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No soy un monstruo

Genero: Aventura

Sinopsis del libro 

Si hay algo peor que una pesadilla es que esa pesadilla se repita. Y entre nuestros peores sueños, los de todos, pocos producen más angustia que un niño desaparezca sin dejar rastro.

Eso es precisamente lo que ocurre al principio de No soy un monstruo pdf esta novela: en un centro comercial, en medio del bullicio de una tarde de compras, un depredador acecha, eligiendo la presa que está a punto de arrebatar. Esas pocas líneas, esos minutos de espera, serán los últimos instantes de paz para los protagonistas de una historia a la que los calificativos comunes, «trepidante», «imposible de soltar», «sorprendente», le quedan cortos, muy cortos.

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Porque lo que hace Carme Chaparro libro en No soy un monstruo, su primera novela, es llevar al límite a sus personajes y a sus lectores. Y ni ellos ni nosotros saldremos indemnes de esta prueba. Compruébenlo.


Ficha técnica del  libro

  • Título: No soy un monstruo
    Autora: Carme Chaparro
    Tamaño: 1.16MB
    Nº de páginas: 456
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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Nicolás desapareció un 16 de junio. Se esfumó. Estaba en un sitio y ya nunca más
estuvo. Ni en ese sitio ni en ningún otro conocido. Al principio fue un niño, solo un
niño más, que se había perdido. Como tantos otros cada día. Pero pasaron los minutos
y el sobresalto se volvió angustia. Pasaron las horas y la angustia se volvió drama.
Nico seguía sin aparecer. Su madre lo llevaba de la mano por un centro comercial del
extrarradio de Madrid. Para cuando se dio cuenta, su mano no sujetaba a la de su hijo.
La miró extrañada, con la palma bien abierta, como si eso fuera imposible. La mano
de Nicolás estaba allí. Ella habría jurado que estaba allí una milésima de segundo
antes. Y tenía que seguir estando allí en ese momento.
Pero no. No estaba.
Tres días después de la desaparición, a un tertuliano de esos que se multiplican por
los platós y los estudios de radio se le ocurrió el último gran ingrediente para la
expansión vírica del caso. Lo último que faltaba. Bautizar al supuesto secuestrador.

Lo llamó Slenderman.
Y ya lo teníamos. El culebrón informativo de las vacaciones.
El caso Nicolás se convirtió en tema de portada de la prensa, la perfecta serpiente
de verano para alimentar titulares en época de pocas noticias. Un día tras otro. Una
audiencia millonaria tras otra.
Con lo que no contaron los medios fue con la ola de pánico que se apoderó del
país. De repente, los padres tuvieron miedo de perder a sus hijos. Y a los hijos los
aterrorizaron con el miedo a perderse de sus padres. En plena ola de calor, la
actividad en la calle pareció paralizarse. Los centros comerciales, los más
perjudicados, perdieron más del cincuenta por cien de los visitantes. Pero también los
parques, las playas o las piscinas.

Cualquier sitio en el que antes había niños ahora
estaba extrañamente vacío y silencioso.
El país temía a un secuestrador en serie.
El bulo se hizo magistralmente gigante en las redes sociales. Y a pesar de que nadie
—ni siquiera la policía— sabía nada sobre su aspecto, se multiplicaron los
avistamientos de Slenderman por toda la geografía española. Se crearonhashtags con
supuestos intentos de secuestro que sucedían, a la vez, en varios puntos del país. Se
colgaron fotografías manipuladas que pasaban por verdaderas.
Slenderman existía, tenía a Nicolás y España entera estaba muerta de miedo.
Pero pasó junio. Julio y agosto. Llegó septiembre y los colegios abrieron de nuevo.
Nicolás ya no vendía, los medios eran incapaces de sacar informaciones nuevas con
las que volver a poner el tema de actualidad, y la desaparición del niño de cuatro

años quedó relegada a una pequeña nota a pie de página de vez en cuando.
Nicolás nunca apareció. Y la vida, en todos los aspectos más desalentadores de su
día a día, siguió un segundo tras otro.

Un minuto tras otro. Un día tras otro. Tiempo
sumado al tiempo. Como si fuera posible enterrar algo así.
Y de esa manera habían pasado ya dos años.
Dos años sin Nicolás. Dos años sin Slenderman. Ana y su equipo no se habían
rendido nunca, pero el país olvidó pronto a ese niño de cuatro años. Solo de vez en

cuando, si la madre concedía alguna entrevista emotiva o la policía aseguraba tener
alguna pista nueva, los medios recuperaban la historia
Muy de vez en cuando.
Y así Slenderman y Nicolás No soy un monstruo epub fueron pasando al olvido.
Hasta que Kike se volatilizó.
Y regresaron los titulares. Y el miedo. Y el vacío.


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