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Obertura – D. P. Navarrete

Genero: Historia

 Sinopsis del libro 

Asmodeo, el Demonio de la Lujuria, ha vivido en guerra con Dios, Sus ángeles y los seres humanos desde que fue expulsado del Paraíso junto a Lucifer y todos quienes le siguieron. Humillado por esa derrota, planea su venganza contra el Hijo, esperando el momento para desatar su furia. Sin embargo, dos mujeres mortales truncarán sus planes, la primera al hacer que lo condenen a perder su cuerpo celestial, la segunda, al llevarlo a una salvaje guerra contra todo aquel que intente interponerse entre ambos. Esta guerra sacudirá todas sus creencias y lo forzará a llegar a límites a los que él jamás habría pensado alcanzar.


Ficha técnica del  libro

  • Título: Réquiem de los Cielos. Obertura
    Autores: D .P. Navarrete
    Tamaño: 1.06MB
    Nº de páginas: 735
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

Descargar libro Gratis Obertura – D. P. Navarrete

En un lado de la mesa había un termo de agua con tres tazas y sus
respectivos platillos y cucharas, una botella de sucraloza y un azucarero
amarillo sobre una brillante bandeja plateada; además de un block de apuntes
con un lápiz y una grabadora digital.
La mujer me hizo una seña para que tomara asiento y yo obedecí,
colocándome en la silla de la cabecera, justo donde estaba la grabadora.
La quedé mirando, disfrutando de observar su silueta mientras dudaba si
sentarse frente a mí o a un lado.
-Disculpa –le dije y ella me miró sobresaltada, casi asustada. Eso me
fascinó-. Si quieres hablar de mi club, es probable que salgan algunos datos
que muchos de mis socios no quieran que se sepan y que deberemos analizar
cuidadosamente antes de que escribas tu reportaje. Por lo tanto, te agradecería
que cerraras la puerta y que lo que sea que grabes en ese aparato, quede única
y exclusivamente reservado para tus oídos –agregué, colocándome en mi
faceta de empresario.

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¿Cerrar la puerta?
No podía dejar de mirar su rostro de satisfacción mientras me sonrojaba
como un tomate. Él debía notar lo incómoda y avergonzada que me sentía por
quedarnos a solas encerrados en esa sala, pero no podía dar pie atrás, no
después de que yo misma intentara contactarlo en primer lugar y de que
Gloria tuviera esa repentina urgencia que la hizo abandonarme en un
momento tan tenso como este.
Así que cerré la puerta, escuchando descorazonada el click de la
cerradura.
Ahora me encontraba frente a otra disyuntiva. Si me sentaba frente a él,
tendría que soportar su inquietante mirada todo el rato, en cambio, si me
ubicaba a su lado, estaría peligrosamente cerca de ese oscuro magnetismo que
irradiaba. No me apetecía ninguna de las dos opciones, pero no podía
quedarme de pie toda la mañana junto a la puerta.
Como él estaba en el lugar que yo pensaba ocupar, donde había dejado
mi grabadora y mi block de apuntes, no me quedó más remedio que sentarme
frente a él para tener al alcance mis cosas.
Alargué mi mano hacia el termo, tratando de calmar mi nerviosismo.
-¿Café? –le pregunté, tratando de no mirarlo a la cara. Cosa que fue
imposible.
-Bueno, gracias.

Sus ojos, esos ojos tan profundos y penetrantes, parecieron centellear
fijos en mí cuando me acercó su taza. Por un momento un irracional temor se
apoderó de mí. No pude evitar sentirme como un indefenso conejo a punto de
ser atenazado por las mortales garras de un halcón.
Sin embargo, a pesar de que mi razón me pedía a gritos que buscara la
forma de salir de ahí, mi yo interno estaba casi hipnotizado con aquel hombre
de espalda ancha y brazos firmes, que se movían elegantemente dentro de ese
traje hecho a su medida. Todo en él era autoconfianza. Se notaba en sus
ademanes, en cada movimiento, en su forma de respirar y de mirar todo con
superioridad, como si el mundo le perteneciera.
Y eso me fascinaba. Y que me fascinara, me aterraba aún más.
Mientras le servía café, llené su taza ocultándome tras las volutas de
vapor que ascendían hacia el techo, escapando alegremente de la incómoda
situación en la que me encontraba. El olor a café me gustaba, pero en ese
momento, apenas llegó a mi nariz me agrió el estómago, así que disimulando
un gesto de asco, dejé el termo en su lugar.

-¿Y para ti? –preguntó él y pude percibir cierto tono burlón en sus
palabras.
-Estoy bien así.
No lo estaba. Cuando empecé a moldear esta idea se me ocurrieron un
montón de preguntas que le haría a un swinger para poder incluirlas en mi
libro. Sin embargo, ahora me sentía completamente perdida. No tenía ni la
más remota idea de cómo o por dónde comenzar.
–¿De dónde salió tu interés por nosotros?
La pregunta me pilló de sorpresa. En algún momento me había sentido
preparada para hacer preguntas, pero nunca para que me las hicieran a mí.
-Como le dije por teléfono, es para una columna que estoy preparando
para el diario.
-¿El tema lo escogiste tú?
¿A dónde quería llegar con eso?
-Es un tema… interesante, por decir lo menos –solté una evasiva.
-Sí, es interesante –concordó él, acomodándose contra el respaldo de su
asiento. Ni siquiera había tocado el café.

Cogí el block y el lápiz, pero después de unos segundos de incómodo
silencio, lo único que apareció sobre el papel fue un guión seguido de un
signo de interrogación.
-¿Quieres vivir una experiencia swinger para poder obtener información
de primera fuente para tu columna?
-¡No…! Yo… -sentía como si alguien jalara de mis orejas. Las
imaginaba coloradísimas, igual que mis cachetes. Sin darme cuenta, había
cargado tanto el lápiz contra el block, que casi rasgué la hoja.
-Es natural cierto nerviosismo y pudor la primera vez –continuó él,
hablando con total naturalidad. Estaba segura de que disfrutaba verme tan
turbada-. Pero puedo garantizarte que te gustará.
Respiré hondo, tratando de tranquilizarme. Yo debía guiar la
conversación de aquella reunión, pero no era capaz en lo absoluto de pensar
alguna pregunta coherente para salir del paso. Más parecía que él hubiera
concertado esa cita para entrevistarme o para divertirse. No estaba segura de
lo que pretendía.


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