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Todo el bien y todo el mal

Genero: Juvenil

 Sinopsis del libro 

Sergio, un joven de dieciocho años con una vida supuestamente feliz, ha intentado suicidarse. Su madre, Reina, una mujer que está atravesando una crisis vital, dedicará muchos sacrificios a intentar comprender las razones que llevaron a su hijo a hacer algo de esta manera, y de las que , incomprensiblemente, no sabía nada.
Empieza de esta manera un camino cara la verdad que la va a llevar a visitar los lugares y las personas que frecuentaba su hijo y a descubrir lo poco que realmente sabía de él. No va a ser solo la vida de

Sergio la que se reconstruirá en este viaje, sino más bien asimismo la suya propia, enlazada con las de su excompañero y su actual marido, y que nos va a llevar a conocer la débil telaraña de relaciones sobre las que Reina ha basado su vida —por tanto, asimismo la del muchacho— y a descubrir que se arrepiente de resoluciones que se tomaron muchos años atrás.
Al final de este bastante difícil camino no solo espera la historia familiar, sino más bien asimismo una dura sorpresa que absolutamente nadie podía sospechar.
Una novela sobre los nudos familiares, las consecuencias de las propias resoluciones y lo poco que conocemos a nuestros seres más queridos.

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Ficha técnica del  libro

  • Título: Todo el Bien y Todo el Mal
    Autores: Care Santos
    Nº de páginas: 632
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

Descargar libro Sin coste Todo el bien y todo el mal – Care Santos

Quizá Bucarest no sea tan fea como semeja. Tal vez solo esté oculta detrás
de las moles cenicientas de la era marxista. Esas avenidas enormes trazadas
con tiralíneas. La Casa del Pueblo, levantada sobre una colina donde antes
estaba uno de los distritos con más historia. Ceaus¸escu pasó sobre la ciudad
como una apisonadora, borrando el pasado, como hacen los que temen la
memoria del resto. Solo dejó un centro urbano cautivador y enano, que
ha visitado dos veces, y que le agrada pues es el único sitio de
Bucarest donde es posible olvidar lo que ocurrió acá.

En cambio, ayer de noche y bajo la nieve la urbe le parecía otra cosa. El día de ayer,
cuando salieron del Nexe Zahana, a ella y a Tom les apeteció pasear por las
calles a diecisiete grados negativos. Ante todo, para librarse de la rigidez de
la velada con los ejecutivos. Hasta el momento en que aguantasen, se prometieron. «Hasta que
se me congelen los huevos y no sirvan para nada», afirmó . Sus pasos crujían
sobre las aceras blancas. El vino de la cena, los licores de la sobremesa y la
excitación del instante les hacían reír. Recorrieron varios metros. Ella
señaló la esquina de un jardín donde se había formado una montaña de nieve
virgen y dijo:
—Dan ganas de lanzarse ahí.

—Pero no te atreves.
—¿Que no?
Reina corrió cara la montaña nevada por estrenar. Se dejó caer de cara,
en plancha. La nieve blanda, restallante, acogió su cuerpo. El frío, tan vivo, la
hizo reír. Tom la quería salvar, mas tiró de su brazo. Se le cayó encima.
Los 2 rodando por la nieve muy tarde de la noche y a diecisiete grados
bajo cero. Cuando se pusieron de pie a ella le dolía la tripa de tanto reírse y
en la nieve había quedado la huella de sus 2 cuerpos. Decidieron que lo
mejor sería parar un taxi. Estaban empapados. Los abrigos, los guantes, los
zapatos, todo. Hacía falta llegar al hotel para entrar en calor y ponerse ropa
seca. De camino, introdujo la lengua en la oreja de ella:

Reinita, te calentaré.
Se abrió paso en el abrigo, entre la ropa, hasta el botón de los
pantalones —un en su camino—, lo desabrochó, tocó piel tibia con
una mano helada, procuró los pliegues y la humedad de la carne y hundió en ella
dos dedos. Reina dejó escapar un gemido. Sus ojos, muy abiertos, tropezaron
con los del taxista, que la miraban mal desde el retrovisor. Estas extranjeras
no tienen vergüenza, debía estar pensando.

En la puerta del hotel volvieron a besarse y le devolvió la
provocación del taxi metiendo las 2 manos en sus pantalones. Solamente un
instante, pues hacía demasiado frío para ejecutar esas maniobras a la
intemperie. Aguardaron a que se cerrasen las puertas del elevador para
abalanzarse el uno contra el otro. Una vez en la habitación se quitaron
mutuamente la ropa empapada y brincaron sobre la cama con tanta emergencia que
ni siquiera separaron el edredón de seda. Un cuerpo ignoto es como un
juguete nuevo y sin instrucciones, un festín para los curiosos. La cosa fue
bastante bien, y en la charla que vino ahora, los 2 desnudos
y enmarañados con las sábanas, el tiempo verbal más empleado fue el futuro.


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