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Siempre será invierno

 Sinopsis del libro 

El final del otoño dejó a la familia Donaldson sumida en la más profunda de las tristezas, y Cam Donaldson se enfrenta ahora al invierno más largo de su vida. Sin embargo, la llegada del frío trajo también consigo a alguien que Cam no había esperado volver a ver jamás: Maverick Parker, la primera chica de la que se enamoró y que desapareció siete años atrás sin decir adiós.

Cam debe lidiar ahora con la pérdida y con la responsabilidad que está convencido que debe cargar a su espalda, pero también con el vacío que siente, ese que solo parece desaparecer cuando Maverick está cerca.
El pasado a veces duele demasiado, pero tal vez sea la única esperanza de Cam para poder volver a sentir.

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Ficha técnica del  libro

  • Título: Siempre será invierno (Parte 1) (Una estación contigo nº 3) (Spanish Edition)
    Autores: Victoria Vílchez
    Tamaño: 0.69MB
    Nº de páginas: 539
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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El chico siguió su mirada.
—¿Quieres subir? —inquirió, y ella tuvo que esforzarse para rechazar la
propuesta.
—Se ha hecho muy tarde.
Cam sonreía, pero la alegría evitaba sus ojos, tristes y abatidos.
«No puedo subir ahí contigo, Cam. No puedo», pensó Maverick.
Caminó hacia la casa, aunque su andar carecía de decisión. La petición
de mano de Olivia a Sean la había conmovido, y, tal y como había dicho
Cam, la relación entre ellos parecía haber atravesado bastantes dificultades
para llegar hasta ese punto. Tenían su historia, igual que Cam y ella; pero, en
su caso, Cam ignoraba parte de ella.

Esa noche, antes de acudir a la residencia de los Donaldson, se había
prometido ser del todo sincera con él, pero ahora se veía incluso menos capaz
de llevar a cabo esa promesa. Los recuerdos habían tirado abajo las puertas de
su memoria y tanto su mente como su cuerpo se empeñaban en arrastrarla a
una marea de emociones que bien podría acabar ahogándola.
Incluso había sentido la tentación de acortar la distancia que separaba
sus labios mientras bailaban y besarlo para perderse en su boca una vez más,
solo para saber si lo que sentía era la sombra que suelen dejar atrás relaciones
como la suya o era algo más.
El pensamiento no podía haber sido más egoísta, pero casi había logrado
convencerla.
—¿Cam? —lo llamó.
Él se detuvo junto a la puerta que daba a la cocina, la mano sobre el
picaporte de esta y la mirada fija en el suelo, como si hubiera percibido el
cambio en su tono de voz. No había manera de saber lo que estaba pensando,
pero le pareció que temblaba.

—Cam —repitió su nombre, y él se estremeció—, no quiero preguntarte
si estás bien, porque supongo que estarás harto de que te lo pregunten, pero
quiero que sepas que puedes hablar conmigo. Entiendo que no confíes en mí,
yo quizás no lo haría —se apresuró a decir, a sabiendas de lo hipócrita que
resultaba ofrecerle sincerarse cuando ella no era capaz de hacerlo—. Puede
que eso último no hable en mi favor —divagó—, pero yo…
—No estoy bien —intervino Cam, sorprendiéndola. Continuaba
observando el suelo de madera del porche, como si temiera alzar la mirada y
tropezar con sus ojos—. Eso es lo que le digo a todo el mundo y lo que me
repito, esperando que se convierta en realidad. Pero no estoy bien. No siento
nada, Mave —aseguró, y su nombre se deslizó en los labios del chico con
mayor suavidad que el resto de las palabras—. Hace frío y… no tiene nada
que ver con la nieve que está cayendo. Este maldito invierno… Siempre será
invierno para mí.

La última frase fue apenas un susurro. Maverick comprendió que no
había querido que ella lo escuchara. Se le rompió al corazón y se sintió aún
peor, demasiado consciente de lo que le ocultaba. Ojalá pudiera convertir el
invierno de Cam en una primavera.
Alargó la mano y la colocó sobre la de él. Aunque el contacto de Cam
siempre conseguía transmitirle calidez, el frío la alcanzó también a ella. No se
atrevió a decirle que todo pasaría y terminaría por mejorar. ¿Qué sabía ella de
ese tipo de pérdida? Apenas tenía relación con su padre, sí, pero los
sentimientos que ese hecho despertaba en ella eran muy diferentes. Su padre
no mostraba interés en verla, y a Maverick tampoco le interesaba reunirse con
él; puede que doliera, pero no era comparable.
Se acercó más a él. Lo rodeó con los brazos y apoyó la mejilla sobre su
espalda. Tal vez ese gesto llegara allí donde las palabras no podían hacerlo.
11
Maverick lo estaba abrazando.

Cerró los ojos y se permitió disfrutar de la sensación que le provocaba
tenerla apretada contra su espalda. No había pensado lo que decía, se había
limitado a abrir la boca y dejar fluir las palabras, y, al terminar, había sido
consciente de que no podía haber expresado mejor lo que le sucedía.
Era invierno, siempre invierno; frío, áspero y desagradable, así era como
se sentía.
Giró para encararse con ella y dejó que lo abrazara de nuevo. No hubo
frases banales de aliento, algo que agradeció, y tampoco recuerdos del pasado
mientras se sostenían mutuamente, solo ese contacto frágil pero poderoso.
En algún momento dejaron de abrazarse y pasaron al interior, y Cam se
encontró entonces a solas con ella en el salón. Los demás parecían haber
dado por terminada la velada. O eso, o bien habían decidido marcharse al
pueblo para continuar celebrando la Nochevieja.
Maverick lucía distraída, pero él, ahora que había descargado parte de su
inquietud, sintió deseos de continuar.
—Estaba en el campus, en UCLA, cuando me llamaron para decirme
que mi padre había muerto. Sean se lo tomó peor, era incapaz de aceptarlo,
así que yo…
—Te hiciste cargo de la situación, ¿no? No puedes ser siempre el
hermano responsable, Cam.
Maverick fue a decir algo más, pero finalmente apretó los labios y
guardó silencio. Cam, por su parte, desechó su comentario.
—Tenía planeado graduarme, volver aquí y dirigir la empresa familiar
junto a mi padre; eso es lo que he acabado haciendo.

Se hundió un poco en el asiento, y ella se deslizó sobre el sofá para
situarse junto a él, colocándose de lado para poder observar su perfil.
—No eran más que planes —le dijo, y su voz reveló cierta amargura.
Bien sabía ella que los planes a veces no servían de nada—. Puedes cambiar
de opinión, Cam. Nadie te lo reprocharía.


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