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Pon un geo en tu vida

Genero: Ciencias

 Sinopsis del libro 

Valentina, recién llegada a Madrid después de estar cinco años en Nueva York, despierta en la cama de un atractivo hombre de cuyo nombre no logra acordarse y, de repente, su vida se pone patas arriba.

Si hubiera una aguja escondida en un pajar Valentina no solo la hallaría, sino que además se pincharía con ella. Eso es lo que le sucede con Lucas, ¿acaso la ciudad es tan diminuta que tiene que encontrarse con él en los sitios más inesperados?

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Ella no quiere complicarse la vida con ningún hombre, y mucho menos con ese GEO tan sexi y atractivo…, pero es que él es atento, amable, divertido… ¡y está más bueno quecomer pollo con los dedos! Lo malo… Lo malo es que el policía del Grupo de los Cuerpos Especiales está saliendo con alguien.

Para Lucas la situación no es fácil. ¡Con la cantidad de mujeres que hay en el mundo y se ha tenido que enamorar de la única de la que debería mantenerse alejado! Sin embargo, no está dispuesto a dejarla marchar, no solo porque es una chica preciosa -aunque alguien debería lavarle la boca con agua y jabón-, sino porque es diferente, imprevisible, le hace reír y está completamente loco por ella.

A Valentina ni se le pasa por la cabeza enredarse en una historia de tres, y mucho menos desde que sabe quién es la tercera en discordia. Ay, pero a ella siempre le han gustado los retos y no para de decirse: «Valentina, no lo pienses más, ¡ pon un GEO en tu vida pdf


Ficha técnica del libro

  • Título: Pon un geo en tu vida
    Autores: Sandra Bree
    Serie: II de Un cuerpo muy especial
    Tamaño: 1.19MB
    Nº de páginas: 649
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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Llamaron al timbre y Soledad, mirándome con el ceño fruncido, se levantó
a ver quién era. Faltaba poco para la hora de la cena.
Yo estaba deseando irme a dormir. Durante la mañana, después de salir del
chalé de Candela, se me había levantado dolor de cabeza. Me había tomado
paracetamol, pero no había hecho efecto.
Soledad volvió al salón y me miró preocupada.
―Es él.
Sentí los nervios apoderándose de mi cuerpo con velocidad. Crucé una
mirada intrigada con ella antes de caminar hacia la entradita. Una estancia
pequeña que solo tenía un zapatero y un perchero de cuatro pomos.
La puerta estaba cerrada. ¡No podía creer que Soledad le hubiese dejado
en el rellano del portal! Bueno, eso tampoco era muy importante. Cogí aire con
fuerza. Abrí y al mirarle me dejó pasmada. Lucas parecía un modelo, vestido
con un elegante traje gris oscuro. Desprendía un magnetismo tan sexual que me

temblaron las piernas. En ese momento pensé en lo que yo tenía puesto. Un
pijama calentito, de los mullidos y suaves que vendían en Primark, con un
emoticono de una caca en el pecho.
―Tu amiga, tan simpática como siempre ―musitó en voz baja, mirando
por encima de mi cabeza.
Me giré, pero detrás de mí no había nadie. No pude resistirme a
empaparme con el olor de su colonia.
―No le caes bien ―dije.
―Puedo entenderlo. ―Bajó la mirada hacía mí―. He venido a ver a mi
madre y he pensado que podía invitarte a salir a cenar.
Me froté la frente.
―Mañana trabajo, además, no voy a volver a salir contigo ―dije al
tiempo que me lo comía con los ojos de arriba abajo. Estaba más bueno que
meter el dedo en el bote de Nocilla. ¿Tan elegante solo para ver a su madre?
¡Ja! Ni muerta me lo creía.
―¿Por qué no vas a volver a salir conmigo? ―preguntó él.
Le miré con la boca abierta, y no por lo potente que se le veía. Su pregunta
me dejó alucinada.

―¿Todavía eres capaz de dudar por qué? ―espeté―. ¡No quiero nada de
ti!
―¿Por Laura?
―¡Bingo!
―Sin embargo, no me dejas hablar con ella ―me recordó en un tono un
poco pasota.
Aspiré el aire con fuerza. Lucas venía con la lección aprendida, como si lo
hubiese estado ensayando antes de verme. Lo que él no podía saber es que de
eso mismo habíamos estado hablando Soledad y yo unos minutos antes. A no
ser que tuviese escuchas.
¿Los tenía?
―Si tuvieras la oportunidad de decírselo a mi tía, ¿qué le dirías?
―pregunté curiosa, cruzándome de brazos.
Él parecía llenar todo el espacio con su cuerpo grande y sexi. Se encogió

de hombros.
―Que te conocí una noche sin saber quién eras y que me gustas mucho. Me
tienes completamente loco, Valentina.
A pesar de saber que era mentira, me puse colorada. Me sentí desfallecer.
Su voz enronquecida y sensual cargada de deseo hacía que todo dentro de mí
palpitase de un modo incontrolable.
―¡Eres un falso de mierda!
Él también se cruzó de brazos y me miró con interés, entornando los ojos
con suspicacia.
―¿Cómo fue entonces? Lo recuerdas, ¿verdad?
Me enfadé al escucharle decir eso. Todo mi cuerpo entró en tensión.
Incliné la cabeza hacia un lado con una sonrisa fría y cínica.
―Eso es lo que te jode.
―¿Qué? ―parpadeó sin entender.

\
―Que no recordase tu nombre al día siguiente ―le dije.
Tardó unas décimas de segundo en responder.
―Admito que me sorprendió ―asintió―. Ahora, dime ¿por qué soy un
falso?
―Porque nos enrollamos una noche, dijiste que me llamarías y no lo
hiciste. Fin del cuento.
Lucas sonrió sin despegar los labios. Me jorobó un montón su actitud.
―Nos volvimos a ver varias veces más. ¿O lo has olvidado?
Aspiré entre dientes. ¿Por qué continuaba con todo eso? Ninguno de los
teníamos necesidad de pasar un mal rato y lo estábamos haciendo.
―¡Fue casualidad!
―Llámalo como quieras, geniecillo, pero nos seguimos viendo, ¿no?
No sé si me molestó más que me llamase geniecillo ―porque yo tenía un
genio normal; puede que incluso estuviese siendo demasiado blanda― o que
me sonriese con ternura y me mirase… ¿desesperado?
―No voy a salir contigo, Lucas ―insistí ―. Es mejor que nos olvidemos
de todo esto.
Él se encogió de hombros. Había descruzado los brazos y tenía una mano

metida en el bolsillo del pantalón de una manera muy seductora. Sin inmutarse,
dio un paso hacia mí, obligándome a levantar más la cabeza.
―Pues tenemos un problema. Sé que te gusto y sé por qué no quieres estar
conmigo y, desde luego, la solución no es olvidarse del asunto sin más.
Sus palabras me torturaron. Sabía que Soledad estaba escuchando desde
algún lado del salón y hacía lo imposible por no salir a decirle cuatro frescas.
Era capaz de hacerlo si yo no Pon un geo en tu vida epub terminaba la conversación en ese momento.
―¡Es mi solución! ¡Coño! Y te pido que la respetes
Lucas me dirigió una mirada desilusionada que me dejó muy mal cuerpo.
Se volvió a la escalera.


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