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Sombras en la luna

Genero: Terror

 Sinopsis del libro 

En Sombras en la Luna, Gloria V. Casañas reúne a todos sus personajes en una Navidad inolvidable, tanto para ellos como para sus lectores, que volverán a sentir las emociones que acompañaron las dos novelas anteriores de esta tríada navideña.

Para Ismael Amherst, ha llegado el tiempo de regresar al solitario refugio del Valle de los Pioneros. Después de atravesar la Gran Pradera guiando caravanas hacia el Oeste, la tierra prometida de los colonos, es el momento de encauzar su vida y decidir si vivirá entre los hurones, el pueblo de su madre, o se quedará junto a su padre, el tercer barón de Amherst. El destino, sin embargo, le reserva un último viaje que trastocará sus planes.

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Emma, la joven mormona que oculta secretos, lo conduce a una peligrosa encrucijada. ¿Será ella la mujer que sus sueños le incitan a encontrar? ¿O deberá seguir la señal del águila dorada que lo acompaña en la travesía? Con la intuición heredada de sus ancestros, Ismael sabe que algo lo aguarda en la casa familiar, donde además deberá enfrentar el matrimonio de su hermano con Juliana Balcarce, la mujer que en otro tiempo hizo latir su corazón. Unas cartas misteriosas le inspiran una insólita comunión con alguien desconocido que se hace llamar Ojos de Luna. Ya no es tan fácil tomar decisiones, y el rumbo que Ismael creía marcado se tuerce una y otra vez.


Ficha técnica del  libro

  • Título: Sombras en la Luna
    Autores: Gloria V. Casañas
    Serie: III de Trilogía Tres lunas de Navidad
    Tamaño: 4.41MB
    Nº de páginas: 675
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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La ruda voz lo sacó de su ensueño y vio a través de la reja a un hombre de
porte similar a Josiah Webb. Llevaba patillas y barba, y el mismo tipo de
sombrero que lo identificaba como mormón. Su expresión era severa, pero
había en ella un asomo de tristeza.
—Aquí lo tiene —habló el ayudante del comisario, de nuevo gustoso de
tener un papel en aquel asunto—. Es todo suyo.
—¿Abrirá la reja? —quiso saber el recién llegado.
—Yo no se lo aconsejo. Ya le quitamos las armas que llevaba, pero esta
gente es solapada y traidora, puede estrangularlo.
El mormón contempló a Ismael con meticulosidad, evaluando si aquello
podía ser cierto.
—Permítame entonces hablar a solas —pidió.
El ayudante masculló algo, pero accedió a regañadientes y aprovechó para
liar un cigarro en la entrada de la comisaría.
—Acérquese —dijo el hombre con suavidad.

Ismael caminó hacia la reja, y a la luz de la puerta abierta vio que el nuevo
era un hombre bastante más joven que Josiah. Por un momento creyó que se
trataba del padre de Emma, pues tenía idénticos ojos azules, pero al
escucharlo supo que era de los que se llamaban apóstoles.
—Usted ha matado a uno de mis hermanos, y como miembro de los doce,
debo saber qué ocurrió. Estamos en tierra de gentiles, pero la ley nos ampara
para reclamar justicia. ¿Quién lo manda, el fiscal Jack Gentry?
Ismael, que jamás había escuchado aquel nombre, frunció el ceño
sorprendido.
—Quizá no sepa quién le da las órdenes, pero si me dice a quién debe
obediencia, tal vez pueda interceder para que su castigo no sea el peor.
—Yo no obedezco a nadie.
La tranquila respuesta pareció desconcertar al apóstol.

—Todos respondemos a alguien, aunque más no sea a nuestro Señor.
Sabemos que el hermano Josiah iba hacia su granja con su nueva esposa —y al
decir esto, el mormón escudriñó el semblante de Ismael con atención—.
¿Dónde está ella?
El silencio hermético del indio exasperó al visitante.
—Espero que sea sensato y me diga dónde encontrar a Emma Webb, ya que
de lo contrario al asesinato se le agregará la condena por secuestro. Sepa que
ella pertenece a nuestra comunidad, y no habrá rincón donde ocultarla de
nuestra búsqueda. Sus padres la reclaman, y la familia de Josiah también. Su
familia política.
Ismael, que sabía bien de qué familia le hablaba, permaneció callado. El
otro suspiró con aire teatral.
—Se niega a decirme lo que sucedió. Bien, aténgase a las consecuencias,
entonces. Si cambia de parecer, estaré en el hotel de enfrente. Hágame llamar
por el comisario o su ayudante. Todavía puede salvar el pellejo. Los
mormones somos poderosos en Utah, y nuestros tentáculos llegan hasta otros
estados.


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