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Promesas del pasado

 Sinopsis del libro 

Kenneth se siente afortunado. Ha encontrado a la familia que nunca supo que tenía, su futuro en el Foreign Office se le presenta brillante y recibe la noticia de que su abuelo materno, laird de Dolmuck, acaba de fallecer y le ha nombrado heredero. Ante esta inesperada situación, viaja a las Highlands para vender las posesiones y regresar a Londres. Guarda penosos recuerdos de aquel lugar, del que huyó a los dieciséis años, y no desea permanecer más tiempo del necesario. Briana siempre ha estado enamorada de Kenneth. Tenía once años cuando se marchó de Dolmuck y no ha podido olvidarle. Al reencontrarse, él descubre que la niña por la que sentía un fraternal cariño,es una viuda con una hija, y aquellos castos sentimientos comienzan a cambiar.


Ficha técnica del  libro

  • Título: Promesas del pasado
    Autores: Amber Lake
    Tamaño: 1.24MB
    Nº de páginas: 896
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

Descargar libro de Promesas del pasado – Amber Lake
en pdf o epub Gratis

Annie MacCann era la manceba que frecuentaban muchos hombres de los
alrededores y le constaba que su hermano pasaba allí muchas noches. Por muy
bochornoso que resultase, prefería que Ewen hubiese dejado a Kenneth
abandonado a su suerte para marcharse al pueblo a ahogar sus penas que
terminar herido. A veces era capaz de esas chiquilladas.
Los sirvientes asintieron y ella y Dougal, provistos de sendos faroles,
partieron rápidos hacia la zona en la que habían encontrado a Kenneth.
Tras varias horas de infructuosa búsqueda, regresaron al castillo. Niall,
que los esperaba dormitando en un rincón del establo, les puso al corriente de
sus indagaciones. El tabernero le contó que Ewen había estado en su local
toda la tarde bebiendo y despotricando contra el nuevo laird ante todo el que
quería escucharlo. Se había marchado ya anochecido, pero no sabía hacia
dónde. Había preguntado a Annie MacCann y esta le dijo que llevaba casi un
mes sin verlo. Pensó que decía la verdad porque parecía resentida, también
porque no había visto el caballo de Ewen por ningún lado, y él apreciaba
mucho a Carbón.

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Briana sintió un gran alivio al saber que su hermano no había corrido la
misma suerte que Kenneth. Aunque no lo descartaba como sospechoso de
haberlo disparado, ni siquiera Ewen sería tan tonto o tan taimado de quedarse
por los alrededores del lugar en el que habría cometido el delito
emborrachándose y difamando a su víctima.
Desistió de continuar la búsqueda por el momento. El saber que no había
perecido en el bosquecillo ya era una tranquilidad. Aunque podía haberse roto
la crisma, como le sucedió a su padre, si se había atrevido a cabalgar de
vuelta a Inverness de noche y borracho.
Antes de ir a ver a Kenneth, subió al cuarto de su hija. Con la tensión
sufrida esa tarde, no había podido acostarla como era su costumbre y eso la
afligía.
La niña dormía abrazada a su muñeca de trapo favorita, la que había
pertenecido a Briana y que era uno de los pocos recuerdos que tenía de su
madre. Mary, que dormía en una cama en el otro extremo de la habitación, se
incorporó al verla entrar.
—¿Ha cenado bien? —le preguntó Briana.
—Sí, señora. No ha causado problemas para dormirse a pesar de que
usted no estaba para contarle un cuento. Le he dicho que había salido a buscar
un bonito regalo para ella —explicó la doncella.
Briana suspiró. La excusa había sido acertada, pero le traería
complicaciones. Nerys se levantaría esperando su regalo y ella tendría que
buscar algo adecuado para no defraudarla.

—Está bien. Vuelve a dormir, es pronto para levantarte. Cuando Nerys
despierte, ocúpate de su aseo y de que desayune. Yo estaré en la biblioteca
cuidando al señor MacLennan. Si algo le ocurriera a la niña, búscame allí —
indicó. Tenía que relevar a Grizela, que llevaba toda la noche sentada en una
silla. Para sus cansados huesos, era una ardua tarea.
Mary asintió y volvió a la cama. Briana le dio un beso en la frente a su
hija y salió de la habitación. Bajó a la biblioteca. Grizela seguía sin
despegarse del lado de Kenneth.
—¿Cómo está? ¿Ha despertado? —preguntó con ansiedad.
—Ni se ha movido, pero el pulso late fuerte y no le ha subido la
temperatura.
—Me alegro. Ahora márchate a descansar, yo me quedaré cuidándolo.
—No, niña, descansa tú. Todas esas horas a caballo buscando al cabeza
loca de tu hermano te habrán fatigado. —Grizela estaba al tanto de lo sucedido
con Ewen, y no se sorprendía porque ese chico era una verdadera calamidad
que habría matado a disgustos a su madre si hubiese sobrevivido al parto.
—De ninguna manera. Quiero y debo hacerlo. Como bien has dicho, estoy
tan cansada que la alfombra me va a parecer un lecho de plumas. —Bromeó
Briana no sin razón. Sería como en los viejos tiempos, cuando alguna vez
salían a cazar y se tendían a descansar sobre el blando suelo cubierto de hojas
secas y envueltos en sus abrigados tartanes.

—Si te empeñas… —Grizela se levantó con dificultad de la silla y se
encaminó hacia la puerta—. Mandaré a Aileen con un par de mantas y algo de
comer. Me ha dicho Crissa que no has tomado nada desde el almuerzo y debes
estar hambrienta.


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