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Saga La chica de guantes negros – Juan De Haro

 Sinopsis del libro 

Teddy Benson, un chico solitario de dieciséis años, conoce a su nueva vecina cuya enfermedad le obliga a usar guantes. Mientras nace entre ellos una oscura amistad capaz de producir cambios en el comportamiento del muchacho, un cadáver tras otro son encontrados en Silverston con extrañas manchas rosas. Ken Parker, ayudante de jefe de policía y reacio a los problemas, comienza a investigar los hechos y descubre que las manchas rosas están relacionadas con el caso que le obligó a abandonar Chicago años antes y que regresa para torturarle. ¿Podrá cerrar el caso que marcó su vida de una vez por todas? ¿Qué relación existe entre el pasado de Parker y los seis cadáveres?


Ficha técnica del  libro

  • Título: La chica de guantes negros: saga completa
    Autores: Juan De Haro
    Tamaño: 2.06MB
    Nº de páginas: 365
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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El creciente nerviosismo de Mark no se dejó esperar.
─Yo no he hecho nada, sólo les puse en contacto con el tío que…
─No vengo por lo de la falsificación. Me interesa otro punto muy
diferente. Los chicos me han contado que viste algo curioso. A una chica que
arañaba la mejilla de Jason.
Mark se agachó para manosear a su perro.
─¿Es sobre eso? Vaya.
─Sí. ¿Qué puedes decirme del asunto? Es muy importante.
Mark se incorporó con una expresión de alarma.
─Verá…, no quiero meterme en líos con todo esto. Yo sólo vi a la tía ésa
rara arañar a Jason, luego se puso enfermo. No vi nada más.
─¿Quién lo hizo?
─La tía ésa nueva, la amiga de Teddy ─contestó con clara inquietud.
Parker percibió de inmediato que el muchacho estaba invadido por el
miedo, y no era por su presencia como policía. Sin embargo, a su mente
acudió la imagen del viernes noche cuando vio a Teddy con una chica.
─Tranquilízate, muchacho ─sugirió─. ¿Te refieres a Teddy Benson?
Necesito más datos, y también que me digas de qué diablos tienes miedo.
Parker sintió la mirada penetrante de Mark y reparó en las gotas que
corrían por su frente detrás del pelo enmarañado.

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─De ella ─anunció casi avergonzado y desvió la mirada.
─¿De una chica? ¿A qué se debe tu miedo por esa chica? No creo que sólo
por arañar a Jason le debas temer. Tampoco parece de la clase de chica que se
acercaría a alguien como Teddy Benson.
─Fue su forma de hablar y comportarse ─añadió─. Si hubiera estado allí lo
entendería. Esa tía se enfrentó a Jason como si él no fuera nada y esquivó el
golpe que le envió a una velocidad sorprendente. Y va con esos guantes
siempre. La he visto. Y ahora Teddy va con ella, aunque no entiendo por qué,
la verdad.
Escuchó en silencio. No parecía la pieza que le faltaba en el caso de
Silverston, y mucho menos con lo que ocurrió en Chicago. Una chica es una
chica, se dijo. El miedo de Mark estaría relacionado con el propio mundo de
los adolescentes, ya que era imposible que una muchacha de la edad de Mark
o Teddy estuviera relacionada con los asesinatos. Pero…
─Veamos si te he entendido bien. Dices que una alumna nueva de la
escuela secundaria defendió a Teddy de Jason y le arañó la mejilla.
Mark asintió.
─Y que en tu opinión ─continuó─, el arañazo infectó a Jason la
enfermedad que tiene.
─Exacto.
─Parece descabellado, ¿no crees?
─Lo es. Y cuando la vea le parecerá de locos.
─Está bien. Te agradezco tu colaboración ─le dijo, con una expresión
amable.

Mientras Mark entraba en la casa seguido por su perro, Parker enfiló calle
arriba sin prestar atención al deficiente estado del asfalto. En su mente sólo
anidaba una idea: después de mucho tiempo, era el momento de saludar de
nuevo a su amigo Teddy Benson.
Capítulo 11
1
En la mañana de martes, Norman extendió su brazo sobre el lado de la
cama en que dormía su mujer. Lo halló vacío y reparó en ello
inmediatamente. Lo primero que notó cuando abrió los ojos, fue lo extenuado
que se encontraba pese haber dormido de un tirón. Los párpados parecían
piedras de granito cuyo peso le obligaba a cerrarlos de nuevo y dejar pasar el
día. Sin embargo, la noche anterior llamó por teléfono a James Biddle
después de llegar a casa, y acordaron almorzar en el Morning Coffee. En esos
casos era cuando la amistad entre dos personas debía manifestarse. Y no
conocía mayor motivo por el que acompañar a su amigo que el dolor por la
pérdida de un hijo.
Norman se encontraba envuelto por las sábanas; la colcha se había
derramado sobre el otro lado de la cama. A su mujer siempre le había gustado
tirar en exceso de ella. Aunque la mañana estaba avanzada, las sombras
anidaban en forma de charcos negros en los rincones del dormitorio. Trató de
incorporarse sobre la almohada, pero el movimiento le hizo experimentar un
dolor agudo en el vientre. En un acto reflejo se llevó ambas manos al punto
donde bullía el malestar. En ese momento sufrió un escalofrío que le hizo
esbozar una horrible mueca de resignación.

─Por los mil demonios ─masculló.
Permaneció hundido bajo las sábanas. Entonces recordó. No sabía bien
qué. Luego una imagen esclarecedora se mostró en su mente: una silueta
oscura. Pero los recuerdos se hallaban bajo una gruesa capa de dudas y no
pudo dar una forma definida a la figura.
Lanzó un respingo al contemplar cómo la cortina era sacudida por el aire
que penetraba por la ventana. Aleteaba envuelta en la penumbra del
dormitorio como un fantasma.
─¿Por qué demonios no ha cerrado la ventana? ─se dijo para sus adentros.
Se abrazó a sí mismo. A continuación, se armó de coraje para saltar de la
cama y cerrar la ventana. Pero todo esto quedó en pensamientos, puesto que
sus músculos no le obedecían, quedaron petrificados como si tan sólo fueran
los de una estatua.

─Estoy enfermo. Ayer pillé alguna cosa.
Estuvo en silencio con la vista fija en el techo mientras sentía los latidos de
su corazón. La respiración se hizo presente en forma de enfermizos jadeos.
Con la mirada febril intentó traspasar la oscuridad de uno de los rincones
junto a la puerta cerrada.


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