí que había comenzado a hablarnos con la cabeza metida por la
abertura de la puerta. Entraba luz del corredor. Jesús, afirma esta que se casa.
Pregunté, medio dormido, que con quién. Juani se adelantó a la contestación de la
hija.

Con quién será, con el gigante. Lleva por nombre Andoni, precisó la hija desde
la puerta. Se le apreciaba alegre. Eran otros tiempos. Pienso en el año pasado
como si formara una parte de una temporada vieja. Yo cuando menos me he hecho muy
viejo en los últimos 6 meses y pico. El hombre había venido un par de
veces a casa. Creíamos que sería un amigo de la cuadrilla, a lo mejor un
compañero de trabajo. No se sujetaban de la mano ni se besaban en nuestra
presencia. Recuerdo la primera vez que charlé con él. Me vio en la sala, con la
tapa del acuario levantada. Le estreché la mano. Una mano, sin exagerar, el
doble de grande que la mía. ¿Qué, dando de comer a los peces? Puesto que sí.
Estuvo un rato mirándolos sin charlar.

De pronto enderezó el cuerpo y dijo:
Bonitos. Desde aquel momento me cayó simpático. Así que me pareció
bien que la hija se quisiese desposar con él. Andoni tenía un buen puesto de
trabajo, vestía y se comportaba con decencia, pagaba los plazos de
una residencia y encima había dicho que mis peces le agradaban. Para mí, el
yerno ideal, y para Juani, lo mismo. Lo que ocurre es que es como es,
metete y discutidora, y precisa soltar la última palabra, se hable de lo que se
hable. Mandó a la hija a dormir. Parece que no la creía. Mañana
hablaremos. Que me caso, amá. No he bebido. Claro, claro, habrás estado toda
la noche dale que te pego al agua bendita. Tercié: Enhorabuena. Juani se
revolvió en cama. De un tirón a la manta me dejó, como quien afirma, a la
intemperie. Tú estate calladito. Gracias, aitá. Fue lo último que afirmó la hija
antes de cerrar la puerta. El cuarto volvió a llenarse de obscuridad. Juani me
imitó en son de burla: Enhorabuena, enhorabuena. ¿Te piensas que ha ganado en
una lotería o bien qué? ¡Si supiese esa lo que es estar casada! Triste.
Desde la vuelta de la hija dedicaba más tiempo a los peces. Los había
tenido bastante abandonados mientras que estuvo ingresada en el centro de salud.

Un
día de tantos me levanté por la mañana y hallé 6 o bien 7 fallecidos.
También el chupador, que alguna vez había sido mi pieza más apreciada. Ahora
había recuperado el interés por los peces y volvía a mudarles el agua a
menudo. Arranqué todas y cada una de las plantas cubiertas de algas negras, puse otras
nuevas, adquirí un chupador similar al precedente y vertí en el agua un líquido
que me aconsejaron en la tienda de animales.


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