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Toda la verdad de mis mentiras

Genero: Juvenil

 Sinopsis del libro 

¿Puede sostenerse una amistad pese a las patrañas? Una despedida de soltera en autocaravana. Un conjunto de amigos y muchos secretos…

El hecho de que Coco se case en el mes de septiembre no deja de ser una disculpa para poder unir a todo el conjunto y festejar. Mas ya antes del día D, no puede faltar la despedida de soltera: una semana a lomos de una autocaravana desde la capital española hasta un campin en Mojácar.

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Lo que prometía ser una despedida de soltera relajada y entretenida, se transforma en un viaje cara las verdades que un conjunto de amigos oculta entre sí.


Ficha técnica del  libro

  • Título: Toda la verdad de mis patrañas (Spanish Edition)
    Autores: Elísabet Benavent
    Tamaño: 1.57MB
    Nº de páginas: 580
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

Descargar libro de Toda la verdad de mis patrañas – Elísabet Benavent
en pdf o bien epub Gratis

Estoy segura.
—Quizá está dándole vueltas a lo de ayer por la noche —me afirma en un susurro
Blanca, cigarrillo en mano, mientras que aguardamos que el resto cojan un carro en
el Mercadona en el que hemos parado, en camino a nuestro siguiente destino:
una playa con aparcamiento para caravanas en Villaricos.
La idea es comer allá y también ir viendo.
—¿Está rayado por lo de ayer por la noche? —le pregunto en tono cómplice,
bajo, prácticamente imperceptible.
—Le afirmó a su mejor amiga que se la hubiese follado el pasado día. Es un poco
hardcore. Vamos a dejarle unas horas para acostumbrarse. A lo mejor solo se ha
levantado extraño.
Como Aroa. Aroa asimismo se ha levantado extraña. Otra que semeja evitarme.
Me ha gruñido en el desayuno cuando le he preguntado si ayer por la noche salió de la
caravana cuando llevábamos un rato recostados.
—Pues sí —ha dicho—. No sabía que había que solicitarte permiso para ir al
baño.
Pues nada. Todo realmente bien.
Metemos en el carro 9 botellas más de vino blanco. Deseamos que nos
duren por lo menos hasta el sábado, con lo que Gus vuelve, mientras que adquirimos lo
necesario para el alimento y la cena de el día de hoy, y coge 5 más. 14 botellas
en total para 5 personas y 3 noches. Tal vez sea una insensatez. Tal vez beber
no nos siente demasiado bien. Lo último que precisa este conjunto es
desinhibirse, viendo lo visto.

Sin embargo, mientras que hacemos la adquisición, somos un conjunto de amigos,
pacíficos, algo mudos, sin más ni más, si bien a veces nos sobrevuele un silencio
que semeja, en palabras de Marín, cargado de cosas por decir.
Una vez guardada la adquisición en la autocaravana, Gus afirma que quiere
venir con nosotros.
—¿Ya no me ajuntas? —bromea Marín.
—Es que jamás he ido en un bicho de estos.
—Dormiste en este bicho —apunta Loren.
—Bueno, mas no íbamos en marcha. Quiero… probar. ¿No puedo ir de
copiloto?
—¿Estarás tranquilito?
—Te lo prometo.
—Ay, no —me quejo—. No me forcéis a ir detrás —pido—. Que me
mareo tal y como si estuviese en la atracción esa…, la paella.
—¿Recuerdas en el momento en que te forzamos a subir?
—¿En qué momento? ¿Cuando devolví el algodón de azúcar en la taquilla?
Fue una de las peores experiencias de mi vida. Todavía tengo el retrogusto amargo
en la garganta.
—Pues ve tú en el vehículo con Marín —tercia Blanca, tal y como si nada. Qué
jodía la tía…, qué bien engaña.
—No.
Todos nos quedamos mirando a Aroa, sorprendidos.
—¿De qué manera? —pregunta Marín con el ceño fruncido.
—Que vaya Gus detrás. Ya voy yo con Marín.

La escena es suficientemente violenta para que absolutamente nadie se queje del
apaño. Ni tan siquiera Marín, que la mira pasar por su parte en camino al coche
como si le hubiese salido otra cabeza del cuello. Estos 2 están en un punto
extraño que podría saldarse con un beso apasionado en la playa o bien con una
discusión de la que no pudiesen regresar nunca. Trago saliva. Yo deseaba ir en el
coche con Marín; era una buena forma de saber si realmente está rayado por
lo de ayer por la noche. Mas nada. Me jodo. Que vaya Aroa, que arreglen esto que
parece que está tenso acá desde la cena de ayer por la noche. Va a ser lo mejor para el
grupo.
Gus se abrocha el cinturón al lado de Blanca, conmovido. Bueno…, decir que se
lo abrocha es ser realmente optimista con sus habilidades. Con lo bien que se le da
usar las manos para ciertas cosas, hay que ver lo torpe que es para otras. Al
final es Blanca la que debe hacerlo y a Loren y a mí nos da la risa en la
parte de delante, pues durante un momento semeja que Blanqui ha tenido un hijo
con barba y le está ajustando en la silla del vehículo.
—¿Preparados? —anuncia Loren quitando el freno de mano.
—¡¡Tío, esto es superguay!!
Es una de las cosas que hacen de Gus alguien a quien apreciar.

A veces,
cuando se relaja, no hay público y no debe representar ningún papel y está
cómodo, es , sin más ni más, sin el versista torturado tirando de su manga a fin de que se
vaya a una esquina a mirar melancólicamente al infinito, sin el chulo que hace
bromas subidas de tono, que procura cautivar a la camarera o bien se toca el pecho,
encantado de sí. Y , el Gus que guarda dentro es con mucha diferencia
el mejor. Por norma general el humano hace lo contrario: oculta la parte más
oscura de su personalidad; sus obsesiones, sus inseguridades, sus odios
viscerales y hasta esas malas pretensiones que a veces no podemos más
que silenciar, mas que ahí están. Todo eso está a la vista en Gus, mas lo
escondido es un pequeño ilusionado, que solicita consejo, que se siente pequeño, al
que el planeta le semeja emocionante. Esa pasión es su motor, mas prefiere
que el resto creamos que marcha por desdén al planeta.
Blanca le sonríe. Él le devuelve la sonrisa. Los veo por el retrovisor,
comentando algo y riéndose, de guasa, y respiro un tanto más sosegada. Un
poco, pues ahora Aroa y Marín están en el vehículo que llevamos detrás
y no tengo forma de ver ni vislumbrar qué hacen, si charlan, si discuten o bien si se
miran como me pareció ver que se miraban la otra noche. Loren percibe mi
suspiro y me echa una mirada. Pone música; suena «Safe», de Daya, y levanta
las cejas, como preguntándome qué me pasa.
—Marín y Aroa en un vehículo —digo en un susurro.

—No pasará nada ahí dentro. Como máximo, aclararán un tanto la situación;
será bueno para todos.
—¿Tú crees?
—Claro. —Me sonríe—. Coco, Marín ya no está enamorado de ella. Un tío
enamorado no se comporta de esta forma con su ex-.
—Pero el otro día… —susurro, observando que Gus no me oiga.
Lo veo erguirse, ¡se ha quitado el cinturón, tras lo que ha
costado ponérselo! Puto trasero inquieto. Se cambia de asiento y se concentra en
hacer una fotografía por la ventana. Blanca está apoyada en la mesa, con el
cinturón puesto, mirando el móvil, probablemente examinando el e-mail de trabajo.
—Blanquiiiii —llamo su atención.
Levanta la mano sin mirarme, con la barbilla apoyada en la otra.
—¡Ya paro!
—¡Desconexión! —reclamo.
—Pero si es agosto, Blanca, por Dios —insiste Loren.
—Siempre hay cosas por hacer —refunfuña—. Los clientes del servicio no dejan de
necesitarnos por mucho que sea verano. Un e-mail más y paro.
Miro a Loren y los 2 sonreímos. Ella es feliz de esta forma. Su trabajo la lleva de
cabeza, mas no sabe vivir de otro modo. Le agrada tener responsabilidad, le
gustan sus noches de trabajo, sus mañanas locas tomando café, cambiándose
la camisa a toda prisa en el despacho tras una noche de dar únicamente un
par de cabezadas sobre su mesa, le agrada apreciar el avance brutal de su ambición
laboral lamiendo sus venas. Creo que hasta se pone cachonda con el trabajo.

—El otro día, ¿qué? —Loren me trae de vuelta y pestañeo.
—Es que, la otra noche, ¿no viste de qué manera se miraban Marín y Aroa? Parecían
dos animales Disney enamorados.
Loren se ríe por lo bajo y niega con la cabeza.
—No creo, Coco.
—¿No crees?
—¿No te has preguntado jamás por qué razón lo dejaron?
—Claro.
—Algo tan gordito para no poder hablarlo con el resto del conjunto y para
que rompiesen cuando, supuestamente por lo menos, todo les iba bien… ¿No crees
que es de alguna forma irreversible?
—¿Qué deseas decir?
—Que posiblemente se quisiesen mucho, mas de la decepción uno no
vuelve.
Las palabras de Loren repiquetean en mi cabeza aun cuando llegamos a
Villaricos y aparcamos la caravana. Marín y Aroa bajan del vehículo como lo
hubieran hecho cuando eran pareja, con la diferencia de que no la agarra
por sobre el hombro, como siempre y cuando quedábamos y los veíamos
aparecer. Son solo 2 personas que han viajado juntas; no se respira pasión,
pero tampoco drama. Tal vez hayan hablado. Tal vez todo mejore. Tal vez entre
nosotros la cosa funcione igual.
Durante unos minutos no somos capaces de articular más que un par de
exclamaciones pues el lugar está lleno, somos por lo menos veinte
autocaravanas, caravanas y furgonetas las que estamos aparcadas, mas hemos
debido llegar a buena hora y todavía estamos en primera línea de playa.


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