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Yo soy Eric Zimmerman

Genero: Juvenil

 Sinopsis del libro 

Tras una boda y un viaje de novios de ensueño, mi vida con Judith comienza a normalizarse. Durante el día, mientras trabajo en mi empresa, mi maravillosa esposa sigue en sus trece de llevarme Yo soy Eric Zimmerman pdf la contraria en todo lo que puede y más.
A pesar de lo mucho que nos amamos, somos especialistas en enfadarnos y en reconciliarnos siempre… Pero un día llega a mis oídos un malicioso comentario contra ella que me hará perder la confianza en mi pequeña. Días liosos. Noches en vela. Discusiones. Problemas, muchos problemas.

Por suerte, mi morenita me hace entrar en razón y me doy cuenta de lo tonto y cuadriculado, por no decir gilipollas, que soy, y una vez solucionado todo me suelta el bombazo: ¡voy a ser padre! Si mi vida ya había dado un giro de ciento ochenta grados cuando conocí a Judith, no me quiero ni imaginar cuánto volverá a cambiar cuando nazca nuestro bebé. Si quieres saber cómo continúa la historia de uno de los hombres más deseados de todos los tiempos, no te puedes perder la segunda parte de la bilogía Yo soy Eric Zimmerman. ¡No te dejará indiferente!

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Ficha técnica del  libro

  • Título: Yo soy Eric Zimmerman
    Autores: Megan Maxwell
    Serie: II de Vol. II
    Nº de páginas: 731
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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Pero ¡qué niña más preguntona!
¡Joderrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr!
Jud intenta meter baza, pero su sobrina no la deja, hasta que al final propone:
—Luz, ¿quieres ir a mi habitación a ver dibujos?
La cría asiente y, una vez que se ha ido, le doy las gracias por habérmela
quitado de encima.
—¿Flyn no es así? —pregunta ella entonces.
Al pensar en mi sobrino, suspiro. Flyn es tremendamente introvertido.
—No —contesto—. Es del todo diferente. Ya lo verás.
* * *
El lunes, cuando llego a Müller, doy dos noticias.
La primera, que la señorita Flores es mi novia, y la segunda, que está de baja
laboral por haber tenido un accidente.
¡Todos alucinan! Y yo sonrío. Por fin todo el mundo sabe que ella es mi
novia.
35
Judith pasa tres semanas sin ir a la oficina. Las dos primeras, porque el médico
lo dice, y la tercera porque me empeño yo. Quiero que se reponga del todo y,
además, me gusta ver cómo guarda sus pertenencias en cajas para trasladarlas a
Múnich.

Me habla de su casa. No sabe qué hacer con ella, pero lo que sí sabe es que
no quiere venderla. Su casa es suya y quiere que siga siendo así. Yo no digo
nada. Lo que ella decida sin duda será lo más acertado.
Cuando hablamos de su traslado a Múnich, me pongo contento. Pienso que
vivir con ella será un gran paso en nuestra relación, y decidimos que eso será
dentro de mes y medio, pasada la Navidad.
Durante ese tiempo, yo sigo yendo y viniendo todas las veces que es
necesario para tener atendidos a Flyn y a Judith. Por ellos, lo que sea.
Mientras dura la baja laboral de Jud contrato a otra secretaria y, cuando ella
regresa, no la veo muy contenta, pero no importa: sus días en Müller están
contados y la empresa necesita una nueva secretaria.
Aunque no dice nada, sé que no le ha gustado que contara que es mi novia.
Ahora todos la tratan de diferente manera y, conociéndola, eso no la hace muy
feliz.

* * *
A primeros de diciembre, mi madre vuelve a pasarse por Madrid y, con ella,
le preparo una sorpresa a Jud. Entre mi madre y yo organizamos una cena y me
ocupo de traer a Manuel de Jerez y de invitar también a su hermana, a su cuñado
y a su sobrina.
A la cena se unen Frida y Andrés, que están de nuevo en Madrid por el
trabajo de él, y a última hora se suma también Marta y un amigo suyo. No hay
fiesta que mi hermana pueda perderse.
La alegría de mi pequeña esa noche al ver a su padre con todos nosotros a la
mesa es insuperable. Sus ojitos, su sonrisa…, todo en ella me demuestra lo feliz
que está, y yo lo disfruto una barbaridad.
Durante horas, reímos, hablamos, brindamos, nos divertimos, y cuando los
demás se van a dormir, decidimos ir a tomar algo con Marta y su amigo. Como
era de esperar, mi hermana y Judith bailan como descosidas.
¡Vaya dos!

Desde la barra, observo cómo Jud me mira y sé lo que me está pidiendo con
los ojos.
Complacido, saco mi teléfono y, tras contactar con una amiga llamada Helga,
que curiosamente se aloja en nuestro mismo hotel, quedo con ella en mi
habitación y vuelvo a guardar el móvil.
De pronto, la música cambia, se vuelve más íntima, y, al reconocer esa
canción que tan importante es para Judith y para mí, ella se me acerca y le
pregunto:
—Señorita Flores, ¿sería tan amable de bailar conmigo esta canción?
—Por supuesto, señor Zimmerman.
De la mano, llegamos a la pista y la abrazo.
¿Desde cuándo bailo yo?
Huelo su perfume…
Huelo su piel…

Huelo su excitación…
Y, cuando acaba la canción, estoy decidido a disfrutar de la noche con mi
pequeña.
—Creo que ya ha llegado el momento de llevarte al hotel —murmuro.
—¡Por fin! —la oigo decir encantada.
* * *
Tras despedirnos de mi hermana y de su chico, Tomás nos recoge en la
puerta. Una vez dentro del vehículo, subo el cristal que nos separa del chófer y,
mirándola, exijo:
—Jud…, móntate a horcajadas sobre mí ¡ya!
Lo hace y, cuando mis manos agarran su tanga, se lo arranco y susurro, al ver
su gesto de reproche mientras paseo mi boca por la suya:
—Te compraré cientos de tangas…, no te preocupes por eso. Ahora ábrete
para mí.
Con ímpetu y deseo, me introduzco en ella mientras el coche recorre las
calles de Madrid.

Hundido en mi amor, disfruto de su placer sin pensar en nada más. Estoy
convencido de que Tomás nos está oyendo, el coche no está insonorizado, y
debe de oír los azotes que le doy a Judith cada vez que me clavo en ella, sus
jadeos y sus gritos.
Cuando el clímax nos alcanza, y consciente de la noche que nos espera,
susurro:
—Esta noche vas a ser toda mía. Toda.
—Lo estoy deseando —afirma ella.
Cuando llegamos al hotel, ambos estamos calientes y excitados, y en cuanto
entramos en el dormitorio y deduzco que Helga ya está allí porque veo algunos
juguetitos sobre la cama, miro a Judith y pregunto:
—¿Preparada para jugar?
Ella asiente y, con una sensualidad que me reseca hasta el alma, comienza a
desnudarse delante de mí hasta quedar vestida sólo con un sugerente sujetador
negro. No lleva tanga: se lo he arrancado yo.
Estoy observando con morbo a mi chica cuando una puerta se abre y veo a la
pelirroja de mi amiga.
—Se llama Helga —le explico—. Es una colega de Björn que, casualmente,
se aloja en el hotel. Está de paso en España.
Jud asiente y de inmediato veo en su cara el morbo y las ganas de jugar. Eso
me complace y, tras saludar a Helga, indico:
—De entrada, quiero observaros; ¿te parece bien, cariño?
Mi chica asiente, ya está que arde, y, acercándose a Helga, le pide que la
toque, cosa que ella no tarda en hacer.
Durante un rato observo cómo Helga disfruta de Judith, hasta que ésta,
mirándome, murmura:
—¿Y si soy yo quien te ofrece?
La miro sorprendido.

En todos los años que llevo practicando sexo liberal, nunca nadie me ha
ofrecido a mí, y siento un placer extraño, insólito, y más cuando me entrega un
preservativo y me ordena:
—Póntelo.
Mientras me lo coloco, observo cómo Helga sigue acariciando el cuerpo de
Judith y mi locura se vuelve delirio. A continuación, oigo que mi chica dice
dirigiéndose a Helga:
—Súbete encima de él y fóllatelo para que yo lo vea.
Enloquecido, la miro.
Esas palabras se me antojan calientes y posesivas, y cuando Helga hace que
me siente en la cama y noto cómo introduce mi pene en su interior, vibro de
placer.

Sin apartar los ojos de mi amor, veo cómo ella se sube entonces a la cama.
Acaricia mis hombros con cariño y, colocándose detrás de mí, me susurra al
oído:
—Chúpale los pezones.
Obedezco con sumisión al tiempo que Helga me cabalga y Judith me dice las
cosas más ardientes y morbosas que nadie me ha dicho nunca al oído.
Mi temperatura sube…
Mi impetuosidad también y, agarrando a Helga de las caderas, la hundo en
mí una y otra vez mientras Judith me dice cosas arrebatadoras y me besa los
hombros.


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